México Después de las Elecciones

3 August 2000

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Las elecciones mexicanas del 2 de julio, que representan la primera vez en la historia de ese país en que el poder pasa de un partido a otro, han sido alabadas por la prensa mexicana y estadounidense como un triunfo para la democracia.

Típico de la reacción fue la revista británica Economist, quien escribió que los votantes mexicanos “acabaron siete décadas de gobierno por el PRI [Partido Revolucionario Institucional], dejaron atrás toda una era de historia mexicana, y por fin convirtieron a su país en una verdadera democracia”. De igual manera, el Wall Street Journal se refirió a Vicente Fox, victorioso candidato presidencial de la derecha, como un David que desafió y le ganó a un Goliat aparentemente ‘invencible', convirtiendo a México en “una democracia completa”.

En realidad, el derrocamiento del PRI y la victoria del PAN (Partido de Acción Nacional) no significa ningún florecimiento de la democracia. Representa la intensificación de la política del mercado libre que iniciaran los gobiernos del PRI más recientes bajo presión de Los Estados Unidos, del capital financiero internacional y de las explosiones de tensiones sociales que por largo tiempo habían sido mantenidas bajo el control sofocante del viejo partido.

El nuevo presidente Fox, quien fácilmente derrotó a Francisco Labastida del PRI y a Cuauhtemoc Cárdenas del Partido Revolucionario Democrático, de tendencia populista e izquierdista, no tomará las riendas del gobierno hasta el 1ro. de diciembre, permitiéndole al PRI un largo período de transición en el cual este último mantendrá control de la presidencia y de varias otras palancas del poder. Indicios de conflictos políticos venideros ya han surgido sólo dos semanas después del voto.

La derrota del PRI luego de 71 años de poder tiene significado histórico. La mente popular por largo tiempo ha asociado al partido con la Revolución Mexicana de 1910-1917. A pesar de corrupción y burocratismo que duraron décadas, el PRI todavía tomaba la pose de representante de los intereses de los trabajadores y campesinos mexicanos. La aplastante derrota fue por un margen que sorprendió hasta los dirigentes de los tres partidos burgueses principales.

Para millones de trabajadores, campesino, pequeños negociantes y estudiantes, los gobiernos del PRI habían llegado a ser asociados con la represión política, el soborno, la corrupción y, en los últimos años, el tráfico de drogas. El PRI perdió abrumadamente en la región norte del país, que es más industrializada, y terminó en un pobre tercer lugar en la capital, donde vive más del 10% de la población mexicana.

Fundado en 1929 por Plutarco Elías Calles, dirigente del círculo de generales que dominaron a México después de la revolución, el PRI tradicionalmente se nutría a través del control de la presidencia mexicana. El PRI nunca se ha opuesto, y nunca ha sido forzado a organizar o financiar su vida política sin la autoridad y los favores políticos de la rama ejecutiva del gobierno. Por ejemplo, casi todos los empleados del estado la pagan cuotas al PRI por sus empleos.

El victorioso PAN es un partido pro iglesia católica y derechista, arraigado en el fascismo español y con gran simpatía por la doctrina conservadora católica. Los estados controlados por el PAN han mostrado su intolerancia hacia los derechos de las mujeres y cierta tendencia hacia la censura. En el escándalo bancario FOBAPROA, el PAN se unió al PRI para ocultar pruebas de fraude corporativo y saqueo cometidos por banqueros y financieros prominentes, entre los cuales se hallaban parientes y compinches de Fox y de Zedillo.

El PRD, presunta alternativa “izquierdista” al PAN y al PRI, fue ampliamente desacreditado, no sólo por su pésimo rol en el gobierno de la Ciudad de México desde 1997, sino por el papel que jugó en la represión de la huelga que los estudiantes de la Universidad Autónoma de México (UNAM) sostuvieron por diez meses. Además de hacerse pasar como caudillo—(el padre de Cuauhtemoc Cárdenas fue el famoso presidente Lázaro Cárdenas, quien llevó a la práctica reformas agrarias populares y nacionalizó la industria del petróleo en los 1930) - el PRD no ofreció ninguna alternativa política. Durante toda la campaña, Cárdenas dejó bien claro que no iba tocar los planes del Fondo Internacional Monetario y Wall Street para de regular y convertir a las industrias nacionalizadas en empresas privadas.

