Estados Unidos vende sistema antimisiles Patriot a Polonia en medio de la continua campaña contra Rusia

por Bill Van Auken
30 marzo 2018

El miércoles, el Pentágono y Polonia firmaron un trato por el monto de $4,75 mil millones de para la venta al país del este europeo de un sistema antimisiles Patriot.

Mientras que el Gobierno de extrema derecha de Polonia elogió el acuerdo armamentístico, el más grande en la historia del país, sin duda aumentará las tensiones entre Occidente y Moscú, que ha visto el despliegue de tales sistemas como parte de un esfuerzo concertado de Washington y sus aliados para socavar la capacidad de defensa rusa contra un ataque nuclear.

"Es un momento extraordinario e histórico; es la introducción de Polonia en un mundo completamente nuevo de tecnologías de vanguardia, armamento moderno y medios defensivos", dijo el presidente polaco, Andrzej Duda, durante la ceremonia de firma, que se celebró en una fábrica de armamentos ante una columna de tropas polacas.

"Es una gran cantidad de dinero, pero también sabemos por nuestra experiencia histórica que la seguridad no tiene precio", dijo Duda, cuyo régimen autoritario sin duda extraerá el dinero para pagar los misiles a través de redoblados ataques al nivel de vida de los trabajadores polacos.

El acuerdo de armas polaco se firmó en medio de una campaña internacional coordinada encabezada por Londres y Washington para procesar a Moscú por el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal y su hija en la ciudad sureña inglesa de Salisbury el 4 de marzo.

Rusia ha negado cualquier participación en el envenenamiento, que según las autoridades británicas se llevó a cabo con un agente nervioso "de un tipo" (Novichok) que una vez se había fabricado en la Unión Soviética y que era "altamente probable" que el ataque fuera el trabajo de Rusia.

Sin presentar ninguna prueba para fundamentar estas acusaciones –y mucho menos algún motivo concebible por el cual Moscú llevaría a cabo tal acción en vísperas de las elecciones presidenciales en Rusia—, el Gobierno conservador británico de la primera ministra Theresa May expulsó a 23 diplomáticos rusos.

Londres ha rechazado las solicitudes de Moscú de suministrar una muestra del presunto agente neurotóxico utilizado en el ataque, como lo exigen los tratados internacionales sobre armas químicas. El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso emitió un comunicado el miércoles afirmando que la actitud del Gobierno de May muestra que "las autoridades de Reino Unido no están interesadas en descubrir los motivos ni los responsables del crimen en Salisbury y sugiere que los servicios de inteligencia británicos están involucrados en ello".

Washington se unió a esta cruzada antirrusa, ordenando la expulsión de 60 funcionarios diplomáticos rusos y el cierre del consulado ruso en Seattle, uniéndose así a Londres para presionar a otros países para que hicieran lo mismo.

Más de 20 otros países respondieron con expulsiones. Sin embargo, la mayoría de estos países tomó acciones meramente simbólicas, involucrando a uno o dos diplomáticos rusos. Nueve miembros de la UE no tomaron ninguna medida. La única expulsión de más de cuatro diplomáticos en Europa provino del gobierno rabiosamente antirruso de Ucrania, el cual les ordenó a 13 diplomáticos rusos que abandonaran el país.

Polonia, que junto con Alemania, Francia y Canadá fue uno de los países que expulsó a cuatro rusos, ha servido durante mucho tiempo como un pilar de la acumulación militar de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia.

Desde la llegada al poder de la Administración de Trump, Washington ha promovido abiertamente la creación de vínculos más estrechos con Varsovia y otros Gobiernos de Europa del este, reviviendo de esta forma el llamado proyecto Intermarium de la década de 1920, en el que Estados Unidos buscaba una alianza con regímenes fascistas y derechistas de la región dirigidos tanto contra la Unión Soviética como contra el ascenso de Alemania como potencia continental.

El giro hacia Europa del Este es en gran parte una respuesta al recrudecimiento de tensiones entre Washington y Alemania, que busca cada vez más sus propios intereses de poder, incluso a través de vínculos comerciales y de otros tipos con Rusia. Más allá de que Berlín les haya seguido la corriente a Reino Unido, Francia y Estados Unidos firmando una declaración conjunta que culpa a Rusia del envenenamiento de Skripal, existen divisiones agudas al respecto dentro de los grupos de poder alemanes y el Gobierno de la gran coalición bajo la canciller Angela Merkel.

