Declaración del candidato del partido Socialista por la Igualdad sobre la destitución del gobernador de California

"La debacle del Partido Demócrata reivindica la lucha para establecer al PSI como alternativa socialista"

14 October 2003

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John Christopher Burton, candidato del partido Socialista por la Igualdad en las recientes elecciones para la destitución y reemplazo del gobernador de California, hizo la siguiente declaración el martes por la noche, 7 de octubre. Burton, abogado defensor de los derechos civiles en Los Ángeles, se postuló como candidato de reemplazo en las elecciones que tuvieron lugar el martes pasado. Aunque Burton abogara contra la destitución del gobernador Gray Davis, tampoco le dio ningún apoyo político a éste, ni a ningún otro candidato relacionado con los Partidos Demócrata y Republicano. Le presentó al público un programa socialista en oposición a la política de ambos partidos de las grandes empresas.

La gran mayoría de la votación para destituir al gobernador Gray Davis no significa otra cosa que un voto de no confianza en el Partido Demócrata. El triunfo de Arnold Schwarzenegger y sus partidarios empresariales de la derecha no sucedió porque pueblo de California apoya su programa social reaccionario—que mantuvieron encubierto durante todo el proceso electoral—sino porque las amplias masas del pueblo trabajador se ha enajenado totalmente de los demócratas.

¡Y con gran razón! El gobierno de Davis fue criatura de los grandes negocios. Durante los años de prosperidad, cuando el mercado de dot.com dominaba la bolsa de valores, estuvo a la cabeza de una orgía de acumulaciones de fortunas privadas por parte de los ejecutivos e inversionistas empresariales. Esto sucedía a la vez que la situación de los trabajadores se estancaba y nada se hacía para resolver los problemas crónicos de la pobreza, las escuelas que se derrumban, la falta de vivienda para los desamparados, y la escasez de atención médica adecuada. La concentración de las fortunas en manos de la oligarquía financiera se expandió más, y el abismo entre los ricos y la enorme mayoría del pueblo se ensanchó más.

A medida que Davis continuaba la política de sus predecesores Republicanos para fortalecer la maquinaria represiva del estado, más recursos consagraba a las cárceles y a los cuerpos de la policía.

Cuando la burbuja del dot.com reventó y el presupuesto estatal entró en déficit, Davis y los Demócratas establecieron toda una serie de reducciones enormes en la educación, la atención médica, y al mismo tiempo aumentaron las cuotas para el registro de automóviles, cuyo peso cae sobre los hombros del pueblo trabajador. Igualmente, cuando las empresas energéticas gigantes, tales como Enron, manipularon los mercados de electricidad para crear la escasez y aumentar los precios, el gobierno de Davis más bien castigó al pueblo en general, aumentando los precios y gastando billones de dólares para comprar la energía eléctrica a precios exhorbitantes.

Es como si la ira y el descontento populares que estas acciones desataron fueran una carnada para la derecha Republicana, quien, respaldada por la clase empresarial gobernadora, financió la destitución con tal de circunvenir los procesos democráticos normales e instalar un gobierno aún más reaccionario. Por último escogieron a Arnold Schwarzenegger, estrella multimillonaria de películas de acción y especulador en bienes raíces, como su representante.

Como las elecciones de hoy han mostrado, los Demócratas no pudieron ofrecer ninguna alternativa seria a los trabajadores de California. A las campañas electorales de Davis y del principal candidato de reemplazo, el vicegobernador Cruz Bustamante, no sólo carecieron de fondo; fueron completamente cínicas, puesto que ellos también son, igual que Schwarzenegger, títeres de las grandes empresas. No le ofrecieron al público ningún plan para resolver semejante crisis social tan profunda y aguda. Más de 6 millones de residentes de California no tienen seguro médico. El precio de la vivienda ha subido tanto que millones de familias obreras no pueden pagarlo. Todos los días desaparecen más empleos con buenos sueldos.

Estos políticos tampoco trataron de desenmascarar la profundamente reaccionaria y anti democrática confabulación que sirvió de base para la campaña para la destitución. Tampoco pudieron oponerse al enjuiciamiento de Clinton y al robo de las elecciones presidenciales del 2000.

Durante el transcurso de la campaña para la destitución, los Demócratas se portaron como cobardes al guardar un silencio absoluto acerca de la pandilla derechista de George W. Bush. En todo momento rehusaron vincular la lucha contra la destitución a la lucha contra el gobierno en Washington. Y sobretodo rehusaron toda referencia a la catastrófica guerra imperialista en Irak, que diariamente no sólo causa la pérdida de vida de tantas tropas estadounidenses y tantos civiles iraquíes, sino que desperdicia cientos de billones de dólares al mes. Es una hemorragia en la economía que terminará en mayores reducciones a la atención médica, las pensiones y los empleos, y a la reducción adicional de la infraestructura básica del país.

Durante los últimos días de la campaña, los demócratas trataron de aprovecharse de las sinvergüenzerías sexuales de Schwarzeneggger, pero esto no fue más que un intento patético para evadir los temas fundamentales. A fin de cuentas, sólo lograron hacerle hincapié a su propia impotencia política.

Las encuestas iniciales de opinión pública, específicamente las que tomaron lugar tras los votantes salir de las urnas electorales, en conjunto con varias estadísticas sobre la votación, indican lo enajenado que está el pueblo del Partido Demócrata. Aunque la cantidad de votos fue apenas mayor que para las elecciones para gobernador en el 2002—pero mucho menos de los récords que se habían predicho—ésta fue menos intensa en las zonas obreras que tradicionalmente votan por los Demócratas que en los precintos Republicanos. Y a pesar de la campaña a favor de Davis y los Demócratas por parte de los burócratas que rigen los sindicatos, la cual costó aproximadamente $5 millones, más o menos el 50% de los obreros en sindicatos votaron a favor de la destitución, y 40% de éstos votaron por Schwarzenegger para reemplazar al gobernador.

Y el apoyo de los votantes hispanos también fue igualmente desastroso. La mitad apoyó la destitución.

Esta última debacle del Partido Demócrata — tras su desintegración en las elecciones congresistas del 2002, cuando perdió control del Senado de Estados Unidos y fracasó en aumentar su representación en la Cámara de Diputados—tiene que darle un nuevo ímpetu a los trabajadores y a la juventud de California y de todo el país para reconocer lo siguiente: es fútil creer que este instrumento político de la clase gobernante va a defender sus intereses sociales y derechos democráticos.

Tal como he tratado de explicar durante toda mi campaña, el Partido Demócrata es partido de la clase empresarial gobernante de Estados Unidos. No importa cuanto difiera de los Republicanos, a fin de cuentas defiende la misma oligarquía, que es la razón por la cual defiende las guerras imperialistas en el extranjero y la austeridad y la represión política en el interior del país.

La debacle Demócrata en California reivindica mi campaña y la del Partido Socialista (PSI) por la Igualdad para romper con los dos partidos del capitalismo estadounidense y establecer al PSI como el partido socialista de las masas trabajadoras. Este será el rumbo hacia adelante mediante estallen las luchas durante las semanas y meses venideros, a medida que millones de trabajadores aprenden de sus amargas experiencias y se den cuenta que las agresiones contra sus empleos y sus estándars de vida van a empeorar con Schwarzenegger en el poder.

Llamo a todo el pueblo trabajador a que estudie la declaración sobre las elecciones que el PSI ha publicado y que tome la decisión de integrarse a, y a desarrollar, este partido.