Rusia acusa al Pentágono de entrenar a excombatientes de Estado Islámico

por Bill Van Auken
30 diciembre 2017

Las tropas de operaciones especiales de Estados Unidos están ocultando y entrenando a excombatientes de Estado Islámico en Irak y Siria (EI) en la remota base estadounidense en Al Tanf, Siria, cerca del nexo estratégico de las fronteras de este país con Irak y Jordania, según un informe emitido por el comando militar ruso.

La acusación fue hecha el miércoles por el general del ejército Valery Gerasimov, jefe del Estado Mayor militar de Rusia y viceministro de Defensa. Dijo que los drones y satélites rusos habían detectado brigadas de militantes de EI dentro y en los alrededores de Al Tanf y otra base militar estadounidense cerca de la ciudad controlada por los kurdos, Al Shaddadi en el noreste del país.

“Realmente están siendo entrenados allí”, dijo Gerasimov en una entrevista con el diario ruso Komsomolskaya Pravda. “Son prácticamente Estado Islámico”, agregó. “Pero después de que se trabaja con ellos, cambian sus anuncios y toman otro nombre. Su tarea es desestabilizar la situación”. Los combatientes islamistas, indicó, han recibido la caratula del “Nuevo Ejército Sirio”.

Según las estimaciones del Estado Mayor ruso, hay unos 750 militantes en la base de Al Shaddadi, y aproximadamente otros 350 en Al Tanf.

No hubo una respuesta inmediata del Pentágono, que en el pasado ha negado rutinariamente las acusaciones de colaboración con EI. Sin embargo, en los últimos días del asedio brutal de la ciudad siria de Raqqa, la llamada capital de EI, surgió evidencia incontrovertible de que Washington y su milicia indirecta en el terreno, las Fuerzas Democráticas Sirias, las cuales son predominantemente kurdas, intervinieron para rescatar y reubicar a los combatientes de EI que permanecían atrapados en la ciudad.

La BBC documentó el hecho de que el Pentágono y sus fuerzas kurdas-sirias organizaron un convoy de seis kilómetros de largo para evacuar a miles de milicianos de EI, junto con toneladas de armas, municiones y explosivos de Raqqa en octubre pasado.

El informe fue confirmado por el exportavoz oficial de las Fuerzas Democráticas Sirias, Talal Silo, quien desertó a Turquía en octubre. Dijo a los medios que unas 4000 personas fueron transportadas fuera de la ciudad, siendo todos menos 500 combatientes armados de EI.

Silo también denunció que el mismo tipo de operación se había llevado a cabo durante los asedios previos en Manbij al norte de la provincia de Alepo y Al Tabqa sobre el río Éufrates, donde se les facilitó el escape a miles de otros combatientes de EI con sus armas y municiones.

La estrategia estadounidense no ha sido, como reiteradamente proclamaron los altos funcionarios estadounidenses, “aniquilar” a EI, sino dirigirlo en contra de las tropas del ejército sirio para evitar que el Gobierno recupere territorios estratégicos, como los campos petrolíferos de la provincia de Deir Ezzor y la frontera al este con Irak, donde Washington intenta forjar una zona de control propio.

Las acusaciones de Rusia son completamente consistentes con estos informes anteriores y sirven como otra exposición condenatoria de la llamada “guerra contra el terrorismo” que ha sido invocada como el fundamento de la actual intervención del imperialismo estadounidense en Irak y Siria, así como en sus guerras anteriores en la región.

Estado Islámico fue en sí un subproducto de las intervenciones de Washington en Oriente Próximo, siendo un instrumento y un pretexto para una agresión militar estadounidense con el objetivo de reafirmar el dominio del imperialismo estadounidense en esta región rica en petróleo.

El informe sobre el entrenamiento poro parte de las fuerzas estadounidenses a los excombatientes de EI para su despliegue como una nueva milicia antigubernamental en Siria constituye una indicación más de que Washington está preparando una nueva y mucho más peligrosa fase de su intervención militar en un país ya asolado por la guerra.

En cierto sentido, la estrategia de EUA está tomando un giro completo de vuelta a su punto de partida, con el fomento de una guerra por el cambio de régimen por parte de la CIA, armando, financiando y entrenando a milicias islamistas vinculadas con Al Qaeda para derrocar al Gobierno del presidente Bashar al Asad e instalar un régimen títere más dócil a EUA.

Estas milicias, sin embargo, fueron derrotadas, gracias no solo al apoyo militar dado por Rusia e Irán a las fuerzas de Asad, sino también por el abrumador rechazo popular hacia los elementos islamistas social y políticamente reaccionarios respaldados tanto por Washington como por las otras potencias occidentales, Arabia Saudita, los otros jeques petroleros del golfo Pérsico, Turquía e Israel.

