A FAVOR de Isla de perros, EN CONTRA de Vengadores: Infinity War

por David Walsh
12 mayo 2018

No tienen límites la ceguera y estupidez de la obsesión que la clase media adinerada siente por la política de identidades.

La guerra, opresión y pobreza para nada molestan el sueño de estos grupos privilegiados; pero cuando se trata de algún pequeño asalto (imaginario o real) a sus sensibilidades sexuales o étnicas… ¡una descomunal furia! Ese, su punto de vista, es inaguantable. Infecta y aflige la actual vida cultural; una batalla de críticas sobre Isle of Dogs (Isla de perros) de Wess Anderson y Avengers: Infinity War (Vengadores: Infinity War en España), de los hermanos Russo devela ese fenómeno.

Isla de los perros es una cinta de animación que toma lugar en el futuro; trata de un muchachito japonés que busca a su perro querido. El animal ha sido exilado injustamente —junto con todos los otros canes— en un basurero contaminado en una isla cerca de las tierras japonesas. El muchacho, Atari, no se deja vencer por nada. Finalmente, su heroísmo ayuda a derrocar un régimen tiránico e intolerante.

Isla de perros

El film de Anderson es supuestamente una comedia; en verdad cuenta con elementos muy divertidos. Sin embargo, la Isla de los perros es más profunda y oscura de lo que seguramente era la intención de su director y guionista. La “colonia penal”, que incluye fábricas desmoronadas y tribus de parias, en medio del mar, inevitablemente trae a la memoria la crisis mundial de refugiados; guerras imperialistas y la violencia imperialista han marginado a millones.

Anderson (cuyas obras incluyen Academia Rushmore, Los Tenenbaums: Una familia de genios y Hotel Gran Budapest) ha creado esta cinta con su acostumbrado talento, conciencia y exactitud (con ocasional quisquillosidad), hasta en los títulos y rótulos y un sinfín de elementos visuales. Cuidadosamente, los cineastas recrearon un Japón de distopía; construyeron más de 2.500 títeres y 250 escenarios.

Vengadores: Infinity War es un film sumamente aburrido, repleto de efectos especiales y basado en el equipo de superhéroes Vengadores de Marvel Comics. Ha sido una de las películas más caras en la historia, con un presupuesto de más de 300 millones de dólares. Trata de la campaña de Thanos, un monstruo cuadrúmano, para apoderarse de piedras infinitas que lo harán todo poderoso y le darán el poder de eliminar la mitad de la vida del universo. Los Vengadores y otros tratan de impedirlo.

Vengadores: Infinity War

Se rumora que esta película, va a recaudar cantidades inusitadas de dólares; mundialmente ya ha acumulado alrededor de 900.000.000 de dólares.

Vengadores: Infinity War, consiste en una sarta de batallas entre superhéroes y supervillanos y sus aliados, entre ellas hay escenas con personajes titánicos, elaborando planes, peleándose o demostrando sus habilidades. Estas escenas supuestamente ayudan al público a relacionarse con las gigantescas batallas de fantasía que brevemente interrumpen. En verdad es imposible entretenerse o identificarse. Se presentan veneradas transformaciones y acontecimientos totalmente absurdos.

Desde ningún punto de vista derivado de la historia del cine, Vengadores: Infinity War ofrece una experiencia cinematográfica. No se trata de algo que capta la atención de la audiencia o que ésta podría posiblemente interpretar con buen cuidado, o con confianza. Todo lo contrario, es un fenómeno que le pasa al público en forma de un extraño y amenazante espectáculo que se mantiene distante. Llenan la pantalla dos horas y media con ruidos, colores y formas. Casi ninguno de esos elementos llama la atención del público. Obras como esta no intentan argumentar, o convencer a nadie de ninguna idea o sentimiento; sólo pretenden imponerse, convertirse en un espectro del que no se puede escapar (y posiblemente dar motivo a otro capítulo en esta serie). Al menos en eso logra algún éxito.

Este episodio es particularmente deprimente. El malvado Thanos vence y despista a todos sus contrincantes. Lleva a cabo su infame plan al concluir la película. El próximo episodio o capítulo (o el que le siga a ese) quizás cambie las cosas; por ahora Infinity War es negra y amarga. La guerra y violencia que presenta son aplastantes y a la vez heroicas, mancornadas revanchas, venganzas, sadismos, etcétera.

