La audiencia de Kavanaugh: acusaciones sexuales atizan política derechista del Partido Demócrata

24 septiembre 2018

En la semana siguiente, la comisión de Asuntos Judiciales del Senado realizará audiencias sobre si Brett Kavanaugh, el nominado a la Corte Suprema del presidente estadounidense, Donald Trump, agredió sexualmente a Christine Blasey Ford cuando ambos estaban en el colegio a principio de los ochenta.

Cuando finalice el espectáculo, no se sabrá más sobre qué aconteció verdaderamente que cuando se hizo pública por primera vez la acusación hace más de una semana. Ford afirma que Kavanaugh la manoseó e intentó imponerse a la fuerza en una fiesta en Maryland hace 36 años, mientras que Kavanaugh lo niega.

Independientemente de lo que ocurriera o no en esa fiesta colegial, la acusación de Ford se ha convertido en el foco de atención casi exclusivo de la política estadounidense antes de las elecciones de medio término. Es necesario entender los intereses políticos que han impulsado la acusación de Ford hasta un escenario nacional.

Hay incontables temas en los que el Partido Demócrata se pudo haber enfocado para oponerse a la nominación de Kavanaugh, como su participación en redactar las políticas de tortura del Gobierno de Bush, su papel en el juicio político contra Bill Clinton, sus posturas ultraderechistas sobre los derechos al aborto y las regulaciones empresariales. Hubo una decisión consciente y deliberada de centrarse en las acusaciones sobre lo que Kavanaugh pudo haber hecho cuando todavía era un menor.

Es un acto de manipulación política. Durante los últimos 25 años, los escándalos sexuales se han convertido en el mecanismo predilecto para resolver conflictos políticos en un sistema dominado por oligarcas incapaces de apelar directamente a los intereses sociales o económicos de las masas trabajadoras.

A mediados de los noventa, cuando el Partido Republicano buscaba explotar acusaciones de conducta sexual inapropiada contra el entonces presidente, Bill Clinton, el Partido Demócrata respondió con hostilidad, con Hillary Clinton calificando correctamente las acusaciones como una “vasta conspiración derechista”.

Veinte años después, son los demócratas los que están dependiendo principalmente en acusaciones de esta índole.

Las elecciones de 2018 son un factor importante en los cálculos de los demócratas. Durante la carrera electoral y respecto a la oposición general a Trump, los demócratas se han dedicado a asfixiar y suprimir las cuestiones fundamentales de clase que conciernen a la vasta mayoría de la población: la desigualdad social, los ataques contra los trabajadores inmigrantes, la destrucción de los derechos democráticos, entre otros. El principal foco han sido las acusaciones de “injerencia rusa”, un cuento político que corresponde a la estrategia política internacional de secciones dominantes de la burguesía.

La política de los escándalos sexuales es la principal añadidura a los cimientos políticos del Partido Demócrata. La acusación de Ford coincidió deliberadamente con la última etapa de la campaña electoral de medio término y ha sido objeto de la máxima atención de la prensa.

Una vez que se hizo pública la acusación, la abogada de Ford, Debra Katz, una donante desde hace mucho tiempo del Partido Demócrata que dio miles de dólares a las campañas de Hillary Clinton y se refirió a los simpatizantes de Trump como “rufianes”, exigió una investigación del FBI para que el proceso de nominación se extienda y domine los noticieros hasta las elecciones.

En ese momento, grupos alineados con el Partido Demócrata como Demand Justice comenzaron a pagar anuncios electorales que retrataban a los republicanos como defensores de las violaciones y la agresión sexual.

Los anuncios rememoran la campaña mediática “mano dura contra el crimen” de George H. W. Bush de 1988, en la que el candidato presidencial demócrata, Michael Dukakis, fue retratado como un defensor de un criminal convicto por violación, Willie Horton. Uno de los anuncios de Demand Justice relata, “Cuando la Christine de 15 años intentó gritar, su atacante le cubrió la boca para que nadie la pudiera oír… ¿Escuchará [la senadora republicana de Nevada] Dean Heller?”. El anuncio pasó por alto que siguen siendo solo acusaciones.

El objetivo de dicho enfoque del Partido Demócrata tiene dos caras. Por un lado, está su promoción de la política de identidades, con la cual buscan atraer a las secciones más adineradas de la clase media-alta que conforma su base de apoyo. Las acusaciones de Ford pueden aglutinarse a la falsa narrativa de que la división fundamental de la sociedad es entre hombres y mujeres.

Según un artículo de NBC repasando los datos electorales de 2018, la estrategia está funcionando. “Los republicanos ya están encarando grandes dificultades este año con mujeres blancas y con educación universitaria en distritos suburbanos adinerados”, indica el artículo y cita al encuestador demócrata Cornell Belcher: “Casi cada semana, Donald Trump hace algo que insta a estas mujeres suburbanas a agarrar sus perlas”.

