Brett Kavanaugh y el papel —una vez más— de las acusaciones de mala conducta sexual en la política estadounidense

20 septiembre 2018

Brett Kavanaugh, el nominado del presidente estadounidense, Donald Trump, a la Corte Suprema, es un reaccionario político veterano, un vocero de intereses económicos poderosos y un enemigo de la clase obrera.

También fue el principal autor del reporte de Kenneth Starr al Congreso sobre el escándalo sexual de Monica Lewinsky y Bill Clinton, estando en el epicentro del intento de un golpe de Estado por juicio político en 1998 contra un presidente que ganó dos elecciones. Unos años después, como abogado en la Casa Blanca de George W. Bush, Kavanaugh ayudó a formular sus políticas inconstitucionales y criminales de detención e interrogación (es decir, tortura).

Desde su nombramiento a la Corte de Apelaciones de EUA en 2006, Kavanaugh ha avanzado intransigentemente una agenda derechista, emitiendo un fallo tras otro en defensa de las grandes empresas, en contra del derecho al aborto y las regulaciones ambientales y a favor de medidas autoritarias y antidemocráticas. Es una figura repugnante de pies a cabeza que, de llegar a ser confirmado a la Corte Suprema, consolidaría su carácter y dirección hacia la extrema derecha.

Nadie podría simpatizar menos con Kavanaugh que nosotros.

Sin embargo, el New York Times, Washington Post, los dirigentes demócratas y otras figuras políticas están buscando bloquear la nominación de Kavanugh con base, una vez más, en una acusación de mala conducta sexual. Cabe resaltar, al no haberse cotejado con evidencia no es más que una acusación.

En gran medida, la campaña en marcha es un esfuerzo para enterrar los aspectos políticos más importantes de su candidatura a la Corte.

Christine Blasey Ford, una profesora de psicología en la Universidad de Palo Alto, California, acusó a Kavanaugh y a un amigo de agredirla sexualmente a principios de los ’80 cuando los tres eran estudiantes de colegio. El presidente de la comisión de asuntos judiciales del Senado, Charles Grassley (republicano de Iowa) ha solicitado que Kavanaugh y Blasey aparezcan en una audiencia el lunes.

Los argumentos y métodos se han tomado prestados de la campaña #MeToo (#Yotambién). “Hay que creerle a ella”, nos dicen. Blasey ya está siendo identificada por algunos como una “sobreviviente de una agresión sexual”. De hecho, ninguno de los comentaristas, incluyéndonos, tenemos alguna manera de saber qué pasó.

No es completamente claro a este punto si Blasey aparecerá en la audiencia del Senado el lunes. El New York Time s ya está preparando justificaciones por si decide no hacerlo. La “Dra. Blasey”, leemos, “lanzada de repente en el centro de atención que nunca buscó, ha sido inundada de correos electrónicos y mensajes en redes sociales vulgares e incluso amenazas de muerte, según una persona cercana a ella, quien habló desde el anonimato para discutir algo privado”. Blasey “está efectivamente escondida”, dijo la persona.

En algún momento y de forma legítima o ilegítima, la Dra. Blasey ciertamente buscó el centro de atención. Y el daño que causan las fuentes anónimas y no fiables debería serle evidente a estas alturas hasta a los más ingenuos.

Si esta acusación se comprueba con hechos, en vez de los recuerdos de una persona 35 años después, son razones suficientes para rechazar la nominación de Kavanaugh. Sin embargo, los argumentos en torno a este asunto son perniciosamente similares a los que utilizan las cacerías de brujas sexuales en Hollywood y la prensa. Este caso tiene implicaciones que van más allá de lo que ocurra con el despreciable Sr. Kavanaugh. Tiene que haber una carga probatoria, incluso cuando se trata de alguien como Kavanaugh.

En la película de Otto Preminger de 1962, Advise and Consent ( Consejos y Consentimiento ), la develación de una relación homosexual lleva al suicidio de un senador derechista estadounidense. Mientras que el filme apesta al liberalismo de la Guerra Fría, acierta en una cosa: las acusaciones de conducta sexual inapropiada para alcanzar fines políticos son tratadas como algo vergonzoso y nocivo a los principios.

Tenemos el ejemplo en vida real del juicio político de Clinton, en el que Kavanaugh desempeñó un papel deplorable. Sin duda, la política de los escándalos sexuales ha estado asociada con la ultraderecha. Ha sido la contribución de los demócratas, el Times, la revista Nation y otros convertirla en una causa de la “izquierda”.

