El referéndum de Ecuador señala un nuevo giro hacia la derecha

por Cesar Uco
19 febrero 2018

La victoria del Sí en el referendo ecuatoriano del 4 de febrero ha sentado las bases para un nuevo viraje hacia la derecha por parte del Gobierno del presidente Lenin Moreno, quien asumió el cargo hace nueve meses como el candidato elegido de su predecesor Rafael Correa, quien ocupó la Presidencia la década anterior.

La pregunta clave entre las siete presentadas al electorado consistía en un límite de una sola reelección para los presidentes, lo que efectivamente impide que Correa lleve a cabo su plan original de regresar a la Presidencia en las elecciones del 2021. La medida fue aprobada por más del 64 por ciento de los votantes.

Mientras que Moreno había servido como su vicepresidente durante seis años, tras su convocatoria del referendo, Correa denunció a su sucesor como un "impostor" y un "traidor", rompiendo con el partido gobernante Alianza PAIS y formando su propio movimiento renovado, “Revolución Ciudadana”, que hizo campaña por un No, que alcanzó aproximadamente un tercio de los votos.

El referéndum fue escrito para incluir otras preguntas destinadas a atraer apoyo popular. La medida que obtuvo la mayor cantidad de votos (74 por ciento) impide que los funcionarios condenados por corrupción sirvan en cargos públicos.

El Gobierno de Correa se vio envuelto en un escándalo de corrupción, con un estimado de $34 millones en sobornos pagados a funcionarios gubernamentales por el gigante de la construcción brasileño, Odebrecht, durante el tiempo de Correa en el cargo. Su exvicepresidente, Jorge Glas, está cumpliendo una sentencia de cárcel de seis años en relación con los pagos de Odebrecht, y el propio Correa enfrenta posibles cargos.

El soborno, sin embargo, se remonta a unos 30 años, involucrando a todos los principales partidos burgueses en Ecuador.

También hubo disposiciones en el referéndum que protegen a los jóvenes contra los delitos sexuales, prohibiendo la minería en áreas de protección ambiental y aliviando los impuestos sobre las ventas de bienes raíces.

La campaña de Moreno en apoyo del Sí fue respaldada por la totalidad de la derecha ecuatoriana, incluido su oponente en las elecciones presidenciales del 2017, el multimillonario banquero y empresario, Guillermo Lasso.

Moreno ha abrazado gran parte del programa político-económico anunciado por Lasso, contra el que aparentemente se oponía. Esto incluye recortes de impuestos, recortes en los gastos públicos y un giro de la dependencia de los préstamos e inversiones chinos hacia relaciones más estrechas con Washington.

El diario ecuatoriano El Comercio publicó una columna el 12 de febrero explicando las demandas de la burguesía ecuatoriana a raíz de la victoria del referéndum de Moreno. "Debemos reorientar la economía, regresar a la austeridad olvidada, confiar en la iniciativa empresarial privada, alentar la creación de empleos, retirar muchas prácticas burocráticas", dijo. También habló de crear mejores condiciones para atraer a inversionistas extranjeros.

El giro a la derecha de Moreno está ligado a los conflictos geoestratégicos que prevalecen en toda la región, ya que el imperialismo estadounidense ha declarado su intención de reafirmar su hegemonía y combatir la creciente influencia de China y Rusia en América Latina.

Bajo Correa, Ecuador firmó acuerdos que comprometieron al país a enviar aproximadamente la mitad de sus exportaciones de petróleo a China, con China otorgando a cambio miles de millones de dólares en préstamos que suministraron gran parte del financiamiento del Gobierno.

Moreno dejó en claro que tiene la intención de renegociar los acuerdos con China y buscar diversificar las exportaciones de petróleo de Ecuador.

Esto, junto con su enunciación de una política empresarial más resuelta, ha sido aprobado por Washington, la primera capital mundial que visitó el mandatario después de su elección el año pasado. El Departamento de Estado de EE. UU. emitió una declaración "felicitando" a Ecuador por la victoria del Sí en el referéndum.

"Esperamos continuar trabajando con el presidente Lenin Moreno y su Gobierno para promover intereses comunes en una amplia gama de temas como educación, comercio, seguridad, medio ambiente y preparación para desastres, entre otros", se lee en el comunicado. "Nuestros intereses comunes continuarán impulsando la relación entre el pueblo de Ecuador y Estados Unidos en una dirección constructiva".

El retroceso del referéndum para Correa es parte de un reflujo más amplio de la llamada "marea rosa", es decir, de la llegada al poder de varios partidos populistas y nacionalistas burgueses en América Latina. Esto también se ha manifestado en la elección del derechista Mauricio Macri en Argentina en 2015, la destitución de la presidenta brasileña Dilma Rousseff en 2016, el regreso al poder del multimillonario Sebastián Piñera en Chile y la intensa crisis del Gobierno de Maduro en Venezuela.

La realidad, sin embargo, es que la Administración de Correa nunca planteó un desafío al gobierno capitalista en Ecuador. Durante el período del llamado boom de los precios de las materias primas, pudo introducir políticas destinadas a mitigar la pobreza e invertir en educación e infraestructura.

Pero con el colapso de los precios del petróleo, que representan el 40 por ciento de las ganancias de exportación de Ecuador, la economía del país ha ido en reversa. El Banco Mundial proyecta una caída del 2,9 por ciento en el PIB este año. El Gobierno de Correa se vio impulsado a aplicar políticas destinadas a imponer la carga de esta crisis sobre las espaldas de la clase trabajadora ecuatoriana, lo que creó las condiciones para un resurgimiento político de la derecha.

Durante su Presidencia, Correa mantuvo el uso del dólar estadounidense como moneda de Ecuador. En el 2014, bajo el impacto de la caída del precio del petróleo y con la deuda del país alcanzando el 40 por ciento del PIB, su Gobierno acordó transferir más de la mitad de sus reservas de oro, por un valor de $580 millones en ese momento, a Goldman Sachs Group Inc. Este paso fue diseñado para recaudar efectivo destinado a cubrir un aumento en el déficit provocado por el colapso de los precios del petróleo y también para aumentar la confianza en los mercados en que el Gobierno ecuatoriano puede enfrentar el recrudecimiento de su crisis de deuda.

La Administración de Moreno representa solo uno de los giros hacia la derecha, con el objetivo de defender los intereses de la clase dominante capitalista ecuatoriana, y acceder a la presión de Washington en su intento de contrarrestar la penetración china de lo que el imperialismo estadounidense considera "su propio patio trasero".

Tras el referendo, Moreno declaró: "La confrontación ha quedado atrás, este es el momento de abrazarse unos a otros". Este sentimiento fue dirigido a los políticos y partidos de derecha de la burguesía ecuatoriana. Las políticas que está siguiendo, sin embargo, apuntan a una inevitable confrontación con la clase trabajadora ecuatoriana.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de febrero de 2018)