Festival de cine de San Francisco 2018:

El tan inadecuado cine mundial

por David Walsh
18 mayo 2018

Esta es la quinta y última parte en un a serie sobre el reciente Festival de cine de San Francisco celebrado el 4-17 de abril. La primera parte fue publicada el 18 de abril, la segunda parte el 20 de abril, la tercera parte el 27 de abril y la cuarta parte el 30 de abril.

El Festival de cine de San Francisco, que acaba de acontecer, deja al descubierto formas de pensar entrelazada y retrógradas entre los artistas e intelectuales, dizque “obreros de ideas”, aparecidas en las últimas décadas. Aun sufren las obras artísticas del impacto de años de estancación y reaccionarismo.

Devela ese proceso el enfadadizo egocentrismo y trivialidad de artistas con ojos ciegos a la urgente problemática de nuestro tiempo. Un síntoma de ese egocentrismo es la obsesión con diferencias sexuales y étnicas; aunque hay otros.

En otras ocasiones hemos hablado de ese fenómeno global de “artistas entregados a nada”, productos del bombardeo ideológico burgués que se acelera tremendamente desde la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Los artistas —de Francia, Estados Unidos (EUA), Japón, México, Canadá, Gran Bretaña, Alemania y otros países— quizás no estén enteramente de acuerdo con la propaganda reaccionaria, antisocialista o antimarxista. Un transformación osmótica afecta sus supuestos, los amaestra y los coloca en otros lugares, sin que ellos muchas veces se den cuenta. Causa daños terribles al arte el escepticismo sobre el cambio social.

Dos cineastas asiáticos

El japonés Hirokazu Kore-eda y el sur coreano Hong Sangsoo son dos importantes y duraderas personalidades del entorno artístico. Hong es el más prolífico, habiendo creado más de veinte largometrajes desde 1996. Kore-eda ha sido guionista y dirigido alrededor de una docena de películas en la misma época.

De los dos, Hong es el más interesante (y menos egolátrico). En ocasiones sus filmes alumbran, y presentan con emoción, la vida en Corea del Sur. En algunas pocas ocasiones hace críticas sociales (por ejemplo, El poder de la provincia de Kongwon (The Power of Kongwon Province, 1998)), aun cuando caminan por el mismo sendero una y otra vez: las debilidades y fracasos de hombres coreanos de clase media, especialmente directores de cine.

La cámara de Claire

La cámara de Claire de Hong es una pieza débil, en parte en honor al cineasta francés Éric Rohmer (conocido por haber dirigido La rodilla de Claire (Le Genou de Claire en 1970). Trata de tres coreanos —dos mujeres y un inevitable hombre de cine —que visitan a Cannes, en la Riviera francesa, para el festival de cine de esa ciudad, y de una parisiense en vacaciones (Isabelle Huppert), que se hace amiga de ellos.

La película comienza cuando Yanghye, la más vieja de las mujeres, despide a la joven Manhee. En el trajín de la cinta, nos damos cuenta que Manhee se ha acostado con el cineasta; So Wansoo, amante de Yahghye, está pagando el pato. Claire (Huppert) quien, inevitablemente también, porta y usa una cámara, se hace amiga de Manhee. Las dos pasean por Cannes, tratando de averiguar el porqué del despido de la muchacha coreana. Mientras tanto, So (dejemos de ser pareja; ten confianza en mí) repentinamente rompe con Yanhye (me dejaron otra vez).

Desgraciadamente casi toda la película está en inglés. Nadie parece cómodo en esa lengua, torpeza que no ayuda en las pequeñeces que ocurren. Hacia al final Manhee le pregunta a Claire porqué toma tantas fotos. “Sólo se puede cambiar las cosas observándolas con gran lentitud”, responde la francesa. Quizás, aunque La cámara de Claire no existe ninguna señal de rechazo a como son las cosas, ningún deseo de cambiarlas. En verdad si los cineastas masculinos coreanos no fueran tan egocéntricos, tan egoístas, se nos ocurres que el mundo brillaría más.

Kore-eda dirije obras quietas, que los críticos (que en estos días son tan fáciles de engañar) consideran profundas, sólo por eso.

Sandome no satsujin (El tercer asesinato)

Sandome no satsuj in (El tercer asesinato), es un poco menos quieto que otros films de Kore-eda; aunque no es de mejor calidad. Trata de un abogado de importancia que defiende a un acusado del asesinato violento de un dueño de fábrica. El acusado cambia varias veces su versión de lo que pasó; al principio no se sabe porqué. Pasadas una serie de cambios, comenzamos a entender sus motivos, aunque el film no explica bien esas sorpresas —corrupción empresarial y judicial, usura e incesto.

