Miles de jóvenes y trabajadores brasileños protestan contra la reforma de las pensiones de Temer

por nuestros reporteros
28 marzo 2017

Ante la posibilidad de que en las próximas semanas la Cámara Baja del Congreso de Brasil apruebe la reforma de las pensiones propuesta por el presidente Michel Temer (PMDB), el 15 de marzo un millón de jóvenes y trabajadores protestaron en los 26 estados del país. Fue la movilización más grande en Brasil desde el juicio político a la presidente Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), en agosto del año pasado.

La manifestación de São Paulo en la Avenida Paulista. [Foto: Ricardo Stuckert/Revista Fórum]

Las movilizaciones fueron organizadas por los frentes populares “Brasil Popular” y “Povo sem medo” (Pueblo sin miedo). Creados a fines de 2015 por las federaciones de sindicatos, movimientos sociales y partidos de pseudo-izquierda como el PT, PSOL (Partido Socialismo y Libertad) y PCdoB (Partido Comunista de Brasil), los frentes inicialmente tomaron caminos distintos en su agenda política: mientras “Povo sem medo” insistió en la lucha contra las medidas de austeridad de Dilma, el “Frente Brasil Popular,” del que forma parte el PT, se enfocó estrictamente en una campaña contra el juicio político.

Con el inicio de los procedimientos de juicio político y la suspensión del cargo de Dilma Rousseff en mayo, los dos frentes unieron fuerzas contra el gobierno de Temer y sus medidas de austeridad, de las que la reforma de pensiones es el último ejemplo. Hoy en Brasil, la lucha de ambos frentes populares representa la “unidad de la izquierda” contra los ataques de Temer. Esta unidad ha sido construida sobre el “protagonismo de los movimientos sociales” para “radicalizar nuestra democracia”, defendiendo “la tributación de las grandes fortunas y ganancias”, de acuerdo con el programa de “Povo sem medo”. Por lo tanto, no hay ni pizca de una perspectiva socialista e internacionalista en su lucha, que seguramente será cooptada y derrotada.

Las protestas del 15 de marzo fueron convocadas con las consignas “¡La jubilación se queda, Temer se va!” y “¡Elecciones ahora!”. El lema “Fora Temer” (Fuera Temer) ha unido a todas las organizaciones de pseudo-izquierda desde el juicio político a Dilma Rousseff, no ha preparado a la clase trabajadora contra los ataques de Temer y ha ignorado la responsabilidad del Partido de los Trabajadores en los ataques contra la clase obrera que allanaron el camino para el juicio a Rousseff.

Luego del juicio, cuando el gobierno de Temer envió al Congreso una enmienda constitucional para limitar el gasto social en los próximos 20 años y una reforma corporativa de la enseñanza secundaria, los sindicatos y movimientos sociales que giran alrededor de los frentes populares “Brasil Popular” y “Povo sem medo” no realizaron una resistencia efectiva. En cambio, han alzado la consigna “¡Elecciones ahora!”, tratando de reconstruir el movimiento de masas de 1984 para las elecciones presidenciales realizadas en Brasil luego de 20 años de dictadura militar. Los frente populares están intentando canalizar el descontento social creciente con las medidas contra la clase trabajadora del gobierno de Temer de cara a las elecciones de 2018.

El día anterior a las manifestaciones del 15 de marzo, la prensa alineada con el PT anunció el plan de Lula de estar presente en la protesta de São Paulo. Tras su recorrido por una serie de congresos de trabajadores vinculados a la CUT (Central Única de Trabajadores, el sindicato nacional controlado por el PT), como los trabajadores de la educación, en enero, y los trabajadores rurales días antes de la movilización, fue la primera vez que Lula participó en una manifestación pública de los trabajadores luego del juicio político de Rousseff. Una encuesta de febrero sobre las elecciones de 2018 colocó a Lula delante de sus rivales en todos los escenarios posibles.