El intento de librar por segunda vez una guerra para un cambio de régimen solo es concebible por medio de una intervención militar estadounidense mucho más directa y masiva en el país.

Los Gobiernos de Irak y Siria han declarado la victoria contra EI. El propio Pentágono le dijo a la agencia de noticias Reuters que quedaron menos de mil combatientes de EI en ambos países.

El ejército estadounidense se negó a responder una pregunta a Reuters sobre si algunos de estos combatientes podrían haber escapado a otros países, diciendo que no “participaría en especulaciones públicas”. En realidad, el ejército y el aparato de inteligencia estadounidenses saben muy bien dónde estos combatientes ya que los están reorganizando y reentrenando.

A pesar de esta supuesta victoria en la guerra contra EI, Washington no ha dado indicios de que pretende reducir sus niveles de tropas ni en Irak ni en Siria.

Mientras tanto, Rusia ha anunciado la renovación de sus acuerdos con el Gobierno sirio sobre lo que denominan “bases permanentes de despliegue” en el puerto mediterráneo de Tartús y en el aeródromo y centro de comando y control en Khmeimim. Moscú ha indicado que tiene la intención de ampliar su base naval de Tartús para acomodar una flota de 11 buques de guerra, incluidos buques de propulsión nuclear y destructores armados con misiles.

El canciller ruso, Sergei Lavrov, dijo el miércoles que, ante la derrota de EI, “el principal objetivo antiterrorista” era ahora la erradicación del Frente Al Nusra, la milicia islamista formada como la filial siria de Al Qaeda. Con sus principales fuerzas ahora concentradas en la provincia noroccidental de Idlib, Al Nusra opera en estrecha alianza con los llamados rebeldes armados y financiados por la CIA y los aliados regionales de Washington, y ha sido el principal beneficiario de la gran cantidad de armas que han canalizado al país.

El cambio hacia una estrategia “posterior a EI” en Siria coloca al imperialismo estadounidense cada vez más directamente en un rumbo de colisión con Irán y Rusia. Desde el principio, el objetivo estratégico de Washington, enmascarado por el pretexto de la “guerra contra el terrorismo”, ha sido ejercer la fuerza militar como un medio para contrarrestar la influencia rusa e iraní, que considera como el principal obstáculo para la afirmación de la hegemonía estadounidense en la región.

El recrudecimiento de la amenaza de una confrontación militar directa entre las dos mayores potencias nucleares del mundo fue subrayado por varios informes recientes de Washington y Moscú sobre supuestos encuentros cercanos y confrontaciones provocativas entre aviones de guerra estadounidenses y rusos en los cielos sobre el valle del Éufrates en Siria.

Al mismo tiempo, la Administración Trump ha avanzado una política vociferantemente antiiraní basada en la formación de una alianza entre EUA, Arabia Saudita y sus aliados entre las monarquías petroleras sunitas e Israel. Arabia Saudí ha acusado reiteradamente a Teherán de llevar a cabo “actos de guerra” basados en acusaciones infundadas de que Irán está armando a los rebeldes hutíes de Yemen con misiles que han disparado contra el reino. Por su parte, Israel ha advertido que intervendrá militarmente para evitar la creación de bases iraníes en Siria.

A medida que el imperialismo estadounidense se acerca a otra escalada en Siria, con la amenaza de que desencadene una guerra regional e incluso mundial, las víctimas de la llamada campaña anti-ISIS continúan aumentando. Los cientos de miles de refugiados que se vieron obligados a huir y vieron sus casas ser bombardeadas y quedar hechas escombros tanto en la ciudad iraquí de Mosul como en la ciudad siria de Raqqa ahora enfrentan un frío extremo junto con la falta de alimentos y una atención médica adecuada, lo que está llevando a nuevas muertes.

Un informe de la Associated Press publicado la semana pasada, basado en datos recopilados por las morgues y sepultureros de Mosul, indicó que el número de vidas civiles que se conoce como el resultado de la “liberación” estadounidense de la ciudad iraquí en julio pasado es de aproximadamente 11 000. Esta cifra, diez veces mayor al número de víctimas civiles reconocidas por el Pentágono, no incluye muchos cuerpos aún enterrados bajo los escombros.

En julio pasado, Patrick Cockburn, veterano corresponsal en Oriente Próximo del diario británico Independent, informó que el servicio de inteligencia del Gobierno regional del Kurdistán iraquí había informado al ex ministro de Relaciones Exteriores de Irak, Hoshyar Zebari, que la cifra real de muertos en Mosul era de más de 40 000.

Esa cifra, al igual que los últimos informes de la protección y el entrenamiento de excombatientes de EI por parte de EUA, fue en gran medida omitida por los medios corporativos estadounidenses, los cuales encubren fielmente los crímenes de guerra de Washington.