El debate Clinton Trump: Un espectáculo degradante

por Patrick Martin
6 octubre 2016

El primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump fue una abominación política y cultural. Se demostró, tanto en estilo y sustancia, la profunda decadencia de la sociedad capitalista estadounidense durante muchas décadas.

Dice mucho sobre el sistema político de Estados Unidos que, de los 330 millones de estadounidenses, la elección para presidente se ha reducido a estos dos individuos, ambos miembros de la aristocracia financiera –la última vez que ellos se reunieron fue cuando Clinton asistió a la tercera boda de Trump en el 2005. Ambos justificadamente son profundamente odiados por la gran mayoría de la población.

El supuesto “debate” careció de toda sustancia intelectual y contenido político racional. Ningún asunto fue considerado siquiera con una pizca de inteligencia u honestidad. Ambos candidatos mintieron sin esfuerzo o vergüenza, lanzándose insultos mutuos y frases preparadas, mientras que a la vez reclamaban ser defensores de los trabajadores.

El sistema capitalista bipartidista en Estados Unidos siempre ha sido un insulto a la inteligencia y la verdad. Siempre se ha basado en los políticos que representan los intereses de un pequeño estrato en la parte superior de la sociedad, fingiendo a la vez hablar en nombre de todo el pueblo norteamericano. Pero en el 2016, esta pretensión ha perdido toda credibilidad.

Trump es la personificación del gangsterismo de los negocios, un multimillonario que construyó su fortuna en base a estafas, quiebras, el robo de salarios y pactos con la mafia. Cuando Clinton lo acusa de aprovecharse del colapso del mercado de hipotecas, que detonó el colapso financiero de 2008, su respuesta fue: "Así son los negocios". Cuando ella lo acusó de no pagar impuestos, se jactó diciendo, "Eso me hace inteligente".

Clinton es la personificación del gangsterismo político, profundamente envuelta en los crímenes del capitalismo estadounidense durante los últimos 25 años, incluyendo la destrucción de los programas de bienestar social, la criminalización de la juventud minoritaria, y las guerras imperialistas que han matado a millones de personas. En un momento del debate, declaró que su estrategia para derrotar a ISIS se centra en el asesinato de su líder, Abu Bakr al-Bagdadí. Hizo alusión a su papel en "eliminar" a Muammar Gaddafi en Libia, y dijo que haría de ese tipo de asesinatos "un principio fundamental" de su política exterior.

Clinton llegó al debate como la favorita de los medios de difusión y la élite gobernante de Estados Unidos, una confiable sirvienta de la aristocracia financiera que puede ser llamada a servir de careta política del aparato militar y de espionaje. En el debate apareció como representante de la política de identidad al servicio del imperialismo. Repetidamente hizo alusiones raciales y de género; amenazó a Rusia con la guerra; y aludió que la crisis en el Medio Oriente podría ser resuelta matando a las personas correctas.

Trump ha conseguido apoyo aparentando ser el vocero de la inquina del pueblo suscitada por la caída catastrófica de la posición social de los trabajadores. Hace referencia al cierre de plantas, enorme desempleo, aumento de la pobreza, deterioro de carreteras, escuelas, aeropuertos, etcétera; pero no ofrece ninguna solución salvo la eliminación de toda restricción a las operaciones de las grandes empresas, cortar impuestos por la mitad para las corporaciones y cortando las reglamentaciones para las empresas.

Este multimillonario de inclinación fascista hizo quizás la única declaración veraz en el debate cuando dijo que el capitalismo estadounidense se enfrenta a un desastre después de la "recuperación" de la peor crisis desde la Gran Depresión. "Estamos en una gran burbuja, fea y cochina, que va a venirse abajo tan pronto el Banco Federal suba las tasas de interés", dijo. Esto recuerda la observación formulada por el presidente George W. Bush durante la crisis financiera de septiembre de 2008, cuando escupió: "Este revoltijo va ha explotar."

Los medios de información, entregados a ambos partidos, el Democrático y el Republicano, chismeaban tanto antes como después del debate, sobre la necesidad de verificar las cosas que dicen los candidatos. Pero todo el debate fue una mentira, de principio a fin. Las falsedades pronunciadas por Trump y Clinton son un comino en comparación a la mentira mayor de que estos candidatos ofrecen una verdadera opción para el pueblo estadounidense.

Cualquiera que sea el resultado de la elección, gane Donald Trump o Hillary Clinton, el próximo gobierno será el más reaccionario de la historia del país. Se basará en un programa de guerra imperialista, austeridad social y ataques contra los derechos democráticos.

La tarea de la clase trabajadora es prepararse políticamente para las luchas que resultarán del camino hacia la guerra y la profundización de la crisis del capitalismo mundial.