¿Qué hay detrás de la campaña antirrusa en Estados Unidos?

29 octubre 2016

Las acusaciones contra el gobierno ruso de manipular cibernéticamente las elecciones presidenciales en Estados Unidos se han vuelto un tema central en la campaña electoral.

La semana pasada, durante el debate final, la candidata demócrata, Hillary Clinton, declaró sin reparos que “el gobierno ruso se ha involucrado en espionaje contra los estadounidenses” y que “le facilitó esa información a WikiLeaks con el fin de ponerla en Internet”. Según ella, la operación “ha venido del.… propio Putin, en un esfuerzo... para influir en nuestra elección”. Acusó, además, al candidato republicano, Donald Trump, de ser un “títere” del presidente ruso, Vladimir Putin.

Clinton presentó sus acusaciones como si fueran hechos indiscutibles, respaldándolas solamente con la declaración del 7 de octubre de James Clapper, el director de inteligencia nacional, de que la “comunidad de inteligencia de Estados Unidos” estaba “segura” de que el gobierno ruso era responsable de haber filtrado la información del Partido Demócrata y la campaña de Clinton que fue publicada por WikiLeaks.

Sin embargo, ni el gobierno estadounidense ni otras fuentes han presentado ninguna evidencia. Clapper, por su parte, es un perjurador; juró falsamente ante la Comisión Judicial del Senado, en marzo del 2013, que el gobierno no estaba vigilando a gran escala las comunicaciones privadas.

Clinton y los medios de comunicación, incluyendo al New York Times, parecen pensar que el pueblo estadounidense ha olvidado las mentiras de la “comunidad de inteligencia”, repetidas acríticamente por los mismos medios, acerca de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak antes de la invasión estadounidense en el 2003.

Sea cierto o no que Rusia está involucrada en la filtración de correos electrónicos que exponen el grado de corrupción de Clinton, esta es una cuestión secundaria. Los fines políticos detrás de las acusaciones demuestran por qué Hillary Clinton, el Partido Demócrata y la prensa han convertido este en un tema central de la campaña electoral.

En primer lugar, las aseveraciones sobre espionaje ruso le han permitido a Clinton minimizar el impacto del contenido incriminatorio de sus correos publicados por WikiLeaks. (Sus viles discursos en Wall Street, la conspiración de su campaña y de la dirección del Partido Demócrata en contra de su principal contendiente en las primarias, Bernie Sanders, los intentos de interferir con las investigaciones oficiales acerca de su uso ilícito de una cuenta de correo electrónico privada para asuntos oficiales del Departamento de Estado, las relaciones corruptas entre la Fundación Clinton y diversas organizaciones y gobiernos, etc..).

En otras palabras, Clinton ha buscado defenderse del mensaje con ataques contra el mensajero.

Sin embargo, una cuestión más fundamental en el hostigamiento contra Rusia es que Washington la considera un obstáculo para ganar hegemonía en Eurasia. Por otra parte, las continuas tensiones con Moscú sirven para mantener a sus aliados en Europa Occidental detrás de la agenda económica y geoestratégica del imperialismo estadounidense. Una de las funciones principales de la Guerra Fría fue sostener la supremacía política de Estados Unidos en Europa aprovechando la supuesta permanente amenaza soviética. Tras la disolución de la Unión Soviética hace 25 años, este papel fue transferido a Rusia capitalista, la segunda potencia nuclear del mundo.

Cabe destacar que el sábado pasado fue el 54 aniversario del anuncio del presidente John F. Kennedy de que la Unión Soviética había colocado misiles nucleares en Cuba, y que, como respuesta, el gobierno estadounidense iba a interceptar y revisar todas las naves rusas en camino a Cuba. La crisis de los misiles cubanos ha sido lo más cercano que ha estado la civilización humana a la destrucción nuclear.

La imprudente campaña de guerra actual de Estados Unidos nos ha acercado a tal devastación más que en cualquier otro momento desde aquellos 13 días en 1962. Washington y Moscú están nuevamente al borde de un enfrentamiento como resultado inmediato de la guerra estadounidense de cambio de régimen en Siria, sus otras intervenciones en Oriente Medio y la militarización de Europa Oriental impulsada por EE.UU. La demonización de Putin por parte de la candidata a la cabeza de la carrera presidencial, Hillary Clinton, sólo aumenta el peligro.