Las manifestaciones del 15 de marzo también representaron una convocatoria para una “huelga general” de trabajadores, después de tres intentos fallidos entre setiembre y noviembre del año pasado para organizar dicha acción. Esta vez, además de las principales federaciones sindicales que forman parte de los frente populares, la CUT y la CTB, (Central de los Trabajadores y Trabajadoras de Brasil, controlada por el PCdoB), la ultraderechista Força Sindical, que estuvo vinculada a la dictadura militar, se unieron a la protesta contra la reforma de las pensiones de Temer.

En la manifestación del 15 de marzo hubieron huelgas de trabajadores de la industria química y metalúrgica, conductores del metro y autobús, trabajadores del correo, trabajadores de la banca, maestros y empleados del sector público, con protestas que comenzaron temprano en la mañana, junto a bloqueos de calles y carreteras.

En São Paulo alrededor de 200.000 personas participaron de la manifestación. Antes de la concentración de los frente populares en la avenida Paulista, el centro financiero de Brasil, 50.000 maestros de la escuela pública del estado y 30.000 maestros municipales celebraron su asamblea en el centro de la ciudad, como parte de una huelga de un día de la educación nacional. Luego se dirigieron a la avenidad Paulista para unirse a los demás participantes de la protesta, donde reporteros de la WSWS hablaron con los manifestantes.

Todos ellos expresaron una fuerte oposición no sólo a la reforma de las pensiones de Temer, sino a toda su agenda de austeridad. Luis, un arquitecto, dijo, “Un gobierno que no es elegido democráticamente no tiene compromiso con los intereses del pueblo. Este gobierno está tratando de usar el tiempo que tiene hasta las elecciones de 2018 para imponer los intereses del mercado contra los de la gente”.

Las duras medidas de austeridad que el gobierno de Temer intenta implementar, luego del juicio político hecho a Rousseff sobre cargos falsos, llevó a muchos manifestantes a llamar “golpista” al gobierno de Temer.

Rachel, maestra de biología del municipio rural de Valinhos, dijo, “El juicio político a Dilma no fue legítimo, no hubo crimen que justificara la destitución de una presidente elegida por el voto popular. Un gobierno que ha tomado el poder de forma ilegítima no puede realizar cambios tan profundos en la sociedad brasileña”.

Hablar de la reforma de las pensiones y sus medidas duras llevó a dos manifestantes a asociarla con el período de esclavitud en Brasil. Neueli, maestro de una escuela pública de São Paulo, dijo, “Si no nos juntamos para impedir la reforma, volveremos a la esclavitud total, sin ningún derecho”. Gabriel, arquitecto, también dijo, “La reforma de las pensiones de Temer es algo que nos recuerda la ley del sexagenario (una ley de 1885, previa a la abolición de la esclavitud, que liberó a esclavos con más de 65 años de edad); nadie podrá jubilarse con esta propuesta”.

Entre los jóvenes y trabajadores había una solidaridad amplia con las capas más vulnerables de la clase obrera en Brasil. Ulisses, maestra de escuela pública, dijo, “Creo que esta reforma dañará a toda la clase trabajadora brasileña, pero especialmente a los pobres y los trabajadores rurales”.

Leila, maestra de 35 años de una escuela privada de São Paulo, dijo, “No voy a trabajar 49 años de mi vida en un aula con la misma salud de hoy. Imaginen otras actividades cuyo trabajo es extremadamente agotador”. Su amigo Tiago, también maestro, completó su pensamiento diciendo, “considerando los períodos de desempleo, hay una posibilidad alta de trabajar hasta que tengas 75 u 80 años de edad”.

Los manifestantes tampoco creían en el supuesto déficit de pensiones que el gobierno de Temer está usando para justificar su reforma. Eduardo, trabajador del correo, dijo, “No creo que este déficit sea real, sólo quieren ponerlo en la cuenta de los trabajadores”. El arquitecto Luis explicó, “el déficit que el gobierno ha estado atribuyendo al sistema de pensiones es sólo para garantizar el pago de la deuda”.

Los participantes de la protesta también expresaron su desconfianza en que la reforma de las pensiones haga algo para ayudar a Brasil a superar su crisis económica. “La solución que están adoptando para decir que estamos saliendo de la crisis es quitar todo a los trabajadores, quitarles a los jubilados”, dijo Diego, otro trabajador del correo que concurrió a la movilización.

