La pseudoizquierda de Brasil exige la censura de las redes sociales antes de la segunda vuelta presidencial

por Miguel Andrade
25 octubre 2018

Menos de diez días antes de la segunda vuelta presidencial de Brasil, Jair Bolsonaro, un fascistoide excapitán del ejército, continúa ampliando su ventaja frente al candidato del Partido Obrero (PT) Fernando Haddad, el exalcalde de Sao Paulo; las últimas encuestas le dan el 50 por ciento de la votación en comparación con el 35 por ciento de su oponente.

Durante el fin de semana, los mítines convocados para oponerse a Bolsonaro fueron escasos, con solo unos pocos miles de manifestantes en Sao Paulo —su número fue empequeñecido por un mitin de Bolsonaro que tuvo mucho más audiencia— y solo cientos en otras ciudades brasileñas. La participación dejó en claro que el PT no tiene el deseo ni la capacidad de movilizar a la oposición de la clase trabajadora hacia el candidato de extrema derecha. En lugar de atraer a los trabajadores, está concentrando sus esfuerzos en ganar el apoyo de la burguesía y de las fuerzas estatales brasileñas, así como el del capital financiero internacional.

Esta orientación se ha enfocado claramente en la reacción a un informe en Folha de S. Paulo, el periódico de mayor circulación en Brasil, sobre el posible uso de mensajes masivos en Whatsapp, una práctica prohibida por la ley electoral brasileña, por la campaña de Bolsonaro.

El jueves 18 de octubre, Folha de S. Paulo informó que una red de compañías cuyos dueños apoyan al candidato de índole fascista había contratado servicios de mensajería masiva de Whatsapp utilizando bases de datos personales de terceros, una práctica que violaría la ley electoral brasileña en tres aspectos.

El primer recuento sería el uso de fondos no declarados, ya que la campaña de Bolsonaro no reconoció la práctica ante el Tribunal Electoral. El segundo sería recibir donaciones empresariales, lo cual está prohibido —los partidos tienen a su disposición un fondo electoral asignado por el Congreso y dividido aproximadamente según el número de miembros y representación. Finalmente, las leyes electorales permiten el envío masivo de mensajes sólo a los usuarios de redes sociales que transmiten explícitamente sus datos a la campaña del candidato, prohibiendo el uso de bases de datos comerciales.

El informe de Folha no reveló ninguna evidencia para respaldar las acusaciones, pero tanto el Tribunal Electoral como la oficina del Fiscal General abrieron investigaciones sobre las reclamaciones, considerándolas plausibles. Whatsapp ha tomado medidas radicales contra los partidarios de Bolsonaro y al menos cuatro empresas de marketing que fueron mencionadas como las contratadas para la operación de mensajería masiva, bloqueando las cuentas de las empresas y las de "cientos de miles más", según un comunicado de prensa.

Sin embargo, la postura más radical y de derechas no fue adoptada por el Estado brasileño ni por ningún monopolio de comunicaciones, sino por la principal organización de pseudo izquierda de Brasil y apologista del PT: el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que incluye tanto facciones morenitas como pablistas. Al equipo legal del PSOL le tomó menos de 24 horas pedirle al Tribunal Electoral que ordene nada menos que la suspensión de los servicios de Whatsapp en todo Brasil hasta el día de las elecciones, 28 de octubre.

Si bien la apelación fue rechazada por el juez del Tribunal Electoral Edson Fachin, el interdicto propuesto por el PSOL ha expuesto sin lugar a dudas a todo el “frente antifascista” pseudoizquierdista como una operación traicionera dirigida a desarmar a los trabajadores, mucho menos armar una contraofensiva, y bloquear cualquier intento genuino de resistencia, la amenaza de extrema derecha encarnada por Bolsonaro.

El recurso del PSOL revela con la mayor claridad que el "frente antifascista", del cual el partido se presenta a sí mismo como su portaestandarte, no tiene ninguna intención de movilizar a la clase obrera, ni siquiera a su estrecha base de clase media, contra Bolsonaro.

En vez de ello, exige la represión estatal del medio principal para la organización masiva en Brasil de los últimos años, el cual desempeñó un papel importante en la ola de ocupaciones escolares de 2015-2016 en miles de escuelas en todo el país, y más recientemente en la huelga de camioneros de 300.000 personas en mayo pasado, que fue vilipendiada por elementos de la pseudoizquierda como una defensa del "privilegio masculino" por parte de los super explotados camioneros.

Como el PT lo ha venido haciendo desde la destitución de la presidenta Dilma Rousseff en 2016, el "frente antifascista" está haciendo un llamado a la burguesía, utilizando como un apoyo los puntos de vista expresados por las secciones de las potencias imperialistas que comunican sus ideas mediante el New York Times, Le Monde, The Guardia n y el Economist. Está exigiendo que el establishment gobernante "vea bien las cosas" y elija al candidato del PT, probado y confiable, el neoliberal ex alcalde de São Paulo, Haddad. Su "oposición" a Bolsonaro se articulará solo a través de editoriales y columnistas de la prensa burguesa.

El llamamiento del PSOL a la represión estatal es solo el último apresurado movimiento hacia la derecha por parte del PT y sus satélites pseudoizquierdistas, que se han vuelto cada vez más amargados desde que el PT fue derrocado en 2016 ante la hostilidad de la clase trabajadora y la indiferencia hacia el Partido después de 13 años de su gobierno.

