“Lo triste es que hay tanta gente como yo en ese sistema”

Davino Watson, un ciudadano estadounidense falsamente encarcelado por agentes de ICE, se pronuncia

por Nick Barrickman
9 noviembre 2017

El mes pasado, la Corte de Apelaciones del Segundo Distrito de EE.UU. decidió rechazar que Davino Watson, un ciudadano estadounidense detenido ilegalmente durante casi tres años y medio por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), tuviese derecho a demandar por daños y perjuicios. Esta decisión constituye una farsa del proceso judicial y un ataque a los derechos democráticos.

Davino Watson

Las acciones criminales del gobierno contra Watson dejan en evidencia la degeneración de los principios democráticos básicos dentro de los Estados Unidos. También revelan la atmósfera fascista que se cultiva en las numerosas agencias policiales y de inmigración del estado, las que operan por fuera de la legalidad incluso mientras el presidente Donald Trump promete “liberarlas.”

Watson había estado encarcelado previamente el 2008 por una infracción menor cuando fue detenido por agentes del ICE y empezaron a tramitar su deportación, un proceso que finalmente le robaría tres y medio años de su vida. Los intentos por entregar los contactos y documentos que comprobaban su ciudadanía fueron ignorados o mal manejados, mientras Watson era trasladado de un lado a otro del país sin contacto con el mundo exterior.

El 2016, a Watson se le concedió un pago por daños y perjuicios de $82.000, lo que compensaba apenas 27 de los 1.273 días que estuvo encarcelado. El verano pasado, el WSWS informó que las cortes le habían quitado incluso esta pequeña suma. Los jueces argumentaron que el estatuto de dos años para demandar al gobierno había caducado mientras estaba encarcelado.

Watson, claramente conmocionado por esta experiencia traumática, recientemente habló en detalle con el World Socialist Web Site sobre su infortunio y las dificultades que ha tenido como consecuencia.

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Nick Barrickman: Has tenido una terrible experiencia. ¿Cómo has lidiado con la última decisión de la corte?

Davino Watson: Es devastador. No ha habido un solo “buen momento” desde que empezó esto. Ha sido horrible. Duele ver que el gobierno ignoró muchas cosas en este caso. Les dije del principio que soy un ciudadano y les di evidencia, la que ignoraron. Creo que si hubiesen puesto atención no habría pasado tres años y medio en la cárcel.

En cuanto a la demanda, este caso no se trata tanto del dinero, se trata de la justicia. No siendo que se haya hecho justicia. Y eso es lo que más me molesta.

Argumentan que el plazo de prescripción se agotó mientras estaba en la cárcel. Tengo un GED (Diploma de Educación General). En ese tiempo no sabía que podría haber iniciado una demanda mientras luchaba por mi libertad. Tienes que pensarlo. Estoy luchando para que no me deporten; no tenía un abogado en ese tiempo. No tenía ningún tipo de representación jurídica. No entendía lo que estaba sucediendo. Lo único que trataba de hacer era quedarme en el país y salir de la cárcel.

NB: ¿Podrías describir cómo lograste salir de esa situación de estar encarcelado y en camino a ser deportado?

DW: Mi caso estaba en el Segundo Circuito, que había revertido la decisión del BIA (Consejo de Apelaciones de Inmigración). Me habían concedido la representación jurídica de un bufete, Gibson, Dunn & Crutcher, que llegó al final del caso mientras estaba encarcelado. Me dijeron que había hecho un buen trabajo [defendiéndome] hasta entonces y que podrían solucionarme algunas cosas. Creía que la situación estaba mejorando.

Inmediatamente, ICE me empezó a trasladar por los Estados Unidos. Sólo me dijeron que “empacara.” De repente ya estaba en un avión, luego me meten en una furgoneta y vamos por una carretera en Luisiana. A estas alturas no sabía qué estaba pasando. No podía contactarme con mis abogados; no podía contactarme con nadie. Ni llamar por teléfono, nada.

Al final terminé en Alabama. Estuve allí por unas tres semanas en una instalación del Condado de Etowah. Era una instalación en que me dijeron que te trataban de “mandar lejos” en medio de la noche.

Tenía el teléfono de una prima que había memorizado porque nos habíamos comunicado tanto durante toda esta situación. Eventualmente pude llamarla para que se corriera la voz y se contactó con mis abogados.

Quizás un par de días después de hacer esa llamada, de nuevo me dijeron que empacara, sin ninguna explicación de hacia dónde iba. Me dijeron “Eres libre de irte.” Eso fue todo. Ninguna explicación, nada de dinero, identificación, nada. A esa hora había un bus que partía desde donde yo me estaba quedando. Para cuando me dejaron salir, el bus ya se había ido hace más de dos horas. Entonces quedé abandonado, y eso fue sólo el principio.

NB: ¿Cómo te trataron en estas instalaciones?

DW: Debo decir que me trataron muy mal. Desde el principio, cuando presenté a mi padre y mi madre, mi certificado de naturalización, lo ignoraron. Estaba encerrado en una celda 23 horas al día, lo que es muy difícil y definitivamente me afectó. Me robó algo.

