Estalla la crisis del Partido Demócrata tras las revelaciones de Brazile

por Patrick Martin
8 noviembre 2017

La crisis política en el Partido Demócrata, que afloró con la publicación el jueves de extractos de las memorias de campaña por parte de la antigua jefa interina del Comité Nacional Demócrata (DNC), Donna Brazile, estalló en denuncias recíprocas a lo largo del fin de semana.

Brazile hizo público un acuerdo sin precedentes entre el DNC (bajo la anterior jefa, Debbie Wasserman Schultz) y la campaña presidencial de Hillary Clinton que implicaba que Clinton amortizara las deudas del DNC y le ofreciera un subsidio mensual a cambio de hacerse con el control del nombramiento de cargos del DNC y del derecho de aprobar decisiones operativas clave.

El trato fue sellado en agosto de 2015, seis meses antes de que los primeros votos fueran emitidos en designaciones de candidatos o primarias, cuando se requirió al DNC por su propio reglamento que permaneciera neutral en la competición entre Clinton, el Senador de Vermont Bernie Sanders, y muchos otros candidatos a la nominación presidencial demócrata.

Otra revelación más del libro de Brazile fue hecha pública el sábado: ella reconoció discusiones entre destacados demócratas en septiembre de 2016, después de que Hillary Clinton se hubiera desplomado en una ceremonia en la ciudad de Nueva York en el 15 aniversario de los atentados del 11 de septiembre, sobre si había que reemplazar a Clinton como candidata presidencial a causa de su estado de salud. Brazile escribe que ella misma consideró al vicepresidente Joe Biden como el remplazo lógico, pero no hizo la propuesta.

A horas de este informe, 100 antiguos asistentes de la campaña de Clinton, encabezados por el director de la campaña John Podesta y el gestor de la campaña Robby Mook, pusieron su firma en una carta abierta que denuncia las críticas de Brazile a la campaña de Clinton.

La “Carta Abierta del Equipo de Hillary Por Estados Unidos 2016” hace uso de la misma técnica que denuncia lo ruso empleada por los demócratas en su conflicto político con la Casa Blanca de Trump, pero esta vez dirigida contra un antiguo demócrata de alto nivel. Acometiendo contra Brazile, el primer párrafo de la carta abierta declara: “Es particularmente preocupante y desconcertante que ella aparentemente se tragara esa propaganda falsa alimentada por Rusia, difundida tanto por los rusos como por nuestro oponente, sobre la salud de nuestra candidata”.

Los interrogantes acerca de la salud de Clinton, sin embargo, no fueron alimentados por Moscú, sino por una transmisión de vídeo de canales de televisión por cable que mostraban a la candidata siendo alzada y puesta en un vehículo por sus asistentes y agentes del Servicio Secreto, en sufrimiento visible. La duplicidad característica de los altos cargos de la campaña, que inicialmente intentaron esconder el incidente, se añadió al furor que siguió.

Todavía más revelador es lo que omite la “Carta Abierta” del bando de Clinton: no hay absolutamente ninguna referencia a la principal revelación que surge del libro de Brazile —el acuerdo secreto conjunto para recaudar fondos entre la campaña de Clinton y el DNC, seis meses antes de la primera designación de candidatos en Iowa, dándole a Clinton el control efectivo del aparato del partido. Los asistentes de Clinton no cuestionan que este acuerdo secreto tuviera lugar y no hacen ningún intento por justificarlo.

El domingo por la mañana, Brazile apareció en el programa de ABC News “Esta semana con George Stephanopoulos”. El anfitrión, que es él mismo un antiguo asistente político de alto nivel de la Casa Blanca de Bill Clinton, ofreció una plataforma para que Brazile repitiera su exposición de la confabulación entre la campaña de Clinton y el DNC y discutiera la “Carta Abierta” de los antiguos dirigentes de la campaña de Clinton.

Ella denunció amargamente al bando de Clinton, tanto por el trato al DNC mientras ella estuvo a su cargo, como por su feroz respuesta a su nuevo libro. “George, para aquellos que me están diciendo que me calle, ellos le dijeron eso a Hillary hace un par de meses”, declaró Brazile. “¿Sabes que les digo? ¡Que se vayan al infierno! Yo voy a contar mi historia”.

Brazile también abordó un tema de discusión intensa aunque mayormente tras bastidores en el Washington oficial: el asesinato en julio de 2016 de Seth Rich, un empleado de IT de bajo nivel en la DNC, a quien mataron de un tiro en lo que la policía llamó un intento fallido de robo. La Casa Blanca de Trump y sus medios aliados de la ultra derecha, incluyendo a Alex Jones de InfoWars y Sean Hannity de Fox News, han descrito a Rich, más que a los hackers rusos, como la fuente probable de los correos electrónicos del DNC que obtuvo WikiLeaks, y su asesinato como un “crimen pagado” ordenado por la campaña de Clinton.