La audiencia con quien yo compartí la experiencia de este film, me pareció distraída y perdida; nada más es posible en cara a ese sinfín de alborotos, combinados con una sarta de dogmatismos. Esa acción incesante carente de significado o coherencia fomenta pasividad y apatía.

Infinity War contiene un elenco masculino de los más capaces del cine actual (o sus voces) —Josh Brolin, Benedict Cumberbatch, Chadwick Boseman, Tom Hiddleston, Idris Elba, Paul Bettany, Anthony Mackie, Robert Downey Jr., Mark Ruffalo, Don Cheadle, Peter Dinklage, Bradley Cooper y Benicio Del Toro—.

Thanos (Josh Brolin) en Vengadores: Infinity War

Es menos numeroso el elenco femenino, aunque igual de talentoso: Elizabeth Olsen, Zoe Saldana, Gwyneth Paltrow, Scarlett Johansson, Danai Gurira, Carrie Coon, Karen Gillan, Pom Klemtieff y Letitia Wright.

¿Cómo es que se ofrecieron a participar en esta cinta? No hay cantidad de dinero que valga el precio de manchar la reputación artística y la fama de una persona a ese nivel.

Puede que el dinero no haya sido la razón principal, aunque seguramente jugó un papel. Es evidente que los actores, muy confundidos y desorientados por el estado del mundo y el estado del cine —ignorantes de lo que es capaz— y decididos a triunfar en la carrera de la fama, sienten que no pueden darse el lujo de “quedarse atrás” cuando aparecen oportunidades como esta. ¡Que se avergüencen!

Por lo general, se les han dado buenas críticas a las dos cintas, Isla de los perros y Vengadores: Infinity War, lo que también es notable. Choca, sin embargo, que sea el film de Anderson que haya provocado “controversias”. De las dos cintas, la gran mayoría de las críticas más duras han sido contra Isla de perros. Es que allí levanta su cabeza la política de identidad.

Se acusa a Anderson de “robo cultural” y de crear “estereotipos” entorno al uso de elementos japoneses en su obra. Se lo acusa de falta de sensibilidad por hacer que sus personajes japoneses hablen en su propia lengua (a veces con traducción escrita), mientras que el grupo de perros que aparece en la primera mitad del film (representados por Bryan Cranston, Edward Norton, Bob Balaban, Billy Murray y Jeff Goldblum) hablan en inglés. Una nota explica que sus “ladridos” han sido traducidos al inglés.

Además, la presencia de una muchachita estudiante estadounidense, Tracy Walker (Greta Gerwig) en el rol de líder de las manifestaciones en la isla principal de Japón, transforma a la Isla de perros en una cinta de “salvación blanca”, dicen los críticos.

Isla de perros

Las críticas negativas son muy superficiales. Anna Greer escribe en Bust: “ Isla de perros es una hermosa película desde un punto de vista blanco y masculino. Uno puede llorar en ciertas escenas, porque la humanidad no merece a perros. Parecen increíbles ciertos momentos, porque es cómico que una chica concluya una declaración política dándose cuenta de que está enamorada. Durante muchos años, las audiencias han tenido que soportar buenas cintas con problemas. En tiempos de Un viaje en el tiempo (A Wrinkle in Time) y Pantera negra (Black Panther), debemos exigir más de buenas películas y más de los relatos que nos cuentan”.

Uno se pregunta si los críticos realmente dieron consideración a este film o si, antes de verlo, ya habían formado sus opiniones. Si los “hombres blancos” de Greer son el grupo de perros que hemos mencionado (Cranston y su grupo), evidentemente no se da cuenta que su importancia colectiva declina muchísimo en el transcurso de Isla de perros. En contraste, el valiente muchachito japonés y la niña estadounidense (aliados los dos de un silencioso hacker japonés) ganan protagonismo. Atari acaba dominando el film; y sus apasionadas palabras y su intensa actividad, incomprensibles para el que no habla japonés, más allá de una defensa general de los de abajo, se transforman en los elementos más emotivos y dramáticos del film. Despiertan en la mente del público imágenes de las muy jóvenes e iracundas generaciones que en la actualidad también protestan y marchan.

Vale la pena hacer referencia a dos críticos con enfoques diferentes sobre Isla de perros y Vengadores: Infinity War.