Hay innumerables razones para oponerse a la nominación de Kavanaugh. Pero la oposición política montada por los demócratas ha sido irresponsable, ocultando detrás de la afirmación de que el control republicano del Senado torna la confirmación de Kavanaugh inevitable. Sin embargo, ahora que se ha presentado una acusación de mala conducta sexual, los demócratas y sus socios en la prensa actúan cada vez más como leones.

Una declaración de la junta editorial del Times publicada el martes—“Por qué Estados Unidos necesita escuchar a la acusadora de Brett Kavanaugh”— lleva el sofismo y la hipocresía a otro nivel para justificar el título.

El editorial afirma que “las acusaciones son detalladas y espantosas. Sin embargo, a este punto, solo se ha presentado una acusación de una persona. El Times califica la afirmación de Kavanaugh de ser inocente como “el tipo de negación que un hombre inocente ofrecería”, antes de añadir, “También es cada vez más el modus operandi en tiempos de Donald Trump, sin importar las acusaciones: no menciones nada específico, solo niega, niega, niega”. En otras palabras, la negación de Kavanaugh es equivalente a una admisión de culpa.

Siguiendo la misma argumentación, la opinión editorial reconoce que “hay mucho que no sabemos y probablemente que nunca sabremos con certeza” y luego sugiere lo contrario, que hay “hay dos cosas que sí sabemos… no hay ningún beneficio para las mujeres que presentan historias de acoso o agresión sexual, especialmente cunado el acusado es un hombre famoso y poderoso” y, “mientras que la Dra. Blasey no le ha dado al público ninguna razón para dudar de ella, lo mismo no se puede decir del juez Kavanaugh, quien ha dado testimonios engañosos e imprecisos ante la comisión de asuntos judiciales del Senado a lo largo de los años [una referencia a su encubrimiento del papel que tuvo en la formulación de las políticas de detención durante el Gobierno de Bush]”.

En cuanto al primer punto, solo es una media verdad. Blasey sin duda se ha vuelto la heroína del Times y una parte substancial de la prensa corporativa y la élite política que —por cuestiones tácticas y oportunistas— se opone al Gobierno de Trump.

Respecto al segundo punto, no es un argumento del todo. El hecho de que Kavanaugh sea un verdugo derechista y deshonesto no es prueba de que era un posible violador a los 17 años.

Esta es una acusación seria contra Kavanaugh y, por razones de derecho y proceso legal, debe ser expuesta al público. Sin embargo, el Times está insistiendo en que la determinación de una nominación a la Corte Suprema se decida con base en una acusación cuya veracidad o falsedad —al menos por ahora— nadie tiene la suficiente información para establecer.

Si la audiencia del próximo lunes se lleva a cabo como está planeado, los asesores de Kavanaugh lo prepararán y entrenarán a fondo. La jornada posiblemente ofrecerá su propia fascinación y “drama” sórdidos, pero nadie puede creer que resolver la cuestión. La audiencia no es un juicio en el que se pueda elaborar un enjuiciamiento y una defensa, que toman su tiempo.

Si los demócratas en el Congreso bloquearan la nominación con base en una acusación infundada, no habrán logrado nada de valor. El Times, en su forma típicamente vulgar y pragmática, recurre a la siguiente afirmación: “El punto principal es que Brett Kavanaugh está siendo considerado para un nombramiento para el resto de su vida a la máxima corte del país, y existe una acusación creíble en su contra de agresión sexual”.

El verdadero “punto principal” es que Dianne Feinstein, Patrick Leahy, Dick Durbin, Charles Schumer y el resto de senadores demócratas (junto a los editores del Times no tienen ni el mínimo deseo de exponer a Kavanugh como un defensor de la desigualdad social y la oligarquía corporativa, cuya defensa comparten plenamente. Ni hablar de movilizar a la población en contra de dichas fuerzas y políticas. Hacer eso traicionaría sus propios derechos de clase y expondría su registro de participar en todas las desastrosas políticas antiobreras llevadas a cabo por varios Gobiernos, tanto republicanos como demócratas. Por ende, recurren a lo que ha sido la norma comprobada en décadas recientes: las acusaciones de mala conducta sexual.

El carácter y la trayectoria de la controversia de Kavanaugh y Blasey refleja ante todo la naturaleza podrida de la política burguesa, especialmente en su estado actual y casi indescriptiblemente degradado.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de setiembre de 2018)

David Walsh