El Partido Obrero de Argentina acalla cuestionamiento sobre su alianza con una estalinista rusa con vínculos neofascistas

por Bill Van Auken
20 junio 2018

Han pasado más de dos meses desde que el Partido Obrero (PO) de Argentina fue anfitrión de una conferencia de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI) en Buenos Aires, en donde una de las invitadas de honor era la representante del Partido Comunista Unificado de Rusia (OKP, por sus siglas en ruso), Darya Mitina.

El World Socialist Web Site (WSWS) publicó una exposición de la política detrás de tal “reconstrucción” de la Cuarta Internacional y de la historia de tanto Mitina —una ferviente estalinista conectada estrechamente al Estado ruso— como el mediador que organizó su presencia en Buenos Aires, el líder del Partido Revolucionario de los Trabajadores (EEK, por sus siglas en griego), Savas Michael-Matsas.

El Partido Obrero no se ha molestado en responder a estas revelaciones y, en cambio, ha borrado rápidamente las publicaciones del artículo y las preguntas acerca de sus contenidos de la página de Facebook del partido. Sus sitios web tampoco han tenido artículos que den seguimiento al CRCI ni a los sus grupos o individuos que atendieron la conferencia.

Es evidente que la dirección del Partido Obrero alrededor de Jorge Altamira teme cualquier discusión de las cuestiones suscitadas por el análisis del WSWS y busca ocultarles a los miembros del partido qué se traen entre manos.

Altamira y los principales dirigentes están avanzando una iniciativa política de grandes proporciones, sabiendo con exactitud lo que hacen. El giro hacia elementos como Mitina y los estalinistas rusos forma parte de esfuerzos más amplios para desarrollar una alianza con fuerzas derechistas.

Cualquiera que piense que Mitina está siendo ganada a la perspectiva del trotskismo por medio de su asociación con la CRCI y el Partido Obrero es lamentablemente ignorante o ingenuo.

Como secretaria de asuntos internacionales del OKP, Mitina se dedica a forjar relaciones en nombre del Estado ruso, no solo con aquellos que se autoproclaman socialistas o izquierdistas, sino, y con mucha mayor frecuencia y atención, con fuerzas ultraderechistas y neofascistas.

Un ejemplo fue su papel de organizar y pronunciarse en la conferencia celebrada en la ciudad Yalta de Crimea en agosto del 2014, intitulada “Rusia, Novorrusia, Ucrania: problemáticas y desafíos globales”.

Fue organizada por nacionalistas rusos de derecha, en particular el Club Izborsky, un “centro de pensamiento” ultraderechista en el que participan fascistas rusos como Alexander Prokhanov y Aleksandr Dugin, junto a Mitina.

Los participantes de la conferencia en Yalta conformaban una colección de individuos descritos entusiásticamente por Mitina en un artículo elogiando la conferencia :

“El foro congregó a más de 200 invitados. Políticos, líderes de la resistencia en regiones exucranianas, comandantes de campo del ejército de Novorrusia, representantes de la milicia, miembros del Parlamento de Novorrusia, intelectuales y activistas sociales de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Italia, Polonia, Hungría, Alemania, Reino Unido, Francia, Serbia, Bélgica, Letonia, Estonia y periodistas internacionales que participaron en el trabajo”.

¿Quiénes eran estos “intelectuales y activistas sociales”? Una lista parcial incluye a:

* Frank Creyelman, exmiembro del grupo belga de extrema derecha Vlaams Blok y actual miembro de Vlaams Belang, también de la extrema derecha.

* Luc Michel, miembro del belga y neonazi Parti Communautaire National-Européen

* Márton Gyöngyösi del partido fascista Jobbik de Hungría.

* Roberto Fiore, líder de la italiana y fascista Forza Nuova y sentenciado bajo cargos de conspiración en relación con el bombardeo terrorista de 1980 en la estación de trenes de Boloña en Italia que se cobró 85 vidas.

* Bartosz Bekier, líder del grupo fascista Falanga en Polonia

* Nick Griffin, líder del fascista Partido Nacional Británico (BNP, por sus siglas en inglés)

También estuvieron presentes miembros del ultraderechista partido Samooborona de Polonia y el partido ultraderechista Ataka de Bulgaria. Además, fue invitado el Frente Nacional francés.