Sobre la película de Anderson, dice Justin Chang del diario Los Angeles Times: “Es sintomático que, en torno al factor humano, colapsa la sensibilidad del cineasta a la vez que aparece su tendencia a prejuicios raciales. …Todos los perros hablan un inglés americano muy entendible, lo que es absurdo, encantador, y algo significativo. Uno se da cuenta que un guionista tan especial como Anderson quizás no quiera que su inglés peculiar sea malinterpretado. Claro está que todas esas humorísticas capas lingüistas son una manera de marginalización, transformando a los desafortunados de Magasaki en extranjeros en su propia ciudad”.

“Me gusta la tierra de Wes Anderson; visitarla causa alegría, algunas partes menos que otras. Lo que vemos en Isla de perros termina siendo feo, más allá de las intenciones del cineasta”.

Se trata de una película americana. Anderson no habla japonés, lo que representa un problema que Isla de perros no resuelve por completo. Es muy posible que el propósito de incluir a la niña americana, Leslie Walker, nada tenía que ver con crear una “salvadora blanca”; en cambio, se trataba, torpemente quizás, de injertar un personaje angloparlante con quien se identificara el público angloparlante, una vez que decidieron no traducir gran parte del diálogo en japonés

En todo caso, le es evidente a todos los espectadores más o menos objetivos, que Anderson en un admirador de la cultura y del cine japonés, al que le hacen honra con gran sinceridad sus cuidadosas reproducciones e invenciones. Es ridícula y malvada la acusación de que “crea estereotipos raciales”.

Isla de perros; cada elemento hecho a mano

“La película es una fantasía; yo nunca diría que es una fiel representación de ningún Japón particular”, le dijo Anderson al semanario Entertainment Weekly. En realidad, es una reimaginación de Japón en base a mi experiencia del cine japonés”.

Anderson le dijo a IndieWire que tanto él como sus colaboradores habían “discutido crear algo sobre Japón, que se relacionara con el amor que sentimos por el cine japonés, particularmente por [Akira] Kurosawa”. Añade IndiWire que “también guiaba al director su amor por la animación japonesa, particularmente la de Hayao Miyazaki. ‘Me cautivó la animación japonesa antes de producir Fantastic Mr. Fox (intitulada Fantástico Sr. Fox en España y El fantástico Sr. Zorro en Hispanoamérica [2009]), dijo Anderson. … ‘dos directores inspiran esta película: Kurosawa y Miyazaki’”.

En una entrevista publicada en la página de Internet de la Motion Picture Association of America, Erica Dorn, la diseñadora gráfica de Isla de perros, nacida en Japón, respondió a los críticos de Anderson: “Wes ama la cultura japonesa; de no ser así no se hubiese molestado en contratar dos diseñadores gráficos japoneses para crear todo el texto de la película”, declara, “ Isla de perros es la versión fantástica de Wes Anderson sobre Japón. Él creó una auténtica película, Wes Anderson, sin imitar lo que han hecho otros cineastas. Desde mi punto de vista, como japonesa y como aficionada al cine y demás, yo creo que es extraordinario que nuestra cultura sea inspiradora”. Ken Watanabe y Yoko Ono también participaron en el film.

En cuanto a las acusaciones de muchos críticos de que Anderson convierte en “ajeno” al lenguaje japonés al no traducirlo, Anderson le dijo a Entertainment Weekly que no le gustan las cintas japonesas con audio sobrepuesto en inglés. “Prefiero la actuación de actores en japonés. Me interesa; es una lengua hermosa y complicada”.

Uno de los fines de esta cinta (en tiempos de graves tensiones internacionales) parece ser que los observadores que no sean japoneses escuchen y se acostumbren a esa lengua, con estupendos resultados en el caso de Atari.

En contraste Chang, del Los Angeles Times, escribe sobre esa estúpida película que es Vengadores: Infinity War: “Sea lo que sea —un triunfo, una obligación, una asombrosa obra de control de muchedumbres, una burla épica—, Vengadores: Infinity War continua una saga en formas ligeras, que impulsan, que, en ocasión emocionan con cierta bravura. Esa saga parece llegar a su fin. … También es una apuesta que no resulta por algo que raramente ha preocupado al cosmos de Marvel: la catarsis” ¡Ninguna mención de controversias!

