Portugal: dimite dirigente del Bloque de Izquierdas por su fortuna debida a la especulación inmobiliaria

por Paul Mitchell
8 agosto 2018

Ricardo Robles, el representante del Bloque de Izquierdas en el consejo municipal de 17 miembros de Lisboa, la capital de Portugal, dimitió la semana pasada después de que se revelara que amasó una fortuna mediante la especulación inmobiliaria.

Robles y su hermano formaron parte de la estampida del enriquecerse rápido para aburguesar el barrio más viejo y pobre de la capital, Alfama. Compraron una excelente propiedad histórica venida a menos que era propiedad del Estado por la irrisoria suma de €350.000 en 2014 para después ponerla a la venta en el mercado este año por la friolera de €5,7 millones.

Al principio, Robles intentó aguantar las críticas, ofreciendo una rueda de prensa el 27 de julio en la sede del Bloque de Izquierdas donde declaró: “No hay nada deplorable en mi conducta”. El especulador inmobiliario Robles fue defendido por la dirigente del Bloque de Izquierdas, Catarina Martins, quien insistió en que no había hecho “nada ilegal” y que estaba siendo víctima de “una caza de brujas periodística y política”. La dirigencia del partido le dio un voto de confianza.

Para el 29 de julio y en medio de una presión creciente, Robles se vio obligado a dimitir. Hizo un intento patético por explicar que las enormes ganancias que había acumulado “revelaban un problema político real” y “crearon una enorme limitación” a su “trabajo como concejal”. Afirmó que no había desahuciado a nadie y que había mantenido un inquilino de bajos ingresos. Luego anunció que se iba a retirar de la venta de su propiedad y que tomaría el control de cómo es alquilada.

El martes siguiente, Martins les dijo a los periodistas que la dirigencia del Bloque de Izquierdas había cometido un “error de análisis” al respaldar a Robles, afirmando que “la contradicción era muy grande” y creó “un obstáculo diario” entre sus intereses de negocios y su trabajo de partido. El hecho de que Martins admitiera, sin pestañear, que el negocio inmobiliario de Robles no fue “nunca tema de conversación” entre ellos revela mucho del oportunismo del Bloque de Izquierdas.

Todo este asunto que rodea a Robles apesta y revela, una vez más, la hipócrita naturaleza egoísta del electorado de clase media alta que forma la base social de la pseudoizquierda.

Mientras escribimos estas líneas, la página principal del sitio web del Bloque de Izquierdas, esquerda.net, todavía seguía promocionando su campaña fraudulenta, “Basta de desahucios, cambien la ley, combatan la especulación” (Parar os Despejos, Mudar a Lei, Combater a Especulação). Afirma que el partido “está en las calles con propuestas para detener los desahucios, para hacer la ley de arrendamienro más justo y combatir la especulación inmobiliaria”. Mientras estaba ocupado engordando su cartera de propiedades, Robles escribía regularmente para esquerda.net.

Robles no era simplemente un humilde funcionario tentado por hacer un duro fácil; era un portavoz del Bloque de Izquierdas y candidato a la alcaldía de Lisboa. Su especialidad era despotricar contra los desahucios de trabajadores del centro de Lisboa para allanar el camino al aburguesamiento.

Demostrando el cinismo de Robles, en octubre de 2015 se quejaba en esquerda.net de la crisis de la vivienda en Lisboa y el papel del entonces alcalde del Partido Socialista (PS), António Costa, que ahora es el primer ministro de un gobierno en minoría del PS que se mantiene en el poder por cortesía del Bloque de Izquierdas y la Coalición Democrática Unitaria del Partido Comunista y el Partido Verde. Como alcalde, Costa se puso a desregular y a privatizar la administración de la ciudad para beneficio de los emprendedores capitalistas, el comercio del turismo y lo que fue dado en llamarse “la clase creativa global”.

