Reino Unido: la elección de la lista favorable a Corbyn en el Comité Nacional Ejecutivo Laborista evidencia el desplazamiento a la izquierda de la clase trabajadora

por Chris Marsden
19 enero 2018

La victoria de la lista pro Jeremy Corbyn en las elecciones al Comité Ejecutivo Nacional (NEC) laborista confirma el giro hacia la izquierda de los miembros del partido y de la clase trabajadora.

La muy extendida base del apoyo a los dirigentes laboristas entre los miembros del partido, que se ha triplicado y ha llegado a casi 600.000, fue la razón de la creación de tres nuevos puestos en el NEC, que se deciden mediante una votación de los miembros. Los tres puestos fueron ganados por candidatos respaldados por Momentum, el grupo de la campaña que apoya el liderazgo de Corbyn, dirigido por Jon Lansman. Él tiene ahora una mayoría significativa en el NEC, que tiene un total de 39 miembros, que él esencialmente controlaba desde las elecciones generales de junio pasado.

Se unen a Lansman en el NEC Yasmine Dar y Rachel Garnham, todos los cuales consiguieron más de 62.000 votos y un total conjunto de casi 200.000. El comediante Eddie Izzard fue el contrincante más cercano en una lista apoyada por Laborismo Primero, que es anti-Corbyn, y Progress, el grupo de reflexión afín a Blair, con apenas 39.000 votos.

Esta última victoria hace aún más precaria la posición de antiguos opositores a Crobyn, tal como el vicesecretario Tom Watson —que viene tras las victorias de junio pasado en las elecciones generales anticipadas convocadas por la Primera Ministra Theresa May. Corbyn ahora controla su gabinete, después de varias restructuraciones tiene la mayoría de los miembros del partido y ahora en el NEC. Su última restructuración de gabinete este mes no nombró ningún nuevo ministro, de los 13 nombramientos en lo que Corbyn proclamó un “gobierno a la espera”, dada la crisis desesperada del gobierno de May.

La victoria en el NEC fue recibida con advertencias de una purga de “moderados” del partido. La atención se centra en una revisión de la democracia del partido dirigida por Katy Clark, la antigua parlamentaria que perdió su escaño en 2015. Entre los cambios que se barajan está la propuesta de si los parlamentarios deberían enfrentarse a una reelección obligatoria por los miembros del partido y ramas sindicales afiliadas.

Un voto del NEC pro-Corbyn todavía depende del respaldo de los sindicatos principales. Al menos dos sindicatos importantes, Unison y el GMB, puede que se opongan al cambio en el NEC, precipitando un posible conflicto que no querrían ni Corbyn ni el canciller en la sombra John McDonnell.

Por esta razón, las esperanzas de la derecha de contener la influencia de la izquierda se han centrado en la posibilidad de un cambio en la dirección del principal sindicato británico, Unite. El sindicato tiene tres escaños en el NEC y está dirigido por Len McCluskey. Hace de lugar para otros sindicatos pro-Corbyn, tales como la Unión de los Trabajadores de las Telecomunicaciones. Sin embargo, la reelección del año pasado del Secretario General de Unite está bajo investigación estatutaria a solicitud del que quedó segundo, el derechista Gerard Coyne, que alegó negligencia en junio de 2017 a un oficial para una certificación independiente.

Sin embargo, la dominancia continua de Corbyn condujo a advertencias sobre el peligro de que la derecha perdiera una guerra civil —resumidas en el Sun de Rupert Murdoch que describía el resultado de ayer como amenazante “para llevar al laborismo de nuevo a los socialistas años '80”.

Escribiendo en el Observer el 2 de diciembre, el ex vicesecretario laborista bajo Tony Blair, Roy Hattersley, objetó cualquier adaptación al liderazgo de Corbyn. Citando un reducido número de intentos de descartes, adivirtió de que a menos que el “laborismo real” desafíe la “subversión de extrema izquierda”, “el socialismo democrático podría sufrir una muerte lenta”.

El 29 de diciembre, la BBC puso un reportaje “en profundidad”, “Las batallas locales que se libran en el seno del laborismo”, que al leerlo parece la transcripción de la peor pesadilla de Hattersley. “Estamos en unos tiempos oscuros para el laborismo moderado. Me preocupo y creo que el Partido Laborista como lo conozco de toda la vida probablemente se haya acabado”, declara Nora Mulready, “una activista laborista en Haringey”.

Sin embargo, otros a la derecha están calculando que Corbyn no tiene estómago para la guerra interna a pesar de su declaración de que la revisión actual “abrirá a nuestro partido de arriba abajo”.