Brazile sugiere, según se informó, en su libro —que hasta el martes no estará disponible al público— que la muerte de Rich, advertencias desde la administración de Obama sobre el hackeo ruso y repetidas amenazas online por parte de simpatizantes de Trump, hicieron que se preocupara extremadamente por asuntos de seguridad, hasta el punto de hacer registrar su casa buscando micrófonos ocultos y de instalar muchos dispositivos de seguridad. En su entrevista el domingo con Stephanopoulos, habló de sus miedos por su propia seguridad personal. Su mención de Seth Rich, completamente no solicitada, pareció una advertencia velada al bando de Clinton de que más revelaciones sobre los embustes de la campaña de 2016 podrían estar por venir.

El jefe actual del DNC Tom Perez fue entrevistado el domingo en “Meet the Press” en la NBC y rechazó directamente los dos asuntos principales que trató Brazile. Afirmó, “La acusación de que Hillary Clinton estaba en alguna parte incapacitada es muy francamente ridícula”, aunque no atribuyó esa preocupación a la propaganda rusa.

Procedió a argumentar que Clinton ganó las primarias demócratas por cuatro millones de votos, y el DNC no tenía el control de esas elecciones, que son gestionadas por los gobiernos de los Estados, mientras observaba que las designaciones de candidatos, que están controladas por el aparato del partido, fueron ganadas principalmente por Sanders, no Clinton. Perez concedería solo que “el DNC se quedó corto durante momentos críticos de las primarias”, en términos de favorecer abiertamente a Clinton por encima de Sanders.

De manera significativa, ni Sanders ni ninguno de sus principales asistentes o simpatizantes apareció en ninguno de los programas de debates de la televisión del domingo. Sanders hizo una declaración sobre las revelaciones de Brazile sugiriendo que el comportamiento de la campaña de 2016 fue una distracción del esfuerzo de movilizar a la oposición a la administración de Trump.

El hecho es que Brazile informó a Sanders del acuerdo sobre la recolección de fondos conjunta y la toma del poder del DNC por parte de Clinton hace más de un año, y decidió no decir nada sobre ello. Esto es parte de su esfuerzo por apoyar al Partido Demócrata y evitar que los millones de trabajadores y jóvenes que apoyaron su campaña sacaran la conclusión política de que es necesario romper con los demócratas para llevar a cabo cualquier lucha genuina contra los multimillonarios que dominan el sistema político estadounidense.

El conflicto en el seno del Partido Demócrata ha estallado bajo condiciones en las que el Partido Republicano está rayando en la guerra civil, con muchos senadores republicanos denunciando a Trump como una amenaza a la democracia estadounidense —y después anunciando que preferirían retirarse del cargo antes que oponerse a él— y un feroz conflicto desarrollándose entre el establishment del partido y elementos de mentalidad fascistoide alrededor de Trump, encabezados por su antiguo asistente político principal y gestor de campaña, Stephen Bannon, ahora volvió a su puesto de director ejecutivo del ultra-derechista Breitbart News .

En los días pasados, se informó de que en un libro que aparecería pronto bajo el título Los Últimos Republicanos, el autor cita entrevistas con George H. W. Bush y su hijo George W. Bush en el cual los dos últimos presidentes republicanos anteriores a Trump denuncian al actual inquilino de la Casa Blanca y revelan que se negaron a votar por él en 2016. Como respuesta, Trump tuiteó un ataque a sus críticos presidenciales republicanos.

El programa “This Week” de la ABC en el que fue entrevistada Brazile empezó con la presentación de una nueva encuesta del Washington Post y ABC News que mostraba que el respaldo popular de Trump cayó hasta su punto bajo del año, solo el 37 por ciento, con un 59 oponiéndose. La posición de Trump fue la peor de cualquier presidente en su primer año desde que empezaran las encuestas modernas. Otras encuestas han mostrado que el respaldo popular del Congreso controlado por los republicanos alcanzó nuevos bajos también.

La gran mayoría de los trabajadores está cada vez más alejada del sistema político bipartidista en los Estados Unidos, y ve correctamente tanto a los demócratas como a los republicanos como herramientas de los súper-ricos y buscan alternativas. La cuestión política central es construir un movimiento político de la clase trabajadora que luche contra el sistema capitalista en su totalidad y plantee un programa que defienda el empleo, los estándares de vida y los derechos democráticos, y se oponga a la guerra imperialista.