¿Cómo se vería una guerra entre EE.UU., Europa y Rusia?

15 abril 2017

Las tensiones entre Estados Unidos, las principales potencias imperialistas europeas y Rusia han llegado a su punto más alto desde la Guerra Fría. El peligro de un conflicto militar entre las dos potencias nucleares más grandes nunca ha sido mayor.

Desde el bombardeo del 6 de abril, el gobierno de Trump le ha enviado nuevas amenazas a Siria y nuevos ultimátums a Rusia demandándole que cese su apoyo al régimen de Bashar al Assad (Asad). El miércoles pasado, el presidente Trump defendió el ataque no provocado contra Siria y llamó a Asad un “carnicero”.

El fin de semana, las potencias del G7 dieron su apoyo al bombardeo estadounidense y al pretexto que fue utilizado: las acusaciones completamente infundadas contra el gobierno sirio por presuntamente haber llevado a cabo un ataque químico contra una ciudad controlada por los rebeldes. Respaldaron la decisión de Washington de retomar su campaña para derrocar a Asad, el único aliado árabe de Moscú en Oriente Medio.

Rusia ha respondido reforzando su apoyo militar a Asad. El viernes pasado, suspendió la vía de coordinación con EE.UU que utilizan para evitar un altercado entre aviones estadounidenses y rusos. Luego, Moscú anunció que renovaría los sistemas de defensa aérea sirios, que ya incluyen baterías avanzadas de radares/misiles S-400 y S-300. Además, cambió el curso de una fragata con misiles de crucero y la envió al este del Mediterráneo y emitió un comunicado conjunto con el ejército iraní advirtiendo que cualquier otro acto de agresión contra Siria incitaría una respuesta militar.

La imprudencia de las políticas de Washington quedó recalcada cuando el secretario de Defensa, el exgeneral James Mattis le comentó a un grupo de reporteros el martes que Siria pagaría “un precio muy, muy alto” en caso de otro ataque químico, el cual sin duda está siendo preparado por la CIA y sus fuerzas indirectas en Siria que están asociadas con Al Qaeda. Mattis intentó asegurar que la situación no se saldría “fuera de control”, asumiendo que Rusia “actúe en sus mejores intereses”, es decir, que se replieguen.

Lo más sorprendente es que prácticamente no ha habido ninguna discusión en la prensa occidental acerca del peligro de una guerra entre EE.UU. y Rusia y cuáles serían sus consecuencias. ¿Qué pasaría si un avión de combate estadounidense es derribado por una instalación antiaérea u otro avión ruso? Definitivamente, podría esperarse una frenética avalancha de llamados vengativos de parte de los medios y políticos de ambos países.

¿Cuántos millones morirían en los primeros minutos de un intercambio nuclear entre Rusia y EE.UU.? Ni el New York Times, Washington Post, Wall Street Journal, Times of London, Le Monde, Frankfurter Allgemeine Zeitung ni el Sydney Morning Herald han planteado estas preguntas.

Sin embargo, otras publicaciones más especializadas sí han presentado comentarios reveladores. The Conversation publicó un artículo el 7 de abril, “Por qué representa el ataque aéreo estadounidense una amenaza seria de un choque militar con Rusia”, donde indica que el peligro de tal enfrentamiento es mucho mayor ahora que en el 2013 porque entretanto Rusia ha establecido una presencia militar firme en Siria.

“Así que, si el nuevo objetivo del gobierno de Trump es derrocar a Asad”, explica el artículo, “esto sólo es posible a través de una confrontación de gran escala con Rusia”.

Russia Beyond the Headlines publicó un artículo el 7 de abril, donde explora tres posibles escenarios tras el ataque estadounidense. El primero y más probable es un “conflicto armado entre Rusia y EE.UU.”. Tarde o temprano, señala el artículo, “la lógica de la confrontación hará que Rusia responda con fuerza”. Luego, cita a un experto ruso en seguridad internacional que advierte que “no podemos excluir totalmente el uso de armas nucleares”.