Robles dijo en ese momento: “En los últimos 30 años Lisboa perdió 260.000 habitantes. Hay 50.000 viviendas vacías en la ciudad. Atraer de nuevo a esa gente a la ciudad ha sido la prioridad de prioridades. La estrategia seguida fue precisamente la contraria y fracasó. António Costa veía la ciudad como un valor financiero. … Nada de respeto por quienes viven y trabajan aquí y todo el respeto por el capital”.

El 6 de abril de 2016, Robles volvió al tema, declarando: “La expulsión de residentes del centro de la ciudad, aunque no es reciente, se ha acelerado en los últimos años. La estrategia de regeneración urbana sostenida por la especulación y la explotación del turismo tiene consecuencias. El precio de las viviendas en el centro histórico subió un 22% en 2015. La expulsión de inquilinos, en su mayoría personas de edad y desprotegidos económicamente, para la instalación de hoteles ha sido la regla. … El proceso de aburguesamiento de la ciudad se está extendiendo en el centro histórico”.

Entonces, otra vez el 15 de abril de 2017, escribió “diez años de desregulación urbana, un monocultivo de hoteles y ventas récord de patrimonio municipal” se habían vuelto “en términos de vivienda … una década perdida”.

Según António Machado, presidente de la Asociación del Alquiler de Lisboa —una ciudad de medio millón de habitantes que tuvo 6 millones de visitantes el año pasado: “Hemos visto una transformación de la vivienda desde las residencias familiares hasta los alquileres a corto plazo … casas privadas alquiladas para el turismo que, en algunas zonas, hicieron que el precio del alquiler subiera un 30-40% a lo largo de los últimos años, que es prácticamente insoportable para los portugueses locales”. El fenómeno ha llevado al término “terramoturismo” terremoto de turismo.

El crecimiento de los alquileres de Airbnb ha sido explosivo, y hay una calle en Alfama que alberga 230 alquileres. La tasa promedio diaria de €85 es mucho más rentable que las soluciones tradicionales de alquiler a largo plazo, que también han subido inexorablemente en precio. El alquiler medio mensual en Lisboa es de alrededor de €900, o casi igual al salario medio bruto.

El enorme crecimiento de los valores inmobiliarios también obliga a sectores menos pudientes de la población a volverse parte del proceso de “aburguesamiento”, dado que persiguen encontrar un lugar para ellos mismos ante el precio del alquiler y de la vivienda que crece rápidamente. Los jóvenes, agolpándose en las ciudades por trabajo, también se vuelven parte de esta tendencia.

El aburguesamiento o, de manera más correcta, la limpieza social, refleja el crecimiento implacable de la desigualdad. El presidente Marcelo Rebelo de Sousa se ha visto obligado a reconocerlo este año, al declarar qu ela pobreza es la “vergüenza nacional” de Portugal y que su país es uno de los “países más desiguales de Europa”. Reiteró el mantra acostumbrado de que lo que se necesitaba era una “estrategia nacional autónoma para combatir la pobreza de una vez y para siempre”.

La actual limpieza social de ciudades de toda Europa, los EUA y de todo el mundo, se ha acelerado en los años posteriores al desplome bursátil de 2008. Este proceso ha sido agravado por las vastas sumas de dinero que han sido inyectadas en los mercados financieros por parte de los bancos centrales como parte del “ajuste cuantitativo”, que puso dinero barato a disposición de la especulación inmobiliaria.

La desigualdad creciente y la limpieza social es inevitable mientras la vivienda siga siendo una mercancía en vez de un derecho social. El derecho a un lugar para vivir decente y asequible solo puede alcanzarse mediante un programa socialista.

El papel del Bloque de Izquierdas es intentar evitar que la clase trabajadora y la juventud adopten tal perspectiva. Ha buscado canalizar la desafección que surgió tras la crisis económica de 2008 —y expresada en el mínimo récord de votación del 57 por ciento del electorado en las elecciones generales de 2015— tras el desacreditado Partido Socialista, al tiempo que integra su base social pequeñoburguesa en la política burguesa oficial y, como muestra el caso de Robles, lucrativa.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de agosto de 2018)