En la víspera del informe de Folha, el jefe de la principal agencia de “verificación de hechos” de Brasil, Lupa, escribió un artículo de opinión de índole derechista en el New York Times que le pedía públicamente a Whatsapp que redujera el envío de mensajes de 20 a sólo cinco chats o conversaciones, y que limitara el tamaño de grupos y destinatarios de mensajes, todo esto en nombre de la lucha contra "noticias falsas" ( fake news ). Whatsapp ya había restringido el reenvío de mensajes en Brasil en agosto, en respuesta a la huelga de camioneros, que contaba con el 87 por ciento de apoyo entre la población, incluso ante la escasez generalizada de productos básicos, desde la leche hasta el combustible.

En un momento dado, la columna, titulada “Noticias falsas están envenenando la política brasileña, WhatsApp puede detenerlo", lamenta el hecho de que el cifrado de mensajes en la aplicación hace que sea "difícil monitorear "las interacciones políticas. Agrega que la aplicación crea el potencial para que "un pequeño grupo coordinado pueda organizar fácilmente una gran campaña" de información errónea, precisamente lo que dijo la agencia de inteligencia brasileña sobre la motivación de la huelga de los camioneros.

El llamamiento para que el estado intervenga para suprimir las redes sociales ha ido de la mano con el giro cada vez más derechista del PT en la campaña de la segunda vuelta, ya que busca obtener el apoyo de la burguesía brasileña e internacional. Desde la primera vuelta, después de abandonar el color rojo, durante décadas la marca registrada del PT, y adoptando los mismos "colores nacionales" verdes y amarillos utilizados por Bolsonaro, Haddad ha lanzado repetidamente llamamientos a los votantes católicos, alineándose con la jerarquía de la Iglesia Católica acusando a Bolsonaro por “ofender a la Iglesia, llamándola comunista”.

En América Latina, donde la jerarquía eclesiástica, incluido Franciso, el Papa de la Guerra Sucia Argentina, entregó a los sacerdotes que promovían la “teología de la liberación” —denunciados por ellos como “comunistas”— al terrorismo estatal y de extrema derecha para apaciguar a las juntas militares, una defensa de la Iglesia Católica como la de Haddad es totalmente reaccionaria.

Incluso más derechistas han sido los recientes intentos del PT de llamar “socialista” al propio Bolsonaro con respecto a Venezuela, con el coordinador de la campaña del PT Jaques Wagner advirtiendo que "nos convertiremos en Venezuela si el PT pierde". El intento de equiparar a Venezuela con el socialismo ha sido una marca de la campaña de Bolsonaro, con su hijo, Eduardo Bolsonaro, un miembro del Congreso de São Paulo, dando un discurso fascista a miles de partidarios de extrema derecha el domingo declarando que la próxima "misión de paz" de Brasil bajo el gobierno de Bolsonaro será "liberar a Venezuela del socialismo."

El PT y sus apologistas no tienen nada que ofrecer a la clase obrera brasileña. Los círculos empresariales ciertamente están conspirando no solo para llevar a Bolsonaro al poder sino también para construir una base de masas para un movimiento fascista en Brasil. Las prácticas electorales ilegales pueden ser un elemento de esta campaña, que está principalmente habilitada por las traiciones del PT. El partido consideró a Bolsonaro como el "mal menor" durante años, y el propagandista del PT Breno Altman escribió hasta el 23 de septiembre que enfrentar a Bolsonaro en la segunda vuelta sería "ideal", ya que la extrema derecha sería "científicamente más fácil de derrotar".

El enfoque del PT en las "noticias falsas" como la razón de su rechazo masivo en prácticamente todos los centros de la clase trabajadora que dieron apoyo al partido durante décadas es una medida de la desesperación y alienación del partido de las masas de trabajadores brasileños. La votación, que incluyó niveles récord de abstención, representó un referéndum sobre 13 años de gobierno del PT, que culminó en el esfuerzo concertado del gobierno de Rousseff para colocar la carga total de la peor crisis económica en la historia del país a espaldas de la clase trabajadora.

El PT y sus apologistas pseudoizquierdistas están impulsados a promover la censura estatal, abriendo el camino a las propias acciones autoritarias de Bolsonaro, porque no tiene nada para ofrecer a la clase trabajadora brasileña.

Los antiguos campos de batalla de las luchas sindicales más duras del país le han dado a Bolsonaro algunas de sus ventajas más amplias. Al mismo tiempo, la pseudoizquierda está negando cada vez más claramente las quejas de los trabajadores, con el sitio web de PSOL recientemente publicando otro artículo calificando a los trabajadores como reaccionarios; el nombre de éste es "No es la economía, estúpido", una inversión derechista del famoso aforismo del estratega de campaña de Bill Clinton en 1992.

El PT también presentó sus llamados al ejército y Haddad programó una de sus primeras reuniones después de la elección de primera vuelta con el general Eduardo Villas Boas, el jefe del comando militar. Funcionarios del partido, como el exministro de Relaciones Exteriores Celso Amorim, han dicho repetidamente a los medios de comunicación que Bolsonaro "no representa a los militares".

Este pedido de apoyo militar contra el candidato de extrema derecha tiene implicaciones siniestras en un país que sufrió dos décadas de dictadura militar tras el golpe de estado respaldado por Estados Unidos en 1964. Dado su apoyo a las guerras imperialistas por el cambio de régimen en Medio Oriente y a las de sus co-pensadores políticos egipcios por el golpe de estado de Al-Sisi en 2013, el alineamiento de los partidarios morenitas y pablistas del "frente antifascista" con una sección de los militares no está de ninguna manera excluida.

Los trabajadores brasileños deben rechazar este "frente" traicionero con desprecio y establecer las lecciones de cuatro décadas de traiciones del PT.

(Publicado originalmente en inglés el 24 de octubre de 2018)