“Quiero ser rica y no lo lamento”

Columnista del New York Times promociona a “mujeres que buscan agresivamente dinero y poder”

por David Walsh
3 mayo 2018

El 28 de abril apareció en el New York Times un artículo de opinión titulado “Quiero ser rica y no lo lamento”, de Jessica Knoll, novelista que vive en Los Ángeles. Knoll es autora de dos novelas, La chica que lo tenía todo (2015) y The Favorite Sister, de próxima aparición.

En su columna, Knoll escribe que fue agredida sexualmente por compañeros de clase a los 15 años. Ella continúa: “Decidí que no podía considerarme exitosa a menos que fuera alguien poderoso, alguien a quien nadie pudiera lastimar. El éxito se convirtió en un medio para arrebatar el control, literalmente para aumentar mi valor. Hay una metonimia para eso: dinero”.

La novelista explica su credo: “El éxito, para mí, es sinónimo de hacer dinero. Quiero escribir libros, pero lo que de verdad quiero es vender libros. Quiero adelantos que hagan jadear a mi marido y grandes cheques de derechos de autor dos veces por año. Quiero que estudios de cine me paguen por derechos de opción y quiero que arranque la comp[ensación] de guiones cinematográficos. … Ahora estoy trabajando para producir, dirigir o tener mi propio show. La TV es donde está el dinero y, para ser franca, quiero ser rica”.

Knoll señala que “menos del 12 por ciento de los multimillonarios del mundo son mujeres, y casi tres cuartas partes de esa triste estadística heredaron sus fortunas”, y argumenta que “para cerrar la brecha de riqueza, tenemos que llegar a ella desde cada ángulo”.

Knoll no se da cuenta de que la frase “brecha de riqueza” se empezó a usar —y se sigue usando principalmente— para describir la división entre clases sociales, entre los ricos y todos los demás. ¡La escritora está tan obsesionada con la riqueza y es tan egocéntrica que solo puede concebir una “brecha” como algo existente entre ella y aquellos que (temporalmente) son más exitosos financieramente!

En todo caso, como ella parece notarlo, la contribución particular de Knoll, con su escritura, es ayudar a las mujeres a superar toda vergüenza sobre la búsqueda de la riqueza. “Solo en la ficción he podido crear mujeres que buscan agresivamente dinero y poder de la misma forma que los hombres buscan dinero y poder. Mujeres que matarán para proteger su mísero trozo del pastel”.

Ella concluye: “Quiero hacer la clase de dinero que me permita viajar a México un martes, hacer contribuciones significativas a políticos desagradables, pagar a un excelente abogado si algún hombre me vuelve a poner un dedo encima. Si alguien dice que eso es odioso, quiero hacer lo que hacen los hombres y encogerme de hombros”.

El New York Times tiene sus propios y obvios motivos para publicar una columna tan miserable. Esto se ajusta a su apoyo vigoroso al movimiento #MeToo [#YoTambién] y a cualquier empuje egoísta de mujeres de clase media alta para su ascenso. La columna de Knoll se adapta a su concepto de “empoderamiento femenino”.

La campaña a favor de mujeres millonarias y multimillonarias es un esfuerzo continuo del Times. El 10 de marzo, el periódico publicó una columna de Susan Chira, una experimentada corresponsal y editora en cuestiones de género en el Times, titulada “El dinero es poder. Y las mujeres necesitan más de ambos”. Chira también se refirió al pequeño número de mujeres multimillonarias, solo 227.

Como señalamos en ese momento, era revelador que el Times hiciera un llamamiento tan abierto para que las mujeres sean codiciosas y hambrientas de poder y que identificara ese programa con el feminismo contemporáneo y el movimiento #MeToo. Era refrescante ante los intentos innumerables de las organizaciones pseudoizquierdistas y de varios comentaristas para retratar la campaña de mala conducta sexual como algo progresista.

Knoll lleva esto un paso más allá al argumentar que la respuesta apropiada a la agresión sexual es hacerse rica, poderosa y egoísta.

La novelista transmite esta opinión repugnante a sus lectores, pero no sacó esa visión de la nada. Esto es el producto de décadas de degradación intelectual en Estados Unidos, la creación de una anticultura que se inclina en reverencia ante el dinero y la fama. De hecho, se ve el dinero como el antídoto a cada problema, el “verdadero poder creativo”, como Karl Marx lo llamó en 1844, “la confusión y el trueque universal de todo —el mundo al revés— la confusión y el trueque de todas las cualidades naturales y humanas”.

En este caso, Knoll imagina que al convertirse en “alguien poderoso, alguien a quien nadie pudiera lastimar”, está consiguiendo una dosis de venganza, o al menos autoprotección. De hecho, ella está defendiendo los valores del mismo sistema cuya brutalidad y alienación social provocaron su ataque.

Si Knoll dice la verdad sobre su agresión sexual, solo hace que sus opiniones actuales sean aún más repelentes. Se necesita un tipo específico de ambiente social maligno para persuadir a una víctima de la indiferencia cruel ante el sufrimiento ajeno de que la respuesta a tal conducta es más indiferencia cruel ante el sufrimiento.

Para un aspirante a artista, tal punto de vista es fatal. Nadie ha creado una obra significativa y perdurable sobre la base de la perspectiva justiciera-vengativa de El justiciero ( Death Wish ) o un filme de Clint Eastwood. Es demasiado superficial, demasiado egoísta, demasiado autocomplaciente, no puede proporcionar el sostén necesario para una mirada seria sobre el comportamiento humano y la psicología.

Es un hecho triste que Knoll parece ver su propio dolor, pero no el de los demás.

Los grandes artistas del pasado, hombres y mujeres, no procedieron de esta forma. Desde la pobreza, las humillaciones y la angustia, figuras como Charles Dickens, Charlotte Brontë y Vincent van Gogh desarrollaron una gran compasión por sus criaturas y las retrataron en esa luz. Su compasión creció en proporción a sus dificultades. El sufrimiento puede no ser el “único origen de la conciencia”, como insistió el novelista ruso Fiódor Dostoyevski, pero ciertamente es uno de ellos.

La pintora y artista gráfica alemana Käthe Kollwitz (1867-1945), quien perdió un hijo en la Primera Guerra Mundial, escribió en su diario: “Es mi deber expresar los sufrimientos de la humanidad, los sufrimientos interminables que son tan grandes como las montañas. Esta es mi tarea, pero no es fácil de cumplir”.

La novelista inglesa George Eliot (1819-1880) comentó en una carta: “Mi propia experiencia y desarrollo profundizan cada día mi convicción de que nuestro progreso moral puede medirse por el grado en que simpatizamos con el sufrimiento individual y la alegría individual”.

Ahora, el New York Times exalta la virtud de la riqueza y el egoísmo y la indiferencia social. Lo llamamos vil, ya sea que Knoll y los editores del Times se encojan de hombros o no.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de abril de 2018)