Luchas Internas del PRI

El impacto que la pérdida de las elecciones ha tenido sobre el PRI ya se puede ver. Cierto sector de la vieja guardia del PRI, conocida como “los dinosaurios”, ha culpado al presidente que sale, Ernesto Zedillo, por la derrota, aunque la jerarquía entera del partido había respaldado a Labastida. Tales figuras de la vieja guardia como el ex Ministro del Interior, Manuel Bartlett, quien muchos creen organizó el robó del voto presidencial en 1988, fueron reclutados al servicio del partido para darle fuego a la campaña electoral de Labastida durante las últimas semanas.

Luego de la derrota del PRI, Bartlett públicamente castigó a Zedillo, diciendo que éste no tenía ninguna legitimidad como dirigente del PRI porque su decisión en ampliar las elecciones había contribuido a la victoria de la oposición. Después que Dulce María Sauri, subsiguiente al voto del 2 de julio, renunció su puesto de líder principal del PRI, otro “dinosaurio”, Roberto Madrazo, gobernador del estado de Tabasco, declaró que a Zedillo no se le debería permitir escoger a un sucesor. Seis de los ocho miembros del comité ejecutivo del PRI renunciaron el 12 de julio, tirando a la confusión todos los asuntos internos del partido.

El PRI está muy dividido en cuanto a como dirigirse al gobierno entrante de Fox, el cual no domina el Congreso. Zedillo y sus partidarios favorecen una asociación cooperadora. En términos económicos y planificación social, hay poco que separe al PAN del régimen actual. Madrazo, sin embargo, se hizo pasar de populista, sugiriendo que el PRI debería resistir rotundamente medidas como la desnacionalización y las reducciones de subvenciones a zonas rurales, lo cual podría terminar en parálisis legislativa.

La derrota electoral tendrá impacto particular sobre los sindicatos controlados por el PRI, el Congreso de Trabajadores (CT) y el Congreso de Trabajadores Mexicanos (CTM). Estas organizaciones corporativas, que habían susurrado una posible huelga general si Fox era elegido, han echado estas amenazas a un lado. Los burócratas del CTM han reconocido la victoria de Fox y, de acuerdo a Proceso, revista semanal mexicana, hasta lo felicitaron el 4 de julio en un expediente muy extraño que incluía las firmas de varios dirigentes sindicales ya fallecidos.

Desde ese entonces, los dirigentes del CTM, muy asociados con la vieja guardia del PRI, han expresado terror que los trabajadores abandonarán en estampida a sus organizaciones desacreditadas, pues éstos ya no tienen una conexión cordial con el poder ejecutivo. Por su parte, el presidente electo Fox anunció que limitaría al Ministerio del Interior, que había regido los asuntos obreros, a coordinar las relaciones entre los gobiernos estatales y locales.

Los candidatos de la burocracia sindicalista que se postularon bajo la bandera del PRI fueron de los que peores derrotas sufrieron. De 29 puestos que Zedillo le había otorgado al CT y al CTM en el Congreso, solo cinco candidatos ganaron. En comparación a las elecciones de 1978, cuando el PRI dominaba la política mexicana totalmente, 115 funcionarios sindicalistas fueron elegidos a las dos cámaras de la Legislatura.

Desafecto y desmoralización entre los miembros de fila del PRI ya son evidentes. Se ha informado que en el estado de Chiapas el partido reinante sufrió enormes deserciones. En municipalidades cerca de la Ciudad de México, varios partidarios del PRI emprendieron riñas callejeras con partidarios del PAN o del PRD.

El PRI mantendrá muchos puestos con poder legislativo y burocrático después que Zedillo salga de la presidencia. Aunque ninguno de los partidos tiene mayoría, el PRI, sin llevarle mucha ventaja al PAN, seguirá siendo el partido principal en ambas cámaras del Congreso. El PRI controla 20 de los 31 gobiernos estatales de México, aunque sí perdió los dos únicos votos estatales el 2 de julio, y también se enfrenta a derrotas adicionales en las elecciones estatales del próximo mes. Persona del PRI también controlan la compañía de petróleo PEMEX, que es nacionalizada y gran fuente de favores políticos.

Contradicciones en el campo de Fox

En cuanto al PAN, su victoria en las elecciones presidenciales representa un enorme fenómeno contradictorio. La política social y económica del partido carecen de apoyo popular: más privatizaciones; reducciones en los gastos para el bienestar social, sobretodo para los pobres rurales y urbanos; un papel mayor para la jerarquía Católica, que las tradiciones seculares de la Revolución Mexicana por largo tiempo han excluido de participación en las esferas de la influencia.