En el año 2002, comenté sobre Kore-eda: “Uno tiene la sensación que Kore-eda tiene la intención de impresionar y no de alumbrar. Tiene obvios talentos, aunque no existe evidencia que comprende la sociedad actual, con puntos de vista dispersos e inflados. El resultado es algo frío y abstracto”. En el 2009 señalé que nadie aprende mucho de las películas de Kore-eda —ni hablar de la transformación social japonesa— excepto que a este director y guionista le encanta su propia sensibilidad.

Hoy en día, hay quienes dicen que Kore-eda en un “cineasta muy humanista”, aunque Sandome no satsujin se mete en las aguas de las patrullas justicieras y en la histeria sobre la pedofilia y el abuso sexual. Deja un gusto amargo.

Cineastas femeninas

Half the picture (La media verdad) trata de la desigualdad femenina en Hollywood, particularmente en la pequeña cantidad de directoras femeninas. El filme, dirigida por Amy Adrion, busca establecer “cuan grande es esa discriminación, en que fundamentalmente se les cierran puertas a mujeres, en una industria que les niega sistemáticamente sus formas de expresarse y sus enfoques.

Ava DuVernay en Half the Picture

La cinta consiste de entrevistas con directoras femeninas. Entre éstas están DuVernay, Jill Soloway, Lena Dunham, Catherine Hardwicke, Miranda July, Penelope Spheeris y Martha Coolige. Entrevistadas también están Melissa Goodman de la ACLU (Unión Estadounidense de Libertades Civiles) y algunos profesores y periodistas.

El título de la película resume la tesis del Adrion, que el cine solo representa “la media verdad”, como consecuencia de la ausencia relativa de directores de cine femeninos. En su declaración como directora, Adrion plantea que la “amplia relevancia cultural” de su film es que “cuando tan sólo una esquirla de la población narra nuestra historia colectiva, en este caso los hombres blancos (que representan el treinta y un por ciento de la población, están a cargo de entre el ochenta y cinco y noventa y cinco por ciento de todos los medios de difusión y entretenimiento) muchas historias nunca se cuentan. Además de eso, los estudios indican que cuando las mujeres dirigen, cambia la cantidad de figuras femeninas y la manera en que se las caracteriza”.

Puede engendrar tal declaración sólo un muy clima intelectual muy deteriorado. donde la influencia en las artes de la clase obrera y del socialismo ha llegado a un bajísimo punto histórico. En verdad, el cine actual no presenta la mitad de la verdad, la media naranja masculina. A lo más refleja el cinco o siete por ciento del panorama social: la vida desde el punto de vista de la pequeña burguesía privilegiada. No hay porqué pensar que eso cambiará reemplazando directores masculinos con directores femeninos; al fin y al cabo, elegir políticos femeninos o afroamericanos no ha afectado la vida de la mayoría de la gente.

Ha habido, de parte de festivales de cine y otras instituciones y fuentes de dinero, un gran esfuerzo para alentar y presentar filmes de directores femeninos. Por lo general el resultado es igual de limitado desde el punto de vista ideológico que con las obras dirigidas por hombres. No han ocurrido transformaciones cualitativas ni en las presentaciones de festivales de cine, ni en la cinematografía.

La verdadera cuestión es social —que el arte del cine tiene que alumbrar y en ella obsesionarse es la existencia y condiciones de vida de amplios sectores de la población, ignorados y excluidos casi por completo en la actualidad. Esa es la gran ausencia en el cine de hoy.

Los d esechados (The Pushouts) es un documental de Katie Galloway y Dawn Valadez sobre jóvenes que abandonan sus estudios de escuela secundaria. El film insiste correctamente que éstos en verdad son desechados por el sistema escolar de Los Ángeles. Documenta la intervención de Victor Ríos con un grupo de “desechados”. Ríos, profesor de sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara, en un tiempo abandonó la escuela secundaria y participó en una pandilla de delincuentes juveniles.

Los desechados (The Pushouts)

Algunas de las historias son conmovedoras. Jóvenes cuentan de sus familias, sin dinero para el alquiler o para comer; jóvenes que han atravesado tragedias personales devastadoras a los quince y diecisiete años.

El punto de vista de este documental es muy limitado y desapasionado (“la educación es una forma de ascender, un escape”); teme repudiar las estructuras sociales que condenan a toda una generación de jóvenes de clase trabajadora a un futuro ciego. Así no se puede ayudar a nadie.

