El camino hacia adelante para los trabajadores franceses

¡La construcción de comités de base para enfrentar las medidas de austeridad de Macron!

25 mayo 2018

Los trabajadores de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses (SNCF, por sus siglas en francés) votaron abrumadoramente en contra de los planes del presidente Emmanuel Macron de privatizar el sistema nacional ferroviario. Desafiando tanto a la gerencia, que presionó para que no votaran, como a una campaña mediática a favor de Macron, el 94,97 por ciento de la planilla de la SNCF votó en contra de las medidas, con una participación del 61,15 por ciento.

Lejos de retroceder, los trabajadores y la juventud se han enfrentado a Macron de forma cada vez más combativa. La votación se produjo inmediatamente después de una jornada de huelga del sector público contra Macron y dos semanas después de que los trabajadores de Air France en huelga sorprendieran a la empresa y a los sindicatos rechazando un contrato de concesiones. Los estudiantes están protestando nuevos procedimientos selectivos para la admisión en las universidades, favoreciendo a familias más pudientes.

La cuestión crítica ahora es unir a las secciones más amplias de la clase obrera que están entrando en lucha contra el Gobierno de Macron, combatiendo todo esfuerzo para aislar y disipar estas luchas, y unirlas al movimiento en expansión de la clase obrera internacionalmente.

En 1935, en medio de la radicalización de la clase obrera antes del estallido de la huelga general francesa de 1936, León Trotsky, fundador de la Cuarta Internacional, llamó a formar Comités de acción. Estas organizaciones de las bases obreras, organizadas independientemente de las burocracias sindicales, iban a ser la “representación revolucionaria de las masas en lucha”, escribió Trotsky.

Hoy, en el 50º aniversario de la huelga general francesa de 1968, mientras las masas de trabajadores y jóvenes buscan una forma de avanzar sus luchas, es crítico volver a plantear la demanda de formar Comités de acción de las bases.

Existe un enorme abismo entre la militancia de la clase obrera y la política endeble de las burocracias sindicales y sus aliados políticos. Para ellos, el referendo en la SNCF no constituye un rechazo de la clase trabajadora a la agenda de austeridad y militarismo de Macron y la Unión Europea, sino un simple punto de apalancamiento en sus negociaciones con el Gobierno, las cuales procuran poner fin a la huelga y conservar los privilegios sociales de la burocracia sindical a expensas de los trabajadores.

Los sindicatos ferroviarios han comenzado a negociar con el primer ministro Edouard Philippe, quien dijo que solo se sentaría a negociar si los sindicatos aceptaban que el ferrocarril compita en el mercado abierto, la eliminación del estatuto de los trabajadores ferroviarios para permitir desmejoras en los salarios y condiciones laborales, y la privatización de la SNCF. El único tema de discusión, dijo Philippe, era el financiamiento estatal de la deuda del SNCF.

El miércoles, Laurent Brun, secretario general de la federación sindical ferroviaria de la Confederación Nacional del Trabajo (CGT) estalinista, expresó que los gerentes de la SNCF habían quedado “totalmente desacreditados” y anunció que el sindicato le había pedido al Gobierno que “revisara sus reformas”. Sin embargo, el partido de Macron, La República en Marcha (LRM) dejó en claro que planea ignorar el referendo de la SNCF. En cambio, dedicará sus negociaciones con la CGT a buscar la mejor manera de imponer los recortes.

Durante el voto de la SNCF, el diputado de LRM, Gilles Le Gendre, se burló de “las ilusiones de que solo porque existe una oposición masiva a la reforma, podríamos retirarla”. Declaró: “Simplemente no es verdad”.

Insistió en que el Estado, la gerencia de la SNCF y los sindicatos están trabajando juntos. “Todos estamos buscando una salida a esta crisis en la que ninguno de nosotros pierda credibilidad”, señaló. “Esa es nuestra ambición. Eso es lo que queremos, pero en el contexto de una reforma cuyos contenidos no cambien”.

En otras palabras, entre mayor sea la oposición de los trabajadores que enfrenta el Gobierno, mayor será la traición que éste le exigirá a los sindicatos.