En segundo lugar, los demócratas tienen mucha práctica en utilizar los temas de violencia y acoso sexuales para enterrar o suprimir las cuestiones de clase (incluyendo las cuestiones de clase involucradas en el abuso sexual), además de que contaminan y manipulan la consciencia pública para promover políticas sumamente antidemocráticas y, en última instancia, reaccionarias.

Las elecciones de 2016 marcaron un punto de inflexión en esta estrategia, cuando la campaña de Hillary Clinton denigró a los votantes de clase trabajadora como “deplorables”, evitó criticar el programa derechista de Trump y, en cabio, se enfocó en las acusaciones de acoso sexual contra el entonces candidato republicano en torno a la publicación de la cinta de “Access Hollywood” semanas antes de los comicios.

Más temprano ese año, durante las primarias demócratas, la campaña de Clinton convirtió la presuntamente leve sentencia contra el estudiante de la Universidad de Stanford, Brock Turner, en una controversia política nacional a fin de presentar su campaña como el vehículo para el empoderamiento de las mujeres. El propósito era “cambiar la narrativa”, alejando la atención de temas de desigualdad social, los cuales habían generado un amplio apoyo, incluso de mujeres jóvenes y de clase trabajadora, para la campaña de Bernie Sanders. La demanda principal que resultó de esto fue la imposición de penas más severas, un punto tradicional de la ultraderecha.

En vez de replegarse después de la derrota de Clinton el Partido Demócrata intensificó sus apelaciones de género e identidades durante las elecciones al Senado en Alabama de 2017, haciendo campaña principalmente en torno a las acusaciones de que Roy Moore era un violador y pedófilo. Poco después, se utilizaron acusaciones similares para forzar la renuncia del senador demócrata de Minesota, Al Franken, y el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, otro demócrata.

La campaña #MeToo (#Yotambién) sentó las bases para escalar la iniciativa del Partido Demócrata. En octubre de 2017, el New York Times y el exasesor demócrata del Departamento de Estado, Ronan Farrow, inauguraron la campaña #MeToo con la expulsión de Harvey Weinstein. La campaña ha sido utilizada para socavar severamente el derecho a un proceso legal debido y promover la censura directa, como ocurrió con la renuncia forzada del editor del New York Review of Books, Ian Buruma, por publicar un artículo de Jian Ghomeshi, quien había sido acusado de conductas sexuales indebidas y declarado inocente .

La respuesta a las acusaciones de Ford es el más reciente paso de esta operación.

CNBC publicó un artículo intitulado “La acusación contra Kavanaugh da nuevo impulso a #MeToo antes de las elecciones de medio término—y un nuevo ‘Año de la Mujer’ podrían ser malas noticias para los republicanos”, donde cita a Celinda Lake, una encuestadora y consultora política demócrata.

Lake afirma: “Es el Año de la mujer y [los republicanos] no nominaron a ninguna. El error más grande que cometió el Partido Republicano fue no nominar a más mujeres”.

Esta es una afirmación reveladora. Según el Partido Demócrata, lo que es relevante no es que Trump y los republicanos han recortado drásticamente los impuestos sobre los ricos, separado a miles de niños inmigrantes de sus padres, eviscerado las regulaciones de seguridad laboral y ambientales y aumentado dramáticamente el gasto militar a expensas de las necesidades sociales de la población.

Grupos como la Organización Internacional Socialista (ISO, por sus siglas en inglés) han apoyado esta campaña derechista. En un artículo llamado “#MeToo contra el Senado”, su sitio web Socialistworker.org escribe: “la inculpación de víctima y la humillación de Blasey ya han cambiado la opinión pública y se necesita ser movilizado de toda forma posible para oponerse al impulso para colocar a otro agresor sexual en la Corte Suprema (énfasis añadido)”. Este es un llamado abierto a apoyar al Partido Demócrata.

A fin de cuentas, si los demócratas llegaran a controlar el Congreso, ayudarán a confirmar a Kavanaugh o se asegurarán de que sea nominado un magistrado igual de reaccionario. Los demócratas están fundamentalmente de acuerdo con el programa derechista de Trump y Kavanaugh.

La clase gobernante está tomando nota de todas las señales de una explosión social venidera, incluyendo los niveles más altos de actividad huelguística en décadas. Las encuestas muestran una oposición masiva a Trump, un enojo creciente hacia el programa económico proempresarial de ambos partidos y el aumento en el interés de trabajadores y jóvenes hacia el socialismo. Bajo estas condiciones, la clase gobernante busca envenenar la atmósfera, enfrentando a unos trabajadores contra otros y debilitando a la clase obrera internacional en antelación a las contundentes batallas de clase que se avecinan.

La tarea de los socialistas es desenmascarar la agenda derechista que los demócratas están buscando avanzar detrás de la cortina de humo de escándalos sexuales y luchar por unificar a la clase obrera en todo el mundo en lucha por el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de setiembre de 2018)

Eric London