¡No a una Tercera Guerra Mundial Nuclear! ¡Por un movimiento socialista contra la guerra!

18 abril 2018

En los días desde que Estados Unidos y la OTAN lanzaron 100 misiles sobre las ciudades sirias de Damasco y Homs, ha quedado claro que las potencias imperialistas no han quedado satisfechas con este último derramamiento de sangre. Pocas horas después del bombardeo, los periódicos estadounidenses y europeos comenzaron a producir editoriales exigiendo una escalada mayor en la guerra para un cambio de régimen en Siria.

El Wall Street Journal, en nombre de secciones de la burguesía alineadas con el nuevo asesor de seguridad nacional estadounidense, John Bolton, declaró: “Un bombardeo no cambiará los aspectos fundamentales del campo de batalla sirio ni la realidad estratégica de que el axis Rusia-Irán-Asad está ganando”.

“Si Trump también quisiera disuadir a los imperialismos ruso e iraní… necesita una estrategia más ambiciosa”, continúa. “La próxima vez, el ataque necesita ser más punitivo”.

El Journal concluye: “Solo cuando Rusia e Irán comiencen a pagar un precio más alto en Siria”, EUA podrá asegurar sus objetivos en la región.

Las implicaciones de tales declaraciones son claras: mientras que el último bombardeo emanó de consideraciones tácticas, a cambio de una confrontación militar con las fuerzas iraníes y rusas, solo es una cuestión de tiempo para tal ofensiva. La posibilidad de un cataclismo para la humanidad no detendrá a las potencias imperialistas.

Lo que está ausente en la retórica de “dominación regional” del Journal y sus demandas de “convertir a Siria en el Vietnam del ayatola” es el pretexto endeble del último ataque estadounidense: el supuesto uso de armas químicas por parte del Gobierno sirio en Duma (Douma) el 7 de abril.

La propaganda utilizada para justificar los bombardeos demostró un desprecio hacia la verdad y hacia la inteligencia del público. Después de 25 años de guerras interminables, millones se han habituado a las acusaciones histéricas e hipócritas empleadas por los imperialistas para maquillar sus complots contra países débiles como si ejecutaran una misión sagrada para la liberación de la humanidad.

Washington, Londres, París y Berlín han procedido como si nadie se recordara de las mentiras del Gobierno de Bush sobre las “armas de destrucción masiva” en Irak ni los atropellados pretextos de Obama para asolar Libia y asesinar a Muamar Gadafi.

Detrás de estas mentiras desgastadas, hay causas de raíz. La Fundación Weizsäcker compuso una respuesta a la crisis en Siria que firmaron altos funcionarios del Gobierno y declara: “Ninguna de las razones estructurales que condujeron a la Primera Guerra Mundial han sido vencidas”.

¿Cuáles son esas “razones estructurales”? Esas son las contradicciones fundamentales del sistema capitalista, identificadas por los grandes marxistas del siglo XX: el intransigente conflicto entre las potencias imperialistas por esferas de influencia y la repartición del mundo entre ellas, un conflicto arraigado en la contradicción entre el Estado-nación y la economía global.

En su referente tratado El imperialismo, escrito hace un poco más de un siglo, el revolucionario ruso Vladimir Lenin anotó: “[L]os únicos fundamentos concebibles bajo el capitalismo para la repartición de esferas de influencia, intereses y colonias, etc., consisten en la relativa fuerza de aquellos que participen, su poderío general económico, financiero y militar”, culminando en un conflicto entre ejércitos. “Las alianzas en tiempos de paz sientan las bases para las guerras”, indicó, “y a su vez nacen de las guerras”.

Bajo la imperativa de asegurarse una tajada en la redivisión del globo —lo que el káiser alemán Wilhelm II llamó un “sitio bajo el sol”— las potencias imperialistas emprenden las acciones bélicas más desesperadas y catastróficas.

No hay otro camino, particularmente para EUA, cuya hegemonía global se desmorona a medida que pierde su prominencia económica. Por un cuarto de siglo, Washington ha librado un conjunto de guerras inconclusas y sangrientas para intentar contrarrestar su debilidad económica. Al mismo tiempo, las medidas de guerra económica contra Rusia y China y los preparativos para un conflicto militar están convergiendo dentro de la misma doctrina de “competición estratégica”, la cual fue anunciada por el Pentágono a principios del año.

Las potencias imperialistas europeas, sean cuales fueren sus diferencias tácticas entre ellas y con EUA, están siendo impulsadas por la misma determinación de participar en la repartición global para que sus corporaciones reciban su parte del botín.

La nueva época de guerras imperialistas ha estado en marcha por más de un cuarto de siglo y no acabará con una serie de bombardeos en Siria. Las potencias imperialistas van en busca de una división completa de Siria, significando a su vez solo el preludio de operaciones militares contra Irán cuyo objetivo será instalar un régimen títere o desmembrar el país. Lo mismo les espera a Rusia y China.

Hace dos años, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) advirtió en una declaración el 18 de febrero del 2016 intitulada “Socialismo y la lucha contra la guerra”, “Él mundo se encuentra al borde de un conflicto global catastrófico. … Como en los años que precedieron el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la Segunda Guerra Mundial en 1939, los dirigentes políticos y los planificadores militares se están acercando a la conclusión de que una guerra entre potencias no es sólo una posibilidad remota, sino, más bien, es altamente probable y, quizás, incluso inevitable”.

El CICI declaró: “No obstante, el avance hacia una Tercera Guerra Mundial debe ser detenido. Debemos construir un nuevo movimiento internacional contra la guerra uniendo a la gran masa de personas trabajadoras y jóvenes en contra del capitalismo y el imperialismo”.

En los dos años desde entonces, las posibilidades para la construcción de dicho movimiento son mayores gracias al surgimiento de un movimiento internacional creciente contra el capitalismo. Incluyendo a docentes en EUA, trabajadores públicos y de aerolíneas en Alemania, obreros ferroviarios y estudiantes en Francia y profesores universitarios en Reino Unido, la clase obrera se está movilizando.

La tarea crítica es unificar al movimiento de la clase obrera en oposición a la desigualdad social con la lucha contra el imperialismo.

Esto requiere una batalla contra todas las tendencias políticas que se han llamado fraudulentamente “izquierdistas” e incluso “socialistas” pero que han promovido y apoyado las guerras imperialistas. Los representantes principales de esta pseudoizquierda reaccionaria y proimperialista son las distintas facciones de los capitalistas de Estado y los remanentes del movimiento antitrotskista del pablismo. Todas estas tendencias se han dedicado a legitimar y respaldar el desmembramiento imperialista de Siria.

Siendo testigo el mundo de un resurgimiento de la barbarie imperialista, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional reafirma los principios críticos que postuló en febrero del 2016:

Llamamos a todos los trabajadores y jóvenes en todo el mundo que están determinados a librar una lucha contra el imperialismo con base en estos principios a contactar al Comité Internacional de la Cuarta Internacional y a asumir la lucha revolucionaria para prevenir una Tercera Guerra Mundial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 abril de 2018)

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