Los partidos de la clase media acomodada de Francia están ofreciendo encubrir esta reaccionaria operación, llamando a la población a construir un movimiento nacional contra Macron encabezado por la CGT. El partido Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon, con el respaldo del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) y Lucha Obrera (LO), está llamando a formar un “nuevo Frente Popular” y a una manifestación el 26 de mayo que ha denominado “La ola humana”, supuestamente para ayudarle a los sindicatos a presionar a Macron para obtener concesiones.

Esta es una trampa para los trabajadores. Lo que hacen LFI, el NPA, LO y los otros partidos pequeñoburgueses es permitirles a los sindicatos utilizar sus insignias para dividir a los trabajadores, aislar las huelgas y sabotear la lucha contra Macron. Los sindicatos han pospuesto huelgas en Air France hasta que sea nombrado un nuevo CEO, han limitado las huelgas del sector público a jornadas individuales simbólicas y han separado a las huelgas ferroviarias del resto del sector público.

De acuerdo con amargas experiencias históricas, no se les puede permitir ni a los sindicatos ni a sus aliados políticos dictar los términos de la lucha de clases de los trabajadores.

Hace cincuenta años, durante el clímax de la huelga general de 1968, la CGT inició las negociaciones con los oficiales estatales y los grupos empresariales que llevarían a la firma de los acuerdos de Grenelle. El estallido de la huelga general no ocurrió bajo la dirección de la CGT sino en rebelión contra ella. En menos de dos semanas, la huelga había doblegado al capitalismo francés.

Las negociaciones de Grenelle fueron el medio en que la CGT traicionó esta oportunidad revolucionaria. Su resultado fueron concesiones salariales que la CGT utilizó para hacer que los trabajadores volvieran a sus fábricas y lugares de trabajo y así rescatar al Gobierno de de Gaulle.

Hoy día, no habrá ningún resultado reformista en la lucha de clases. La huelga general de 1968 ocurrió durante el apogeo del auge económico de la posguerra. Sin embargo, desde entonces, la industria en Francia y gran parte de Europa se ha visto devastada por décadas de austeridad y obsequios fiscales para los ricos. El capitalismo francés ya no tiene los recursos para ofrecer tales concesiones. Mientras Macron busca €300 mil millones para gastar en el ejército entre este año y el 2024, en medio de mayores amenazas militares de la OTAN contra Irán, Siria y Rusia, solo aprobará acuerdos perjudiciales para los trabajadores.

Bajo estas condiciones, la lucha por construir Comités de acción de las bases obreras adquiere una inmediatez enorme. En 1935, Trotsky enfatizó en ¿Adónde va Francia? que dichos Comités son “la única manera de vencer la oposición antirrevolucionaria del aparato sindical y partidario”. Comparándolos con los sóviets formados por los trabajadores rusos en 1917 y que tomaron el poder en la Revolución de Octubre bajo la dirección de los bolcheviques, escribió:

En la fase actual, los Comités de acción tienen como tarea unir a las masas explotadas de Francia en una lucha defensiva y, por ende, impregnarlas con la consciencia de su propio poder para la ofensiva que se aproxima. La cuestión de si llegarán a ser sóviets auténticos dependerá en la situación crítica actual en Francia, si llega a desarrollarse hasta sus últimas conclusiones revolucionarias.

EL Parti de l’egalité socialiste (PES; Partido Socialista por la Igualdad), la sección francesa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI), urge que esta perspectiva sea discutida de la forma más amplia posible, en todos los lugares de trabajo, de estudio y en el Internet. Llamamos a aquellos que quieran participar en esta lucha a unirse y construir el PES.

En su trabajo para impartir el mayor nivel de consciencia posible sobre la naturaleza y los objetivos de este movimiento en auge, el PES abogará y asistirá en la formación de los Comités de base en las fábricas y otros sitios de trabajo. Buscará unir a este creciente movimiento huelguístico con todas las formas de expresión de la oposición obrera a la guerra, la austeridad y la desigualdad social y luchará por desarrollar un movimiento socialista e internacionalista de la clase obrera para tomar el poder y reorganizar la vida económica con base en las necesidades sociales y no en el lucro privado.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de mayo de 2018)

Alex Lantier