Isla de perros

Angie Han escribe en la revista cibernética de entretenimientos Mashable sobre el film de Anderson: “La problemática es que Isla de perros forma parte de la larga historia del arte estadounidense que marginaliza o deshumaniza a la gente de Asia, que se apodera de sus culturas y paisajes ‘exóticos’ ignorando a la gente que produjo esas culturas y vive en esos paisajes”.

“Tracy [Walker-Greta Gerwig] ejemplifica el arquetipo de ‘salvadora blanca’ —la heroína blanca bien intencionada que llega al extranjero y rescata a las personas de sí mismas”. Gerwig, quien pregona con entusiasmo su apoyo a la campaña de #MeToo y también ataca con igual entusiasmo a Woody Allen cada vez que le viene la ocasión, ahora recibe una lección “interseccional”, aunque de seguro por el momento no aprenderá nada.

En contraste, dice Han sobre Vengadores: Infinity War; “en los últimos minutos de Vengadores: Infinity War, Thanos, haciendo uso de su manopla de infinitud, logra acabar con gran parte de los héroes de Marvel… Es un sorprendente cierre de película; ahoga y deja sollozando al público. Ahora que respiramos bien y se nos han secado las lágrimas, nos quedamos con algunas preguntas. …

“El universo cinemático de Marvel continuará y regresará eventualmente a un statu quo más estable y agradable; como lo suelen hacer empresas megamillonarias. Por ahora, nada es igual. Nadie piensa que en el futuro se resolverán las cosas. Eso es algo entre nosotros y nuestros personajes favoritos de las tiras de acción de Marvel, con que cargaremos el año que viene, y más allá”. ¡Ojo, ninguna mención de controversias!

Nos damos cuenta analizando las diferentes reacciones a estas dos películas del papel que juega la ideología de identidades en la vida contemporánea, política cultural e intelectual. Con el pretexto de darle batalla a la “opresión”, la ideología de identidades acaba justificando la opresión, medidas reaccionarias, la máquina de Hollywood de bárbaras películas y el actual bajo nivel de cultura intelectual.

El lector se topa con una combinación de conformismos y oportunismos en el contexto de la obsesión actual con diferencias étnicas y sexuales cuando encara la acusación de “robo de cultura” contra Isla de perros, y contra Anderson.

Levanta la cabeza un fenómeno más profundo, ligado a las bondadosas y superficiales evaluaciones de Infinity War, relativo a la frialdad con que se recibe a la película de Anderson, al menos a importantes elementos en ella.

La primera es una obra ultraviolenta, militarista, totalmente fantástica, que también incluye un momento de ideología de identidad (ocurre en el reino ilusorio de Wakanda, escenario de la reciente película Pantera Negra).

Hay más; Infinity War, parece haber ayudado a que las acciones bursátiles de los estudios Disney hayan aumentado dos por ciento: ¿qué no admirar de esta mezcla de estupideces, belicismos, y lucro?

Vengadores: Infinity War (Wakanda)

En contraste, Isla de perros es una película que plantea interrogantes, que critica a la política de la demagogia, al trato de los marginados sociales, a los inmigrantes y refugiados.

Recordando su entrevista con Anderson, Michael O’Sullivan del diario Washington Post, pone el dedo en la herida, señalando que el guion de la cinta trae a la memoria la detención de personas de origen japonés que vivían en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Anderson, con ironía, responde que su propósito no era dar ejemplos de pasadas discriminaciones, sino de las actuales.

O’Sullivan continua, con las palabras del mismo Anderson, “al comenzar con esa idea, sabíamos que los perros tenían que representar a un grupo pequeño de una sociedad, víctima del ostracismo llevado a cabo por un grupo más grande, que lo rechaza, cualesquiera sean sus fines”; añade que “la historia tiene tantos ejemplos; es un fenómeno cíclico. Comenzamos examinando bien conocidos acontecimientos históricos, como la detención de japoneses en campos de concentración estadounidenses. Pronto, más y más, la inspiración hizo un salto de los libros de historia a la prensa diaria, en tantos lugares. Siento que, cuanto más trabajábamos en la obra, más urgente se nos hacía el tema”.

Estas preocupaciones le hacen honor a Anderson y se ven reflejadas en Isla de perros .

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de mayo)