Durante todo luché porque sabía que estaba luchando por lo correcto. Muchas veces la gente me dijo, “Davino, sólo ríndete,” y les decía “¡No! Esto no está bien. No puedo dejar que esto suceda.”

Hubo un nivel extremo de racismo en contra mío. Ahora mis abogados lo ven y lo destacan. Durante el juicio, mi abogado, Mark Flessner, le dijo al juez que él llevaba años trabajando en el Distrito Oriental y nunca había visto este nivel de racismo.

Había un oficial de deportaciones, y fue a mi juicio a testificar [en contra mía]. Se llamaba Schraeder. En una ocasión le dije: “Sabes que lo que me estás haciendo está mal y que voy a ganar,” y dijo, “No me importa si ganas porque sólo eres otro negro y lo que voy a hacer es reemplazarte con alguien más.”

Creo que se reduce al sistema. Tenían toda la información mal—la madre incorrecta, el padre incorrecto, todo estaba mal. Recuerdo que durante el juicio, el juez miraba a [los abogados del estado] como diciendo, “¿Cómo pueden ser tan ignorantes sobre estas cosas?”

Recuerdo que el 2007 estaba en un establecimiento correccional en los suburbios de Nueva York y los agentes de ICE me entrevistaron y les di toda la información correcta, entonces tenían todo pero no investigaron nada. Tenían los teléfonos de mi madre y mi padre, podrían haberlos llamado y preguntarles sobre mí, pero no lo hicieron. Incluso guando llegué al Condado de Allegany, cerca de Búfalo, les presenté documentos y ni siquiera los admitieron.

Eso me demostró que realmente no les importaba. Si actitud era, “Sólo eres otro hombre negro, simplemente te vamos a deportar, no nos importas tú ni lo que tengas que decir.”

Una de las cosas más perturbadoras que pasaron fue la deposición [en mi juicio]. Un Sr. Joseph A. Marutollo y un Sr. James R. Chow estaban en el caso de parte del gobierno. Los dos fueron muy irrespetuosos durante todo el juicio. En la deposición me hacían preguntas que no tenían nada que ver con el caso. Trataron de difamarme, preguntando cosas como “¿Por qué no tienes hijos? ¿Tienes herpes?” y cosas por el estilo.

Estábamos discutiendo mi encierro. Él [Murotollo] sacó un manual de la instalación en la que estaba encarcelado, con pequeñas imágenes y cosas, y dijo algo como, “Revisé tu instalación; no me parece que sea tan mala.” ¿Cómo puedes decir eso? Tu nunca has estado ahí. ¡Estaba encerrado 23 horas al día! ¡Trataron de que pareciera como que yo no sufría porque la cárcel era higiénica!

Ahora mismo estoy tan agitado de puro pensarlo. Recuerdo que lloraba, digo lloraba frente a toda la corte por cómo me estaban tratando. Me acuerdo del juez. Debe haberse dormido un 80 por ciento del juicio. Mis abogados pueden contarte, no estaba escuchando nada. Me sentí humillado. Empecé a beber y me introduje en las drogas porque me afectaba tanto y no sabía cómo lidiar con estas cosas. Digo, tres años y medio de mi vida, 23 horas en una celda. ¿Quién va a ser normal después de eso?

Después ni siquiera se disculparon. Nadie dijo, “Davino, lamento que esto te haya ocurrido.” Nada. Sólo una humillación tras otra.

El gobierno en verdad mintió y cometió perjurio en el caso. He cometido errores en mi vida de los que no me enorgullezco, pero tampoco soy una amenaza, que es como me trataban de tildar.

Falsificaron un documento donde decía que mientras estuve detenido me atraparon con contrabando. Falsificaron mi nombre y mi firma [en el documento]. ¿Por qué hacer eso? ¿Por qué sentarse ahí, como agentes federales, y mentir?

NB: Es como que el estado opera por fuera de la ley.

DW: Sí. Y lo triste es que hay tanta gente como yo en ese sistema. Se aprovechan de ellos porque no saben. No tienen la misma suerte que yo. Deberían haber representantes jurídicos para los inmigrantes, además.

NB: ¿Hay algo que quisieras decirle a los lectores de este artículo, algo que quisieras que aprendan de tu historia?

DW: A nunca rendirse, a luchar. Estados Unidos es lo que es porque luchamos por lo que creemos. Creo que la verdad de lo que me pasó se va a conocer. Es una historia horrible. Sólo soy un ser humano. Pagué por mis crímenes y mis errores. Hacer eso dos veces, es una locura. Es algo que nunca voy a recuperar. Cambió mi vida para siempre.

He tratado de conseguir empleo y no lo he logrado porque, en mi opinión, la gente no necesita ni revisar mis antecedentes, sólo necesitar buscarme en Google y ver que Watson se declaró culpable por posesión de drogas hace diez años. Tengo una página de GoFundMe. Me gustaría que pongan eso en el artículo para que pueda recibir algo de apoyo.

NB: Por supuesto. Gracias por tu tiempo. Vamos a asegurarnos que tu historia se difunda ampliamente. Tienes mucho más apoyo del que quizás imaginas.

DW: Muchas gracias por darme este tiempo para contar mi historia.