El candidato presidencial del PAN, Vicente Fox, buscó la manera de evadir responsabilidad por este programa basándose en la demagogia populista, censurando el monopolio político y la corrupción del PRI, prometiendo soluciones instantáneas a problemas sociales como el crimen, la pobreza, y al deterioro de la infraestructura y los servicios públicos que se deterioran. Hasta prometió resolver la rebelión de Chiapas “en 15 minutos”.

Fox dependió mucho de su imagen de caudillo, lo cual no es nada nuevo para la política mexicana. Sólo por su experiencia como ejecutivo de la Coca Cola y su único término como gobernador del estado de Guanajuato, Fox la aseguró a todos que iba a limpiar a la política mexicana y un período de prosperidad y justicia social para todos.

En un esfuerzo para distanciarse de la imagen derechista del PAN, Fox se rodeó de un grupo de intelectuales liberales quienes basaron su campaña en que cualquier alternativa al PRI, no importara su política, era mejor que la continuación del viejo régimen. Fox también contó con el apoyo del Partido Verde, el cual aumentó sus puestos en la Cámara de Diputados y ganó varios en el Senado.

Esta postura “izquierdista” continúa aún en el período pos electoral. Para coordinar la transición del gobierno de Zedillo, Fox nombró un comité compuesto de 17 miembros. Entre éstos se encuentran Jorge Castañeda y Adolfo Aguilar Zinser, intelectuales prominentes a cargo de la política exterior. Porfirio Muñoz Ledo, ex dirigente del PRI, coordinará la “reforma política”.

Con esta demagogia populista, Fox ha alentado las esperanzas del pueblo mexicano y se ha metido en camisa de once varas una vez que tome el poder. Sus palabras acerca de la democracia, justicia, prosperidad e igualdad no pueden reconciliarse con las promesas que le ha hecho a los capitalistas criollos y extranjeros que su gobierno garantiza la ejercitación sin control de los derechos de propiedad y de la búsqueda de ganancias. No es difícil adivinar cual de las dos promesas el ex ejecutivo de la Coca Cola va a cumplir.

Pocos días después de su victoria y antes de partir de vacaciones en la mansión un multimillonario en Yucatán, Fox compareció ante una conferencia de prensa y se entrevistó con un periódico español. No dejó ninguna duda que continuará la política de disciplina económica estricta que exige el Fondo Monetario Internacional y que seguía el gobierno de Zedilla. “Respetaremos como se manejan todos los variables económicos para obtener una reacción favorable de los mercados financieros internacionales y de los inversores” (traducido del inglés).

Como gobernador de Guanajuato, Fox siguió una doble estrategia para atraer a inversores extranjeros, tales como American Axle, subsidiaria de la General Motors, y agresivamente reducir las inversiones públicas y los beneficios sociales. Fox y el PAN se vanaglorian que el Ingreso Doméstico Bruto de Guanajuato aumentó 21% entre 1995 y 1999. Las exportaciones subieron de $1.6 billones en 1995 a $4.2 billones en 1998. Todos estos aumentos fueron acompañados por reducciones en la educación y en los servicios sociales y un aumento en la desigualdad de ingresos.

Tarde o temprano, la práctica de esta política en el ámbito nacional requerirá métodos de una índole anti democrática y autoritaria. Las tendencias de Fox hacia formas bonapartistas de gobierno ya aparecieron en una entrevista con La Jornada, en la que enfatizó que gobernaría independientemente de su partido. “El PAN sabe que tiene que respetar el derecho y la autoridad del presidente en escoger su gabinete”, dijo. “Necesitan respetar estas decisiones. ¡El que gobierna es Fox, no el PAN! Es Vicente Fox, y no el PAN, quien se equivoca y comete errores. Vicente Fox es el que tiene éxito, no el PAN”.

La victoria de Fox—y la pronta aceptación de Zedillo—despertó un auge financiero. La bolsa de valores mexicana subió 6% el día después de las elecciones. El valor del peso aumentó 5% cuando los inversionistas pujaron el precio de la moneda mexicana y el capital fluía al país. La euforia acerca de Fox también aumentó los precios de las acciones en Argentina, Brasil y Chile.

El Wall Street Journal, no perdió tiempo en aconsejar a Fox. El 5 de julio convidó a Fox a completar la política de desnacionalización que sus tres predecesores—de la Madrid, Salinas y Zedillo—habían comenzado con el desmantelamiento de las utilidades públicas y la venta de las industrias petroquímicas. Aunque reconoce que Fox no está en condiciones, por lo menos a corto plazo, poner a la compañía nacional mexicana de petróleo, PEMEX, en subasta, el periódico le aconsejó que les ofreciera nuevos contratos arrendatarios del petróleo a capitalistas extranjeros.