Un artículo publicado el 7 de abril en el sitio web Defense One explica que una ofensiva estadounidense contra Siria conllevaría por primera vez en “las décadas de lucha contra el terrorismo” a un enfrentamiento entre Estados Unidos y un “ejército real, moderno y bien armado”, resultando en una guerra “de escala exponencialmente mayor”.

Steven Starr, un científico líder de la organización Physicians for Social Responsibility, afiliado de la Nuclear Age Peace Foundation y reconocido experto en las consecuencias ambientales de un “invierno nuclear”, explica que un intercambio nuclear entre Washington y Moscú podría costar decenas de millones de vidas en la primera hora y ese apenas sería el comienzo.

Entre ambos países, suman 3.500 armas nucleares desplegadas y operativas que podría detonar dentro de una hora. Tienen otras 4.600 armas nucleares en reserva que pueden cargar. Teniendo en cuenta esta gran cantidad de armamento, existe una posibilidad alta de que se vean afectadas las ciudades más grandes de ambos países. Starr estima que el treinta por ciento de la población estadounidense y rusa moriría en la primera hora. Unas semanas más tarde, la subsecuente lluvia radioactiva mataría a otro cincuenta por ciento o más.

Un invierno nuclear, el cual sería como una nueva era de hielo causada por los cambios climáticos de una guerra nuclear, “probablemente mataría a la mayoría de la población del planeta por inanición en un par de años”.

Entonces, está la posibilidad de una detonación a gran altura que provoque un pulso electromagnético (PEM) que destruiría todos los circuitos electrónicos en un área de decenas de miles de kilómetros cuadrados. “Una sola detonación en la costa este de EE.UU. destruiría toda la red y causaría una fusión de núcleo de todas las plantas de energía nuclear que sean afectadas por el PEM. Imagínense sesenta Fukushimas sucediendo al mismo tiempo en EE.UU.”.

Este es el panorama del fin del mundo que está siendo preparado a espaldas de la población mundial y estadounidense por los criminales obsesionados con el afán de lucro y el poder en el Pentágono y la CIA, con todo el apoyo de los políticos, partidos capitalistas y medios de comunicación. Las personas que vivan en las ciudades de Nueva York, Boston, Filadelfia, Detroit, Chicago, hasta Los Ángeles y San Francisco serían obliteradas a minutos del comienzo de tal guerra.

¿Cuáles son los preparativos para ese momento? ¿Cuál es el plan de supervivencia? No hay ninguno. El silencio de la prensa y los políticos no se debe a ningún descuido. Ellos saben que si dichas cuestiones se convirtiesen en debate público, el impacto subsecuente desencadenaría convulsiones sociales incontrolables.

El asombroso grado de imprudencia de la élite gobernante tiene una base objetiva: la crisis mundial del sistema capitalista, cuya expresión más aguda es el declive económico prolongado de EE.UU. Incluso durante la Guerra Fría aún quedaba cierta cautela dentro de la clase gobernante. Ahora, el incesante tono belicista de la prensa y la constante demonización del presidente ruso, Vladimir Putin, parecieran provocar deliberadamente un enfrentamiento militar. Y de hecho, existe una facción importante dentro de la élite gobernante y el Estado que está dispuesto a hacer precisamente eso.

Este horripilante escenario no puede ser evitado apelando a los gobernantes. Toda la historia del siglo XX, con sus catastróficas guerras, muestra que la única manera de impedir una guerra es un movimiento de las masas obreras. Los trabajadores y jóvenes tienen que afrontar la urgencia de la situación, organizando protestas de masas a fin de construir un movimiento antibélico internacional basado en la clase obrera para poner fin al imperialismo y el capitalismo.

El 30 de abril, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional está organizando un Acto en línea del Día Internacional del Trabajador en oposición a la guerra, el autoritarismo y la pobreza, y por la paz, la igualdad y el socialismo. El evento será transmitido en vivo a las 11:00 am hora del este de EE.UU. (15:00 UTC/GMT) en todo el mundo. Instamos a todos nuestros lectores a participar. Para obtener más información, visite wsws.org/mayday.

Barry Grey