La Guerra Fría estuvo acompañada por una ideología anticomunista enardecida involucrando todos los aspectos de la política y la sociedad en Estados Unidos. La obsesión con la URSS era impulsada por el odio y miedo de la burguesía estadounidense hacia el legado del socialismo revolucionario expresado de forma distorsionada en la Unión Soviética. La Guerra Fría, para Washington, también era para proteger su posición dominante en relación con sus aliados imperialistas a través de la OTAN y de otras instituciones.

Tras la caída del muro de Berlín, Estados Unidos se proclamó la única superpotencia a nivel mundial y anunció que no toleraría ningún desafío a su posición. Los desastres estratégicos de EE.UU. durante los últimos 25 años, sin embargo, han socavado su dominio geopolítico. Su campaña para reorganizar Oriente Medio bajo su control, comenzando con la Primera Guerra del Golfo Pérsico en 1991, no ha logrado producir ninguna ventaja estratégica para EE.UU., a pesar de haber destruido las estructuras estatales de la región y desatado un baño de sangre.

El ascenso de China y otras economías asiáticas, así como la transformación de la Alemania unificada en la mayor exportadora de capital del mundo, ha debilitado la supremacía económica de EE.UU., mientras que la vida económica estadounidense se encuentra cada vez más sujeta al parasitismo y la especulación financiera.

Bajo estas condiciones, se agravan las tensiones entre EE.UU. y sus aliados, principalmente en cuestiones fiscales, comerciales y de política militar. Por ejemplo, las negociaciones de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión han llegado a un punto muerto, mientras que la Unión Europea le ha exigido a Apple, la corporación más grande de Estados Unidos, que pague $13 mil millones en impuestos atrasados.

El gobierno estadounidense respondió sancionando al ya debilitado banco alemán, Deutsche Bank, con una multa de $14 mil millones por su rol en la crisis financiera del 2008, una medida que, según un alto funcionario alemán, “tiene todas las características de una guerra económica”. Al mismo tiempo, estas tensiones económicas han ido acompañadas por esfuerzos para convertir a la Unión Europea en una alianza militar que complemente o que reemplace a la OTAN, la cual es dominada por Estados Unidos.

Las constantes provocaciones militares estadounidenses contra Rusia, incluyendo el golpe de Estado del 2014 en Ucrania, los esfuerzos para el mismo fin en Siria y la concentración de fuerzas militares de la OTAN en las fronteras con Rusia, tienen como objetivo crear un ambiente de crisis para así socar las amarras militares y económicas de EE.UU. con sus aliados en Europa Occidental, ante la posibilidad de represalias militares por parte de Rusia.

Prácticamente, todo indica que la escalada militar contra Rusia se intensificará durante el próximo gobierno. El jueves pasado, el Washington Post escribió con inusual franqueza, “Los republicanos y demócratas que forman la élite de la política exterior están sentando las bases para una política exterior estadounidense más firme, a través de una ráfaga de informes diseñados por funcionarios que probablemente van a tener cargos altos en una Casa Blanca bajo la dirección de Clinton.”

El Post señaló que “la naturaleza bipartidista de las recomendaciones más recientes, en un momento en el que el país está más polarizado que nunca, refleja un consenso notable dentro de la élite de la política exterior” de una escalada militar contra Rusia y Siria.

Estos acontecimientos representan el mayor peligro para la civilización humana desde el final de la guerra fría. Durante el mes pasado, Rusia ha respondido a las provocaciones estadounidenses con amenazas de derribar sus aviones de combate y transportando misiles con capacidad nuclear a Kaliningrado, su enclave más occidental, lo cual representa una amenaza directa a los países de Europa Oriental.

Estos desarrollos crean una posibilidad muy alta de que las medidas de Washington causen una guerra, convencional o nuclear, con Rusia (algo ya previsto por varios informes recientes de grupos de análisis político).

A pesar de esto, los medios de comunicación y el establecimiento político han permanecido en silencio sobre el grado de amenaza de guerra. Sólo el World Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad han sonado la alarma. Llamamos a nuestros lectores a asistir a la Conferencia del 5 de noviembre, "Socialismo versus capitalismo y guerra" y a ser parte de la construcción de un movimiento obrero contra la guerra y el sistema capitalista que la produce.

Andre Damon