Advirtiendo contra el pánico, Andrew Rawnsley escribió en el Observer el 7 de enero insistiendo en que hay límites a la “larga marcha a través de las instituciones” de Corbyn.

“Muchos concejales laboristas no son corbynistas. Los dos alcaldes más destacados del partido Andy Burnham en Manchester y Sadiq Khan en Londres— no son corbynistas. La mayoría de los parlamentarios laboristas no son corbynistas”, enfatizó.

“Momentum se ha vuelto una fuerza influyente, pero no es tan potente como se la describe a veces” y no ha hecho progresos fuera de Londres, añade. Con el laborismo apenas un poco por delante de los conservadores, “Cualquier parlamentario laborista al que se le diga que no se le permitirá presentarse por el partido en las siguientes elecciones siempre podría seguir ocupando su escaño en el parlamento mientras tanto, usando la plataforma para decir exactamente lo que piensa sobre el laborismo de Corbyn. O un parlamentario descartado podría renunciar y pelear una elección parcial que podría ganar si fuera popular a nivel local...”.

Incluso ahora, sectores de la derecha están más preocupados en dar forma a la agenda política de un gobierno de Corbyn que un enfrentamiento frontal —sobre todo comprometiendo el partido en un segundo referéndum que revierta el Brexit para ofrecer un liderazgo político alternativo al gobierno venido a menos de May. El lunes, el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, se reunió con parlamentarios clave que apoyan a la UE, incluyendo a los laboristas Chuka Umunna, Chris Leslie y Stephen Doughty.

Corbyn quiere mantener el apoyo del laborismo entre los trabajadores que votaron por el Brexit, hasta que haya una clara mayoría para realizar un cambio. Pero es muy posible que Corbyn cambie la posición del partido en línea con las exigencias de sectores clave de los grandes negocios y la City de Londres. Actualmente está haciendo malabares, diciéndole a Peston on Sunday de ITV que el laborismo “no apoya ni convoca un segundo referéndum” sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE pero se niega a descartar hacerlo después de un “voto significativo” por el parlamento sobre el acuerdo final al que se llegue. La Secretaria de Exteriores en la sombra Emily Thornberry dijo que, si el 90 por ciento de la gente estuviera exigiendo una nueva votación, presentaría un desafío “a todos nosotros los que somos demócratas”.

El líder del sindicato TSSA, Manuel Cortes, escribió en el Daily Mirror ayer argumentando que los comentarios de Corbyn “revelaban correctamente como una falacia la idea de que podemos dejar la UE y seguir siendo miembros del Mercado Único (SM)... Así, quedarnos en la UE ahora se ve como la ruta más simple para mantener ese acceso. Y elegir a Jeremy Corbyn como nuestro Primer Ministro sigue siendo nuestra mayor esperanza de seguir en la UE en una relación reformada con ella”.

Lo que Corbyn no puede eludir, en asegurar su objetivo predominante de la “unidad del partido”, es ninguna negativa de oponerse a los salvajes recortes que están siendo impuestos por consejos laboristas por todo el país.

En todas las principales conurbaciones, los consejos laboristas de derechas son criticados por la “izquierda” del partido por imponer los recortes salvajes exigidos por el gobierno. Solo durante el último mes, el consejo de Wirral se comprometió a imponer recortes para atajar un déficit de £61 millones. En Lancashire, el grupo laborista está imponiendo £11 millones en recortes para “equilibrar los libros contables”. En Birmingham, 150 cuidadores de ancianos de una fuerza de trabajo de 350 personas se enfrentan al despido.

Ahora que Corbyn está tan claramente al mando, el que no se defienda de la derecha revelará ante millones de trabajadores el verdadero carácter de su liderazgo —un medio de reprimir la movilización de la clase trabajadora, en vez de dirigirla.

La más reciente indicación de la disposición de Corbyn a aplacar a la derecha fue brindada por la renuncia de uno de sus destacados simpatizantes, Chris Williamson, del gabinete en la sombra, después de que exigiera que se duplicaran los impuestos municipales a los hogares pudientes para compensar la crisis con la que se confronta el gobierno local. Se fue a los pocos días, y el Guardian observó, “El equipo de conducción del laborismo está deseoso de evitar ofrecer munición política a los conservadores, particularmente en temas económicos, donde el canciller en la sombra, John McDonnell, quiere ejercer disciplina en las promesas fiscales y respecto al gasto”.

(Artículo publicado originalmente el 16 de enero de 2018)