La desaparición del periodista saudí Jamal Khashoggi y la hipocresía del New York Times

por Jordan Shilton
16 octubre 2018

Incluso para los estándares deplorables del “periódico-hemeroteca por excelencia” de Estados Unidos, la pose de indignación moral adoptada por el New York Times tras la desaparición del periodista saudí Jamal Khashoggi la semana pasada es asombrosa en su hipocresía.

En una serie de artículos, incluyendo un comentario del belicista Thomas Friedman titulado “Rezando por Jamal Khashoggi” y un editorial bajo el titular “Arabia Saudí debe responder por Jamal Khashoggi”, el Times fingió conmoción y horror ante los informes de la muerte de Khashoggi y exigió que Riad aclare el destino del periodista.

Khashoggi, de 59 años, que huyó de Arabia Saudí a EE.UU. el año pasado, disfrutó de vínculos estrechos con la familia real saudí a lo largo de una carrera periodística de unas tres décadas. Sin embargo, él entró en conflicto con la agenda del poderoso príncipe heredero Mohamed bin Salmán, incluyendo sus denuncias de la detención de críticos del régimen por parte de bin Salmán y la conducción de la guerra brutal en Yemen.

El martes 2 de octubre, Khashoggi visitó el consulado saudí en Estambul para obtener papeles de divorcio y no ha sido visto desde entonces. Según los informes, las autoridades turcas, que lideran la investigación de la desaparición de Khashoggi, creen que el periodista fue asesinado en el consulado y que su cuerpo fue luego desmembrado y retirado del país.

De ser cierto, el asesinato de Khashoggi es un crimen horrible, que subraya la brutalidad de una dictadura saudí empapada de sangre. Pero se sumaría a una larga lista de actos de terror y brutalidad llevados a cabo por el régimen saudí, muy pocos de los cuales han preocupado tanto al Times como la desaparición de Khashoggi.

El régimen saudí, un aliado estratégico clave del imperialismo estadounidense en el Medio Oriente, es notorio en todo el mundo por su represión despiadada contra su propia población. Las autoridades saudíes decapitaron con espada a casi 150 personas en 2017. En los primeros cuatro meses de 2018, el régimen mató a 48 personas de la misma manera, la mitad por delitos no violentos.

En agosto, los fiscales estatales pidieron la decapitación de Israa al-Ghomgham, activista chiíta de 29 años, y de otros cuatro, que habían publicado videos de sus protestas contra la dictadura saudí en las redes sociales. Los principales temas que plantearon fueron los reclamos de igualdad y el fin de las condiciones sociales miserables que enfrenta la minoría chiíta del reino, que en repetidas ocasiones ha sido el objetivo de la represión salvaje por parte de Riad. El Times nunca sintió la necesidad de apresurarse a imprimir un editorial para condenar este flagrante acto de terror de estado, o para denunciar otras ejecuciones estatales en el reino, que se realizan a un promedio de más de 10 por mes.

El Times, y el sistema político y los medios de comunicación de EE.UU. en su conjunto, tolera esa represión viciosa porque Ria es el eje central de la estrategia de Washington para consolidar su hegemonía sin rival en el Medio Oriente, rico en energía y significativo desde un punto de vista geoestratégico.

Mientras el Times se lamenta en su editorial de que las “reformas sociales prometedoras” iniciadas por el príncipe heredero Mohamed estarían en riesgo si él resulta ser culpable de “un asesinato atroz”, los editorialistas del Times aparentemente duermen bien por la noche sabiendo que bin Salmán, el carnicero de Yemen, es responsable del asesinato de al menos 16,000 civiles inocentes, muchos de ellos mujeres y niños, a través de su papel principal en la guerra casi genocida de Riad en el país más pobre del mundo árabe.

Esta guerra, que Arabia Saudí solo puede llevar a cabo gracias al suministro de armas y al apoyo logístico de EE.UU., ha presenciado los crímenes de guerra más horribles, incluyendo el bombardeo de hospitales, escuelas y autobuses escolares, y el hambre de una sociedad entera. Estos terribles crímenes de guerra, en gran parte ignorados por los medios de comunicación occidentales, no se interpusieron en el camino de toda la élite gobernante de EE.UU., incluido el Times, que recibió a “MBS” como un gran reformador durante un viaje a Estados Unidos en la primavera de este año.

El Times, que frecuentemente emplea informes sin fundamento de asesinatos o desapariciones que supuestamente involucran al gobierno ruso para denunciar al régimen de Putin como una dictadura despiadada, fue cauteloso para describir la acusación que involucra a Khashoggi contra la despótica monarquía del Golfo como una denuncia no probada. “Turquía no debería dejar su acusación sin confirmación oficial o evidencia”, expresó el Times, “y Arabia Saudí no puede desecharla con negativas despreocupadas”.

No es difícil imaginar cómo el Times, y todos los medios corporativos, habría reaccionado si el periodista en cuestión hubiera desaparecido durante una visita a un consulado ruso o iraní. Los periódicos y programas televisivos estarían llenos de titulares sensacionalistas sobre el régimen “asesino” de Putin o la dictadura sanguinaria en Teherán. Friedman no habría escrito una columna para informarnos del contenido de sus conversaciones diarias con el Todopoderoso, sino para exigir una intervención militar estadounidense en defensa de la “libertad de prensa”.

Por hipócrita que sea, la preocupación del Times por el destino de Khashoggi está ligada a una serie de factores interrelacionados. En primer lugar, Khashoggi no era un periodista común y corriente, sino uno que disfrutó de una carrera de décadas durante la cual construyó vínculos estrechos con poderosas secciones de la Casa de Saúd, incluyendo su trabajo como asesor del príncipe Turki al-Faisal, un ex jefe de inteligencia saudí que se desempeñó como embajador de Riad en el Reino Unido y Estados Unidos. Khashoggi usó su amplio conocimiento de la vida política saudí y sus contactos para servir de interlocutor con las potencias occidentales, dando entrevistas a los medios de comunicación para explicar los desarrollos políticos en el reino.

En segundo lugar, el Times está explotando cínicamente el caso de Khashoggi para reforzar su falsa postura como defensor de la “democracia” y los “derechos humanos”, que ha usado para dar un brillo “progresista” a cada guerra de agresión imperialista de EE.UU., desde los Balcanes hasta Irak y Afganistán.

En tercer lugar, el Times sabe perfectamente que las diferencias entre el príncipe heredero y Khashoggi, que obligaron al último a exiliarse, reflejan divisiones más amplias dentro del régimen saudí, que está sentado sobre un barril de pólvora social a medida que crece la oposición a la represión estatal y la desigualdad social.

Al Times le preocupa que la erupción de estas divisiones en un conflicto abierto pueda debilitar fatalmente al régimen saudí, en condiciones en que este pronto podría enfrentar una oposición popular de masas.

La columna de Friedman, que fue mucho más crítico con bin Salmán que hace un año, cuando el columnista del Times alabó al príncipe heredero de Arabia Saudí por poner en marcha la “primavera árabe” de Riad, se quejó de que los extremistas lo estaban presionando para “poner los problemas de seguridad por delante de la necesidad de atraer inversionistas” para “crear un sector privado vibrante y diverso”.

Finalmente, y quizás lo más importante de todo, el Times está motivado por la preocupación de que un régimen saudí debilitado perjudicará la búsqueda de los intereses depredadores del imperialismo.

imperialismoestadounidense en la región, incluyendo los avanzados preparativos para la guerra con Irán.

(Publicado originalmente en inglés el 10 de octubre de 2018)