En su artículo sobre esta reunión de neonazis, antisemitas, xenófobos, racistas y nacionalistas de extrema derecha, Mitina escribió, “todo esto pudo haber sido un excelente anuncio publicitario para las autoridades crimeas, si adoptaran una postura más clara. De todas formas, no es todos los días en la república que hay una composición tan única de invitados”.

Esta es la misma persona con la que Altamira propone “refundar la Cuarta Internacional”. Como lo señalamos en nuestro análisis previo, Mitina alardea que deja flores en la tumba de Stalin dos veces al año. También es aparente que cuenta con lazos políticos íntimos con fascistas por toda Europa.

Al introducirla a los miembros del PO en abril, Altamira la describió como “una compañera que habla en nombre de la tradición del comunismo en Rusia, incluido el estalinismo”, presentando sus esfuerzos para unirse con tales elementos como un método sumamente superior a la concepción “sectaria” de “una autoconstrucción internacional”, es decir, la lucha por construir un partido internacional auténtico forjado a raíz de una unidad de principios con base en un programa y una perspectiva comunes y mundiales.

Las conexiones entre el estalinismo ruso y el fascismo cuentan con raíces profundas.

Como escribió León Trotsky en su monumental análisis de la degeneración burocrática de la Unión Soviética, La revolución traicionada: “[e]l estrangulamiento de la democracia soviética por la burocracia todopoderosa y el exterminio de la democracia burguesa por el fascismo fueron producidos por una sola causa: la lentitud con que el proletariado mundial cumple la misión que le ha asignado la historia. A pesar de la profunda diferencia de sus bases sociales, el estalinismo y el fascismo son fenómenos simétricos. En muchos de sus rasgos tienen una semejanza mortal”.

Al perder las bases sociales de las relaciones de la propiedad nacionalizada, establecidas por la Revolución de Octubre de 1917 y liquidadas por la burocracia estalinista con la disolución de la URSS en 1991, esta “semejanza mortal” entre el estalinismo ruso y el fascismo se ha vuelto aún más explícita y directa.

Los agentes estalinistas del régimen de Putin como Mitina pueden formular su política según la audiencia, empleando una retórica ligeramente más “izquierdista” al hablarle a los miembros del PO que cuando se reúne con neofascistas como en Yalta.

Sin embargo, los factores esenciales son iguales: chauvinismo ruso, denuncias populistas del “neoliberalismo” y hostilidad hacia la hegemonía de Estados Unidos. Tales políticas no tienen nada en común con el socialismo, siendo mucho más cercanas al fascismo y al nacionalismo de la extrema derecha.

El hecho de que la dirección en torno a Altamira se alíe con elementos como Mitina constituye una advertencia. La política internacional de una organización como el PO es una extensión de su política nacional. Si tales relaciones pueden establecerse internacionalmente, pueden y serán establecidas dentro de Argentina, alineando al PO con fuerzas plenamente derechistas.

Aquellos miembros del PO que se unieron a la organización con el deseo de luchar por el socialismo deberían comenzar a hacer una serie preguntas:

¿Por qué fue invitada Darya Mitina, una estalinista aliada con fascistas europeos, a la conferencia para “refundar la Cuarta Internacional” y presentada como una “compañera” ante los miembros del PO?

¿Qué se discutió con ella?

¿Cuáles son las implicaciones de acoger al estalinismo ruso en la política y práctica del PO dentro de Argentina?

¿Cuál fue el papel que desempeñó en forjar esta reaccionaria alianza política el nada fiable líder del EEK griego, Savas Michael-Matsas, quien invitó a Mitina a sus conferencias en Atenas en medio de sus reuniones con neofascistas en Europa?

Como lo señalamos en nuestro análisis previo sobre la conferencia en Buenos Aires, “la pretensión de ‘refundar’ la Cuarta Internacional en alianza con el estalinismo debe tomarse como una advertencia para la clase trabajadora. Representa un intento de forjar nuevos instrumentos políticos para subordinar a la clase obrera a la burguesía, precisamente cuando está resurgiendo la lucha de clases en todos los continentes”.

Cuanta más información emerja sobre la “compañera” rusa del PO y su socia de “refundación”, tanto más se esclarecerá lo derechista de estos instrumentos políticos.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de junio de 2018)