La censura de las páginas sociales

The Cleaners (Los lavanderos) es una película dirigida por Hans Block y Moritz Riesewieck, nacidos en Alemania. Supuestamente es un análisis balanceado, dizque objetivo, sobre Facebook y la censura de las páginas sociales. Los lavanderosdel titulo son los miles de jóvenes, muchos de ellos de Manila, Filipinas, que trabajan de barredores digitales diez horas al día censurando miles de imágenes [aveces llegan a veinticinco mil] y videos preocupantes.

The Cleaners (Los lavanderos)

La cinta pone el dedo en obvios actos de censura. Facebook descolgó una pintura de la artista angelina Illma Gore, que muestra a Donald Trump con un pequeño pene, intitulada “Hagamos que Estados Unidos sea grande nuevamente”. También eliminó la página de Facebook de esta artista. El fotógrafo Khaled Barakeh colgó fotos de niños refugiados muertos en la guerra de Siria, o huyendo ese país. Facebook borró eses imágenes. Ed Lingao, periodista filipino, publicó una crítica sobre el presidente filipion Rodrigo Duterte que también fue borrada como resultado de presiones políticas.

El film de Block y Riesewieck también presenta algunas observaciones superficiales sobre los “lavanderos”, como la incapacidad los más ingénuos (socialmente) sobre que borrar y que ignorar. Un católico convencido es incapaz de juzgar imágenes eróticas. Un partidario de Duterte no debe ser encargado de la evaluación de críticas políticas.

Sin embargo, desagradablemente, The Cleaners da un desvío y se convierte en un film que fomenta la censura de las páginas sociales. So justificación del enfoque “balanceado” de Facebook que aplauden estos cineastas, la película muestra algunas personas malvadas (como un racista de Los Ángeles) y el erupción de crisis trágicas (el exterminio de los Rohingya en Birmania, azuzado por gente xenofóbica).

Una sarta de testaferros egolátricos y adinerados, que incluye ejecutivos de Facebook y Google, “enseñan” al público sobre como las páginas sociales se han extraviado, abandonando sus utopías. Por lo consiguiente requieren un poco de supervisión y control del gobierno. Las notas de producción declaran sin pruebas que “la propaganda terrorista y las opiniones radicalizadas han invadido las páginas sociales; por lo tanto ahora azuzan las llamas de cambio del sistema político y fomentan ocasionales actos genocidas en el mundo”. La absurdidad de mancornar “cambios del sistéma político” con “genocidio” en verdad repite la propaganda de las élites de poder, a quienes les aterra la posibilidad de que miles de millones de personas se vinculen cibernéticamente. Han decidido suprimir la resistencia.

En sus notas, los directores de The Cleanersse asocian con esa campaña. Dicen que las páginas sociales son “una poderosa y peligrosa arma”, con “la capacidad de dividir sociedades”. Eso mismo es lo que opinan el Partido Demócrata yanqui y partidos burgueses de la misma calaña por todo el mundo. ¡Qué se averguenzen estos cineastas por pensar así!

Kodachrome

Kodachrome (Mark Raso) es una cinta mediocre y sentimental. Trata de un fotógrafo cerca de la muerte que, por medio de su asistente, manipula a su hijo (del que se ha distanciado) a viajar en auto al último laboratorio en EUA que procesa cinta fotográfica marca Kodachrome —en el estado de Kansas (en realidad Eastman Kodak no procesa Kodachrome desde diciembre 2010).

Esta obra es totalmente predecible. Junta a un padre refunfuñon y abusivo (Ed Harris), a un hijo amargado y bajo presión (Jason Sudeikis), con una hermosa y sensitiva cuidadora (Elizabeth Olsen). Incluidos también están el amable hermano menor del fotógrafo (Bruce Greenwood) y la esposa de él (Wendy Crewson). El fotógrafo en un tiempo tuvo un amorío con ella. ¿Se reconciliarán el papá y el tío? ¿Se enamorán el hijo y la cariñosa cuidadora? ¿Prosesará el laboratorio los últimos rollos de film? De seguro los que ahora leen estas líneas ya saben la respuesta.

El hecho que Harris, Sudeikis, Olsen, Greenwood y Crewsom son todos muy buenos actores, más transforma esta cinta en un intento perdido.

El guión de Kodachrome tiene su origen en un artículo del 2010 que apareció en el diario neoyorquino New York Times, escrito por A.G. Sulzberger, actual editor del periódico. Por lo tanto, se podría decir que esta película engendra honestamente su mediocridad e insinceridad.

Tully

En un futuro artículo presentaremos nuestro análisis de Tully, el más reciente film de Jason Reitman, con Charlize Theron.

Concluido

(Publicado originalmente en inglés el 2 de mayo de 2018)