El arquitecto Luis también se quejó sobre el impacto fuerte que la Operación “Lava Jato” (la investigación criminal sobre los sobornos masivos y el escándalo de corrupción que rodean al conglomerado de energía estatal Petrobras) está teniendo en la economía brasileña: “La Operación Lava Jato ha frenado la economía de Brasil. Quienes trabajamos en la construcción civil vemos que muchos buenos profesionales quedan desempleados e importantes firmas de arquitectura están cerrando”.

Bruna, una editora de libros que también asistió a la manifestación, dijo, “había pocas perspectivas el año pasado, y este año parece que las cosas están mejorando, pero ya han habido despidos en la industria editorial”. Ella se quejó de que “las editoriales tercerizan (externalizan) el trabajo de edición, pagando menos”. Leonardo, colega de Bruna, comentó, “el número de autónomos crece cada día respecto de los trabajadores CLT (formalmente registrados)”.

La situación que enfrentan Bruna y Leonardo es la misma que la de casi 13 millones de trabajadores tercerizados (informales) en Brasil, un número que aumentó tres veces desde el inicio del gobierno de Lula, del PT, en 2003. Consecuencia de la desindustrialización de tres décadas en Brazil, participando principalmente en el sector de los servicios, los tercerizados cobran 75 por ciento de lo que ganan sus colegas en el sector formal, y trabajan tres horas más por semana. Continuando e intensificando los ataques del Partidos de los Trabajadores sobre los empleos, se prevé que la reforma de trabajo de Temer, que también será votada en el Congreso brasileño en las próximas semanas, expandirá el número de tercerizados a todas las categorías laborales.

Al ser preguntados si Rousseff habría llevado a cabo las reformas que Temer está impulsando, la mayoría de los entrevistados dijeron que sí, pero no tan duramente como Temer. “Dilma ya estaba implementando medidas neo-liberales para salvar su gobierno, pero no iría tan lejos”, dijo Gabriel. Bruna coincidió: “Si Dilma hubiese continuado, tal vez el golpe no habría sido tan profundo, pero ya veníamos camino a esta situación, incluyendo la reforma de las pensiones de Dilma, que no fue tan horrible como la de Temer, pero fue mala”.

Bruna se refirió a la intención de Dilma del año pasado de implementar una reforma de las pensiones, con el aumento de la edad mínima de jubilación. “No es posible que el promedio de edad de jubilación en Brazil sea de 55 años”, dijo Dilma en enero de 2016.

A pesar de que fue la manifestación más grande contra los ataques de Temer, muchos de los participantes se mostraron escépticos de que estas protestas sean capaces de detener la reforma de las pensiones. Marlei, maestra de historia de una escuela pública en São Paulo, dijo que espera que la movilización pare la reforma, pero agregó, “sabemos que hoy los sindicatos están tan involucrados en la corrupción como los políticos”.

Rachel también dijo que “últimamente, no puedo decir con seguridad que este tipo de movilización sea suficiente para convertirla en una verdadera lucha. No he visto semejante cosa en los últimos dos años, cuando la gente tomó las calles para protestar y no funcionó”.

La desconfianza de los manifestantes en estas protestas también fue causada por la presencia de Lula. Wesley, colega de Rachel y maestro de geografía, dijo, “La presencia de Lula no ayuda a la movilización, mucha gente no lo ve como una salida a la crisis, sino como lo que divide a la movilización”.

Sobre Lula y el PT, el arquitecto Luis dijo, “después de tantos años en el poder, el PT ha entrado en la ‘realpolitik’, y es difícil apoyar tanto al PT como a Lula”. Bruna también dijo que “el regreso de Lula está lejos de ser de la forma correcta, y es triste que la izquierda no rompiera con él. No fue de izquierda ni siquiera en sus mejores días”.

Bruna también comparó la posible candidatura de Lula para las elecciones de 2018 con la experiencia de Syriza en Grecia, “que no fue positiva, y creo que es lo que el PT representa. Canaliza las fuerzas de la izquierda contra los ataques de la derecha, pero esos ataques también fueron implementados por Syriza, y serán implementados con Lula si él gana la siguiente elección”.