"Debemos hacer todo lo posible para evitar una nueva Guerra Fría con Rusia", dijo al Passauer Neue Presse el socialdemócrata Gernot Erler, coordinador del Gobierno para Rusia.

Otros socialdemócratas prominentes fueron más lejos. El excomisario europeo, Guenter Verheugen, cuestionó la base objetiva de las sanciones. "El punto de vista de que, en caso de duda, 'Putin y los rusos sean responsables de todo', envenena el pensamiento y debe detenerse", le dijo a Augsburger Allgemeine .

Tales opiniones reflejan las preocupaciones de importantes intereses corporativos y financieros alemanes, cuyas ganancias están vinculadas con el mercado ruso.

El Comité Alemán de Relaciones Económicas de Europa del Este, cuyos miembros incluyen unas 200 compañías alemanas, advirtió en contra de que las "conclusiones precoces" sobre el caso Skripal conduzcan hacia una "espiral de escalada".

Un día después de haber expulsado a un puñado de diplomáticos rusos, el Gobierno alemán anunció el martes la aprobación final para la construcción y operación del gasoducto Nord Stream2, que llevará gas natural ruso a Alemania por debajo del mar Báltico. El proyecto ha sido duramente opuesto tanto por Washington como por sus aliados del este de Europa.

Sin dudas, el secretario de Defensa de Estados Unidos, el general James Mattis, tenía dichas tensiones en mente cuando les dijo a los periodistas en el Pentágono que Rusia estaba "tratando de romper la unidad de la alianza occidental". Mattis afirmó además que era "bastante obvio" que Rusia fue responsable del ataque a Skripal y acusó a Moscú de haber "elegido ser un competidor estratégico, incluso hasta el punto de efectuar actividades imprudentes".

A pesar de las agudas divisiones que han surgido entre las potencias de la OTAN, hay constantes señales de que se están realizando preparativos activos para la guerra con Rusia.

Altos funcionarios militares estadounidenses que hablaron el lunes en el Simposio de Fuerza Global de la Association of the United States Army emitieron advertencias de que el Pentágono debe "expandir drásticamente el alcance de los sistemas de artillería y de misiles para contrarrestar una amenaza rusa que dejaría las fuerzas terrestres sin apoyo aéreo las ‘primeras semanas’ de una guerra en Europa", informó el sitio web military.com. El ejército estadounidense, revelaron los oficiales, está trabajando en una serie de nuevos sistemas de armas diseñados para contrarrestar los sistemas superiores de defensa aérea rusos que impedirían la operación de aviones de ala fija.

"Tenemos que impulsar el rango máximo de todos los sistemas en desarrollo para lo cercano, lo profundo y lo estratégico, y tenemos que superar al enemigo en armas", dijo el general Robert Brown, comandante general del Comando Pacífico del Ejército de los Estados Unidos, ante una audiencia de oficiales militares y contratistas de defensa.

Mientras tanto, la Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la Unión Europea, anunció el miércoles que lanzó una iniciativa para crear un "espacio de Schengen miliar", permitiendo a las fuerzas militares de la OTAN cruzar libremente las fronteras europeas. El proyecto militar se está haciendo público incluso cuando políticos derechistas nacionalistas y antiinmigrantes europeos, incluido el nuevo ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, rechazan abiertamente el Acuerdo de Schengen original, en vigencia desde hace más de dos décadas, que permite viajar por los 26 países europeos suscritos sin atravesar controles fronterizos.

La comisionada de transporte de la UE, Violeta Bulc, dijo a los periodistas que el objetivo era garantizar "una movilidad rápida e ininterrumpida en todo el continente. Esta es una cuestión de seguridad colectiva".

Además de eliminar los controles fronterizos, dijo que se realizarían inversiones para asegurar que los corredores claves sean capaces de manejar tanques y vehículos militares pesados. "Debemos ser capaces de desplegar rápidamente tropas dentro de la UE o lanzar rápidamente operaciones militares en el extranjero y para hacerlo necesitamos una infraestructura que sea adecuada para ese propósito".

El viceministro de Defensa ruso, el coronel general Alexander Fomin, respondió al anuncio afirmando que el verdadero objetivo era "acelerar el despliegue ... hacia las fronteras de Rusia".

También le dijo al periódico oficial del Ministerio de Defensa ruso que Estados Unidos y la OTAN estaban creando arsenales de armas, municiones y suministros de alimentos en varios países, incluidos Polonia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Eslovaquia, Lituania, Letonia y Estonia, para prepararse para una guerra contra Rusia.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de marzo de 2018)